Con la iglesia…, no hemos topado

5

CON LA IGLESIA…, NO HEMOS TOPADO

ROOSEVELT BARBOZA


En el debate que se está dando en Venezuela, respecto de la reforma constitucional que se dirimirá el próximo 2 de diciembre, unos actores casi destacados en esta confrontación y no por su número sino por su influencia en la comunidad, han sido los sacerdotes católicos. Cualidad, la de ellos, que no puede inhibirles de tomar la posición que estimen más conveniente. Algunos verán esa conveniencia para sí, otros, para la colectividad. Están en su derecho.

Resulta imposible que quien se mete en un charco, pretenda salir sin ser salpicado siquiera. Sin duda, se llevará con él parte del barro que ahí había. Y no debe de quejarse de que ello sea así. Sin embargo, esto ha sido lo que algunos de ellos han pretendido. Embarrar y no embarrarse.

El clero en Venezuela, como en todo el mundo, no está aislado en una cúpula, razón por la cual recibe la influencia que le infunde el medio. Pero por supuesto, que muy distintas influencias pues de sus miembros, no todos tienen el mismo estatus. Hay un grupo reducido de ellos que gozan de comodidades y placeres que la mayoría conoce de oídas, nunca por disfrutarlas.

Las posiciones son claras. Curas de la periferia, que desarrollan su actividad en los sectores más desfavorecidos de la sociedad, están a favor de la reforma; mientras que el sector de la curia más cercana a los poderosos, al sector pudiente, está en contra.

Pero, en lo que debiera ser una norma en el debate político, incluso para los curas cuando ingresan en una polémica sobre cualquier tópico distinto de su dogma, en él todos debieran tener las mismas posibilidades de expresar en absoluta libertad su opinión sin nada que la perturbe. No ha sido así porque la estructura clerical es verticalista y por tanto, totalitaria. Quién ose hablar y sostener posiciones en abierta contradicción con la cúpula, es llamado a capítulo con riesgo de sanción que puede llegar a la expulsión, si persiste en su actitud.

Ese pequeño grupo oligárquico, pero de enorme poder mediático y crematístico, que se opone a la reforma arguye en su contra inconsistencias, no realidades. Por ejemplo cuando dicen que el presidente pretende eternizarse en el poder, ofenden el entendimiento al pensar que la gente es estúpida y no comprende la falacia en la cual incurren. Dicen “la presidencia vitalicia” como si esa perpetuidad se produjera como efecto de una sola elección, a sabiendas que así no es. En muchísimos países esa pretensión de la reforma, es ley. Países desarrollados la tienen en sus legislaciones.

Llegan a mencionar que con la aprobación de la reforma, queda eliminada la patria potestad. Dicen algunos de estos “prelados” que se pretende “cubanizar” el país y esto muestra una fatal hipocresía en estos personajes. Incurren abiertamente en la mendacidad sin ninguna vergüenza.

Resulta natural y lógico, dentro de lo que hemos destacado del debate, que a su calor se produzca una diatriba que a todos no gusta. Expliquémosnos. Nosotros podemos lanzar todos los denuestos, infundios y cuánta cosa queramos contra nuestros adversarios, pero ellos a nosotros no nos pueden contestar ni con los pétalos de una rosa.

Algunos se muestran como aparentando ser acólitos del Sagrado Corazón de Jesús, y no golpistas como sin duda fueron. Y para muestra un botón: en los días previos de la felonía de 2002 ¿quién levantaba, en medio de ambos, los brazos de Carlos Ortega y Pedro Carmona, presidentes, el primero de la central obrera y el segundo del organismo empresarial? ¿No fue acaso ese, el rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Luis Ugalde? Nunca condenó ese levantamiento de manos y debió de hacerlo como demostración de condena a Carmona, el auto erigido presidente. ¿Estamos mintiendo cuando afirmamos esto, o es la rigurosa verdad?

Este sí vitalicio rector y, así lo diría Maradona, nombrado por la mano de Dios y no por un procedimiento democrático, ha logrado soliviantar, por supuesto desde las sombras, a 150 ó 200 estudiantes de los casi 4 mil que ahí cursan estudios para que salgan todos los días a interrumpir el tránsito de una avenida muy transitada.

