Construyamos nuestra invulnerabilidad

Construyamos nuestra invulnerabilidad

Por Noel Manzanares Blanco

Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro nos ha convocado a marchar más y mejor hacia la construcción de la invulnerabilidad militar, económica y po­lítica de la Revolución cubana.

En ese sentido debemos reflexionar que, contra todos los pronósticos del ene­migo externo e interno, fuimos capaces de afrontar los peores momentos del período especial; mas, sería una imperdonable ingenuidad pensar que ya se conquistó la utopía (luchar por lo que parece imposible), que el hecho de encaminarnos hacia metas superiores nos hace auto­máticamente invencibles, al margen del imperialismo.

Analizando el asunto en el plano militar, recordemos que a instancias de la terrorista mafia gusano-yanqui de La Florida, en medio de su júbilo por la agresión a Bag­dad, en Miami se enarboló un cartel que decía: «Iraq ahora; Cuba después», y que cuando le preguntaron a un halcón-gallina si seríamos invadidos, respondió: «Por ahora no».

Además, es un hecho que desde el pasado año [2004] el señor W. Bush puso en funcionamiento un plan para que Cuba tran­site hacia la «democracia», incluyendo el uso de un avión militar que viola nuestro espacio radio electrónico, toda una inédita amenaza para esta Isla.

Teniendo en cuenta estos elementos de juicio, resulta indispensable afincarnos como nunca antes en la máxima del General de Ejército Raúl Castro según la cual, gana­mos la guerra evitándola, para lo que no importan los sacrificios que tengamos que hacer. Constituye un signi­ficativo referente el Ejercicio Montada 2005, que la pasa­da semana [noviembre de ese año] se desarrolló en Camagüey. Así construimos nuestra invulnerabilidad militar.

Simultáneamente, asistimos a un proceso no exento de deformaciones viejas y nuevas, sobre todo en el plano de la economía. Han permanecido manifestaciones de buro­cracia y de poca atención a estimular una actitud de ahorro de recursos, como el agua y la electricidad.

Asimismo, la necesidad de reinsertarnos en el mercado internacional nos conllevó a decisiones emergentes que, al tiempo que salvaban la dificilísima coyuntura económi­ca del país, en medida nada despreciable, contagiaban a la sociedad. Es un secreto a voces, por ejemplo, que con el desarrollo del turismo se filtraron costumbres ajenas a la moral socialista.

Mientras, resultó insoslayable incrementar la cultura de repartir lo poco que teníamos a partes iguales a nivel de la población, aspecto que marcadamente influyó en el hecho de que todas las personas se sintieran con el derecho de recibir y recibir, al margen de su individual aporte a la sociedad. Como si fuera poco lo antes men­cionado, las ilegalidades se incrementaron y aparecieron muestras de corrupción, todo un peligro para el futuro [estas negritas son de ahora].

Si a este examen le agregamos la no existencia de una sólida conciencia económica entre las masas y muchos de los dirigentes, entonces se comprende mejor una idea del compañero Fidel, a saber: «No hay sistema político, ni justicia social, ni Socialismo sin economía; y si se quiere avanzar en el Socialismo hay que profundizar en los conceptos de la ciencia económica». Así construimos nuestra invulnerabilidad económica.

Entretanto, ha sido una constante del quehacer revolu­cionario cubano el trabajo que intencionadamente viene realizándose en aras de consolidar cada vez más su principal conquista: me refiero al Poder Político, es decir, la labor de-con-para el pueblo. Son muchos los ejemplos que sirven para ilustrar al respecto.

Baste recordar que en los últimos quince años [respecto al 2005] el con­tacto directo con el pueblo de los dirigentes fundamenta­les del Partido y el Estado, particularmente por su Máximo Líder, se ha intensificado. En ese sentido, sirve de punto focal cómo las medidas concebidas para resistir y desa­rrollarnos fueron consultadas y enriquecidas por la sabia popular. Incluso, el carácter irrevocable del Socialismo, desde el ángulo constitucional, fue refrendado por la inmensa mayoría de cubanas y cubanos.

Dándole continuidad al estilo de trabajo basado en la más estrecha vinculación con las masas, los múltiples programas de la Batalla de Ideas se han desarrollado no solo en interés del pueblo, sino, además, muy significati­vamente pulsando el sentir popular e incrementando el intercambio y el protagonismo de los «pinos viejos y nuevos» –como nos enseñó Martí–, «garantizando que las nuevas generaciones sean mejores que nosotros, más capaces que nosotros» –como nos enseña Fidel. Así construimos nuestra invulnerabilidad política.

En suma, de nosotros mismos dependen las mayores y cada vez mejores conquistas.

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