¿Conciencia de memoria o simple acto mediático?

Este año había decidido, con suficiente antelación, que iría a los actos que anualmente se celebran en el antiguo cementerio de Badajoz en recuerdo de los que fueron asesinados por defender la legalidad republicana. Había motivos de sobra para asistir: la intolerancia y el tic dictatorial del gobierno municipal eliminando del callejero la calle de Margarita Nelken mientras, para escarnio de cualquier demócrata, persisten en ese mismo callejero diversos nombres abiertamente vinculados a los golpistas y a la dictadura franquista (el alcalde franquista Fernando Calzadilla, el golpista General Carracedo, etc) pero también es un motivo de peso la eliminación del muro donde fueron fusilados los demócratas, recubiertos ahora de un elegante diseño destinado a ser agente de amnesia colectiva.

Mi sorpresa en el referido acto no ha sido la utilización de caracter partidista, habitual año tras año. Iba vacunado al respecto para evitar cualquier sarpullido alérgico en el plano ideológico. Lo que realmente me ha parecido increíble es que, en las breves palabras que pronunció el diputado del PSOE Francisco Fuente, no hiciera ni una sola referencia a los motivos anteriormente referidos. Ni una sola crítica a la eliminación de la calle de Margarita Nelken ni tampoco ni una tímida referencia a los otros motivos señalados.

No puedo asegurar que la presencia de banderas republicanas les molestase a los organizadores aunque a nadie se le escapa la evidencia de la incomodidad interior que se les nota por ello.

Hubo referencias a la Transición, que según del orador fue como fue afirmando que fue en todo caso un acuerdo asumido, pero nada más. Aunque algún día habrá que hablar más claramente de lo que tal Transición fue realmente y que en términos gramscianos podría definirse como una revolución pasiva efectuada por las élites dirigentes de los partidos, sin una mínima participación de las bases. Pero ya hablaremos de ello en otro momento.

La cuestión es que acabado el acto sentí la sensación de haber asistido a un acto de autojustificación paralelo a la memoria, pero en ningún caso me pareció un acto de consciente de memoria histórica, ni por supuesto un acto de recuperación de compromiso político con las ideas republicanas. Se habló de los que defendieron la legalidad republicana, pero nada de la vigencia y la actualización de las ideas regeneracionistas de aquellos asesinados.

Eso fue exactamente. Un acto de partido, de cara a la galería, pero con una total ausencia de compromiso y coherencia con las victimas. En resumen : un acto políticamente correcto que en ningún caso se aproximo al borde de la línea del compromiso.

Pero ¿qué podía esperarse? reconozco que incluso yo cometo el error, de forma inconsciente, de interiorizar ese discurso tramposamente elaborado, pero eficaz sin duda, de la existencia de una «supuesta» izquierda, teóricamente útil y pragmática. Sin embargo después de reflexionar y vivir sus manifestaciones objetivas, la evidencia política es que toda su puesta en escena no pasa de ser simplemente otra cosa, un mero discurso publicitario, pero sin fondo ni contenido alguno con el cuerpo ideológico de la izquierda.

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