Otro de los personajes de este elenco es Ovidio Pérez Morales, un obispo que se altera y muestra su malcriadez con mucha frecuencia, sin atender las obligaciones que debiera tener para su corazón de edad ya provecta. Este señor al cual le cuesta sonreír, según nos lo muestra con su gesto que se ve forzado cuando lo hace, sale regañando porque se han dirigido al Cardenal Urosa Sabino y no con lisonjas precisamente, tal como pretendería él que se haga. Dice Ovidio Pérez, que la Iglesia tiene 2 mil años y que ha contendido con enemigos más importantes que los que hoy enfrenta. Y ahí está.

Pues bien. Y aquí vamos a lo que generó estas líneas, ya que no entendimos a cabalidad qué quiso decir él cuando trae a la institución Iglesia al debate ¿es que ella, la Iglesia, ha opinado sobre la reforma? ¿Cuándo lo hizo y cómo? ¿Urosa Sabino es la voz de ella en este asunto electoral? ¿U opinan ustedes por sí solamente, como individuos y por tanto la institución Iglesia no está involucrada? No se está discutiendo sobre una cuestión sacra, como para que aparezcan en la tarima con la voz de la institución. Es una materia más pedestre, más común y como tal de laicidad suma.

Involucrar a la Iglesia por la acción de sus individuos que se expresan en cuestiones políticas, nos llevarían al fondo en ese tema y terminaríamos para su infortunio, condenándola. Por la acción de sus hombres. Sólo por eso.

En este mismo año, un sacerdote católico fue condenado en Argentina por haber participado en genocidio y tortura en el tiempo de la última dictadura de ese país. Al no conocer sobre el punto, la opinión de los obispos, simplemente callamos. Pero, ese sacerdote argentino que es par de ellos y que apoyó a esa dictadura y actuó políticamente ¿no les obliga a hablar algo sobre ello?

Los horrendos remordimientos de un capitán de la marina argentina hicieron que confesara en España –donde cumple por esos hechos larga condena-, parte de los crímenes que en esa dictadura se cometieron. Entre las acciones que describió figuran las de los vuelos con prisioneros que lanzaban al mar. Existen varios testimonios de actores que señalan que al llegar a su base muy afectados por lo hecho, el capellán militar les consolaba arguyendo que lo que habían realizado (tirar los prisioneros al mar) estaba prescripto en la ley de Dios. Muy bueno sería que los monseñores que participan en eventos políticos comenten ¿cómo es que prescribe Dios esa “operación”?

Pensamos que es excelente traer a colación a la Iglesia. Por su bien si el examen es exhaustivo. Hay algunas cosas que acaban de ocurrir, que merecen ser conocidas. Sabemos que no faltarán mojigatos y santurrones que expongan sus beaterías, espantados por lo que leerán ¿pero, escapar de la realidad resuelve un problema, decreta su inexistencia? Sabemos con certeza que no, que escondiéndolo, ese mismo problema aparecerá en el futuro con mucho más vigor que el que tuvo cuando apareció o como cuando se lo detectó, que es parecido pero no es lo mismo.

Hace 10 ó 15 días, detuvieron en Colombia a un párroco de ese país. Se le acusa de asesinar a quien era su compañera de vida (clandestinamente), y también de la hija que tuvo con ella. Mató a ambas y luego las enterró en una fosa que el mismo excavó. Para su desgracia la policía descubrió la tumba y no le fue difícil, llegar a él. Es un hecho muy reciente, este.

En este mismo año conocimos dos casos parecidos al anterior, pero ocurridos en México: también ahí un sacerdote asesinó a su pareja por exigirle ella que hiciera pública su relación con ella formalizándola pues estaba embarazada. Mató el sacerdote a la madre con su hija en el vientre. Está preso.

La policía mexicana descubrió a otro sacerdote que asesinó al hijo adolescente que le reclamaba su apellido, y luego para encubrir el hecho, mató también a la madre.

