Confinados

Al inicio del confinamiento, estas líneas se suman a la desbordante solidaridad

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Escribo el día primero de estar obligados a permanecer en nuestros domicilios, por la pandemia. Es el primer día y la mente vuela al tercero y cuarto y más días. No. No saltemos a otros días. Estamos en el día hoy. Si no podemos salir a la calle, excepto para las compras permitidas o para acudir a los trabajos, abramos las ventanas de las casas. Que entre el aire de la calle. El aire como el mejor aliado para la salud y firme apoyo frente al temor de estar excesivamente solos. La radio, con la vasta diversidad de diales, se ofrece como una compañía de gran ayuda. Nos informan los científicos-médicos-sanitarios y expertos en el problema vírico. Ante la obligación de permanecer en nuestros alojamientos, lo que nos puede producir angustias, fobias, miedos existenciales, pensemos que con esa obligación contribuimos a un bien inconmensurable. Ese mínimo individuo que somos cada uno, es un gigante Individuo al juntarse con otros muchos pequeños individuos. Nunca estaremos solos cuando nos mueve la voluntad de luchar colectivamente contra el virus devastador que trata de herirnos. Y aun de matarnos.

La impaciencia nos corroe. Queremos estar en el día final de la quincena. Lo primordial combatir al virus, sin dejar de pensar en cómo buscar soluciones ante quienes han perdido sus puestos trabajo. Hay un miedo razonable al virus, como es razonable pensar en el futuro de supervivencia del vivir mismo. Es el momento de pedirles a las multinacionales el redistribuir sus ganancias obtenidas a través de todos los consumidores. Falta determinar de qué manera. Importa que es justo que así sea, como es obligado que el Gobierno Central y las Autonomías regulen las ayudas a quienes menos tienen. Ser solidarios es tan esencial como ser demócratas. En estos momentos, la palabra s-o-l-i-d-a-r-i-d-a-d debe erigirse como la palabra más potente y profunda del Diccionario.

Veo pasar algunas palomas por mi calle doblando la esquina hacia una calle transversal. Vuelan como si la vida marchara bien. Desconocen las tribulaciones que los humanos de su ciudad hemos empezado a padecer.

Esto por hoy.

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