Conspiraciones

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Hay quienes por temperamento, por incapacidad para actuar, o por intereses creados, alimentan perpetuamente las dudas entre las múltiples interpretaciones a las que se presta todo acto humano, a lo Rashomon. Cuando los intereses económicos, políticos e ideológicos son máximos, varían al máximo interpretaciones, como reflejan los libros de historia de países enfrentados; e ignorar esa relatividad de los juicios históricos, obliga a repetirla, multiplicando sus costes.

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Recordemos que, aun aparte del hundimiento del Maine, que sirvió de pretexto a EEUU para declararnos la guerra y apoderarse de nuestras colonias, &nbsp y de otros precedentes de la crisis actual, hoy ya está claro que Roosevelt se dejó “sorprender” tan sangrientamente por el Japón en Pearl Harbour como excusa para entrar en la segunda guerra mundial. Y también sabemos a cuantas mentiras sobre inminentes ataques ha apelado Bush para intervenir y Afganistán e Irak, tras dejarse “sorprender” el 11-S por unos pocos terroristas, previamente identificados pero menospreciados, que, aprovechando unas “curiosas” maniobras que alejaron a los aviones que debieran haberles interceptado, consiguieron impactar en unos edificios, incluso con un primer agujero en el Pentágono demasiado pequeño para un avión, y echarlos abajo de modo técnicamente inverosímil, como lo son muchas otras circunstancias analizadas&nbsp ya hace años por un gran congreso de expertos en el mismo Nueva York (véase www.reopen911.org).
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En España, el atentado del 11-M, según se temía también que sucediera con un posible atentado en la campaña de reelección de Bush, habría servido mucho a los intereses de los halcones&nbsp de EEUU… si hubiera sido bien gestionado por Aznar. Aquí también resulta muy sorprendente la capacidad y eficacia de unos pocos terroristas, pero nuestra democracia es tan “joven” que hasta ahora no ha sido posible ni plantear la posibilidad de alguna conexión con halcones belicistas; a pesar de tantos claros antecedentes históricos, y que de que explicaría tantos &nbsp puntos oscuros del &nbsp atentado… y &nbsp de sus secuelas. Porque ese&nbsp silencio forzado da pie, aun después de la sentencias del 31-O, a la derecha y extrema derecha, unidas, para seguir envenenando la convivencia, achacando el 11-M a una trama marroquí e incluso a sectores del mismo PSOE, que, también políticamente forzado a callar, sólo desahogó mal su rabia con una retirada de Irak, que sin esa sospecha o convencimiento de tal ingerencia resulta inexplicablemente brusca y antidiplomática, y con otros gestos parecidos. Y así seguiremos, divididos y desgastados, mezclando la conspiración islamista a otra conspiración por el poder del PSOE o del PP, mientras no nos enfrentemos a esa posibilidad de que haya, sí, otra conspiración, pero también exterior, y la analicemos y juzguemos seriamente, ya sea para rechazarla &nbsp como subjetiva y morbosa, o la aceptemos en mayor o menor grado, con todas sus consecuencias, duras, pero menos que la situación que llevamos padeciendo hace más de tres años.