Con los pies en la tierra

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Por Elena Martínez

¿Desplazamiento? ¿Transportes? Nos movemos de un lugar a otro del llamado primer mundo vertiginosamente. Tenemos prisa. Prisa por llegar. Prisa por volver. Prisa. Mucha prisa. Ya hace tiempo que llegamos a la luna, pero ahora queremos llegar a Marte. No cabe duda de la importancia que tiene poder desplazarse y contar con vías de comunicación a través del transporte. Y no me refiero a volar tan alto. Más bien todo lo contrario. Es hora de poner los pies en la tierra.

Transporte y medio ambiente son dos variables que viajan en el tiempo y el espacio pero que están condenadas a entenderse, al menos, si como especie seguimos poblando este maravilloso planeta azul que ruge y se enfurece cada día más ante nuestros desmanes. Quizás deberíamos hablar de economía ecológica del transporte y replantearnos nuevos modelos de desplazamiento. Qué duda cabe, nuevos modelos, nuevos sistemas, nuevos horizontes.

El pasado 19 de Septiembre organizaciones sindicales del Metro de Madrid y la EMT, se movilizaban al grito unánime de un transporte público y sostenible respetuoso con el medio ambiente. Entre las consignas más coreadas “más plantilla y menos amianto”, en referencia a los componentes que tienen los vagones del metro de Madrid de este material y que siguen sin ser retirados. Poco importa la salud de los trabajadores de Metro, o la de los pasajeros de esta ciudad.

A menos de diez días de la convocatoria mundial por el clima, unas cuatro mil personas recorrían la Gran Vía de Cibeles a Sol con sus lemas y pancartas.

Y es que estamos hablando de un derecho básico que afecta a las personas a la hora de ir a su trabajo, acceder al ocio, a la cultura y a los servicios básicos. Estamos hablando de desplazarse de un pueblo a otro en las zonas rurales. De acercar el campo a las ciudades. Estamos hablando de potenciar un transporte respetuoso con el medio ambiente. De limitar las emisiones y potenciar lo colectivo. Un transporte público sostenible y también inclusivo, al que puedan acceder en igualdad de oportunidades todas las personas, no importa dónde se encuentren y cuales sean sus limitaciones.

Un transporte con un precio asequible, sin barreras arquitectónicas, accesible, público y de calidad.

Está claro que una alternativa al consumo de derivados del petróleo y enfocada a la reducción de gases de efecto invernadero viene de la mano de todas estas necesidades y que todos estos beneficios redundarán en el menor uso del transporte privado. Porque no es casual que España sea el octavo productor mundial de vehículos, o el segundo europeo tras Alemania. El sector de la automoción representa el 8,6% del Producto Interior Bruto español. Y parece que nuestros gobernantes están más atentos a atender las necesidades de este sector que a poner el acento en las personas respetando a la madre tierra que las sostiene y les da cobijo.

Es el sistema. El sistema capitalista, que sólo entiende y atiende a la lógica del beneficio y se debe a sus depredadores intereses.

Conseguiremos bajar una estrella a la tierra? Liberar energía como el Sol. La fusión nuclear abre nuevos horizontes, pero de momento conviene promover alternativas reales, concretas, al alcance de la mano. Pisar firme y tomar decisiones importantes, valientes, y también urgentes.

Una de las mejores alternativas es el tren. Tanto en las ciudades como en las zonas rurales el uso del tren aparece como una de las mejores y más limpias opciones. Sin embargo, al ser un medio deficitario, subvencionado y con mayores costes de infraestructuras y de mantenimiento, no goza de una implantación más amplia. Se tiende a potenciar la Alta Velocidad, siendo esta una opción que no es respetuosa con el medio y tampoco es accesible a todas las personas por su alto coste.

Me gustaría volver a viajar despacito. Del campo a la ciudad. De una ciudad a otra. Mirando por la ventana cómo se mueve el paisaje, cómo traquetean los vagones. Y leer o conversar con algún pasajero solitario. Con alguna pasajera sonriente. Tengo en la cabeza un universo de sueños que se mueven poco a poco. Tengo la esperanza de que sean compartidos. Que me lleven como si viajara en el Orient Express a un lugar donde se crucen los caminos. Donde el horizonte sea horizontal. Donde se haga realidad la utopía. Donde los niños y niñas jueguen libres y felices en paz y libertad. Dónde todas tengamos los pies en la tierra.

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