En mayo de 2001, el Cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, envió una misiva a todos los obispos católicos declarando que las investigaciones internas de la Iglesia sobre los casos de abuso sexual infantil, estaban sujetas al secreto pontificio y por tanto, no debían ser denunciadas ante la autoridad pública hasta que las investigaciones fueran concluidas, bajo pena de excomunión.

Es este mismo Cardenal que le señala a unos sacerdotes que denunciaron en la Santa Sede, que en su época de seminaristas fueron violados reiteradas veces por el superior de la congregación a la cual pertenecían, que no se podía hacer nada contra él, pues era uno de los preferidos por el Santo Padre. El Cardenal, como usted seguramente dedujo, es Joseph Ratzinger, el hoy Benedicto XVI.

En estos últimos años han sido tantos los juicios que la Iglesia ha soportado por abuso sexual de distintos sacerdotes sobre niños, que muchas de ellas en EEUU se han declarado en quiebra, para que sea en ese estado, que se sustancien las próximas demandas. Hablamos de millones de dólares. En California pagaron más de 500 millones de dólares. En estos últimos días por ejemplo, los jesuitas cancelaron cerca de 50 millones de dólares a un poco más de 100 esquimales como compensación por ese tipo de delito que perpetraron contra ellos. Y siguen lloviendo las demandas.

En los tribunales de Los Ángeles cursa un expediente sobre pederastia. Ahí dirimen su responsabilidad dos Cardenales: uno, Roger Mahoney radicado en California, y Norberto Rivera, Cardenal mexicano. El primero aduce que Rivera no le avisó que le enviaba a un sacerdote pederasta, sino a un hermano con dificultades. Por supuesto que el segundo lo niega. Alguien miente y no es un tercero sino uno de los dos. Cerca de 70 violaciones había cometido el imputado cuando Rivera lo envió a Los Ángeles, para que ahí el canalla agrediera a otros setenta niños.

Son miles y miles los abusos y miles los aberrados. Décadas y décadas lograron que la perversión permaneciera en la oscuridad y el silencio. Hoy la luz brilla para mostrarlos y las voces estentóreamente denuncian el crimen.&nbsp

Confesamos que nos desagrada enormemente este tipo de caso y que en otras oportunidades no hemos desaprovechado laoportunidad que sea, para huir de él. La situación a la cual se quiere llevar al país, y al ser el clero uno de los más evidentes promotores nos ha obligado a escribir lo hecho.

Habíamos concluido esto ya, con el párrafo anterior pero un video que exhibió un programa que estamos viendo, nos trajo de nuevo a él. El vicepresidente de la república, Dr. Jorge Rodríguez ha acusado a la Iglesia de prestar los templos para operaciones desestabilizadoras. La Hojilla mostró anoche unas fotos que enseñaban distintos carros estacionados en un templo del interior. Dijo sus números de placa y los nombres de sus propietarios. Agregó el conductor del mismo, el tema que discutían. Por supuesto que voceros de la Iglesia negaron que hubiera sucedido lo denunciado y tampoco que estuvieran conspirando.

En el video que nos hizo regresar, muestran el interior de una iglesia y en el altar, un reconocido conspirador que habla claramente del desarrollo del complot. No es eso lo grave. Lo grave es ver al lado de este personaje, a Leopoldo López, alcalde de Chacao, quien nomás hoy al mediodía juraba su sinceridad democrática, aupando la elección. Oírle, confesamos que nos sorprendió, porque demostró claramente que el referéndum sólo es la excusa para “reventar” el país. ¿Qué duda puede haber ahora, luego de escucharlos que nada bueno han preparado? Que se atengan por lo que hagan a la furia del pueblo, que será terrible. Esta vez, si corre la sangre, no los salvará ni Chávez, como hizo en abril de 2002.

Ya es medianoche. Esperamos que miembros de la Iglesia en la mañana disciernan sobre lo que acaba de mostrar La Hojilla. No fue un acto electoral el visto, sino nítidamente conspirativo. Es ineluctable la responsabilidad. No pueden soslayarla. Veremos.