Comunidad de Madrid: daños colaterales de la formación en línea

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Desde el Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza de Madrid (STEM) rechazamos las presiones a las que se está viendo sometido el personal docente de varios colegios de la comunidad de Madrid durante el periodo de cierre de centros, y pedimos que se tenga en consideración las características propias del alumnado de primaria y la situación de las familias a la hora de programar las actividades de formación en línea.

En su resolución conjunta del pasado 10 de marzo, sobre instrucciones de funcionamiento de los centros, las Viceconsejerías de Política Educativa y Organización Educativa establecían que “El personal docente, coordinado por el equipo directivo, adoptará, a la mayor brevedad, las medidas necesarias que permitan la adecuación de las programaciones didácticas, de manera que se indiquen las actividades educativas que podrán desarrollar los alumnos en sus domicilios. En su caso, y siempre que se considere pertinente, se deberán indicar también las formas de presentación o de entrega de las actividades, así como los criterios de calificación de las mismas”. En el punto 3 de estas instrucciones se puede leer que “el personal docente mantendrá, dentro de lo posible, un contacto periódico con alumnos, padres y tutores legales a través de la plataforma EducaMadrid, […] así como de cualquier otro medio de comunicación que los centros consideren adecuado”.

En STEM fuimos conscientes desde un principio de que la deliberada ambigüedad del lenguaje empleado en esta resolución, así como la no distinción entre los tramos educativos de Primaria y Secundaria, contribuiría más a generar problemas que a aportar soluciones, y estábamos convencidos de que la resolución ignoraba las características específicas del alumnado de Primaria, por dos motivos fundamentales:

  • El alumnado de Primaria, por cuestiones meramente psicoevolutivas, no tiene la suficiente autonomía como para responsabilizarse de su propio aprendizaje sin una tutorización presencial, en el contexto de su grupo-clase, de su profesorado de referencia, y especialmente sin la presencia de su tutor o tutora.
  • Presuponer que todo el alumnado de un grupo tiene acceso a los medios telemáticos que permiten un seguimiento óptimo de las tareas en línea, o que todas las familias van a poder ejercer la necesaria tutorización de estas tareas en un contexto totalmente nuevo para el alumnado, es “mucho presuponer”.

Por estos motivos, el día 11 de marzo, desde STEM nos pusimos en contacto con la Consejería, que nos respondió el día 12 reconociendo implícitamente esta situación. En el último párrafo de su misiva, el Consejero nos decía: “Por último, para aquellas familias que no cuenten con medios telemáticos para poder seguir las tareas pueden ponerse en contacto con su centro educativo para que puedan establecer la forma de trabajo más adecuada a sus posibilidades. En algunos casos, los centros han ayudado a la entrega de tareas presenciales a este tipo de familias en unos determinados horarios y días”.

Recordemos que por esas fechas aún no habían cerrado los centros ni se habían decretado medidas de confinamiento. Pues bien, ahora que estamos bajo el estado de alarma, ¿qué solución damos a las familias? La Consejería se lava las manos en lo referente a eso que llamamos eufemísticamente “alumnado de familias no normalizadas” mayoritario en muchos centros, e incluso en la mayoría de centros de ciertos distritos de la capital, y que en todo caso nos encontramos en cualquier aula de cualquier centro público. Hablamos de alumnado en riesgo de exclusión social, de familias de clase trabajadora precarizada, de familias que tienen que trabajar estos días y no pueden convertirse en tutores de sus hijos e hijas por arte de magia.

Paralelamente, nos encontramos, y así nos consta, con que que hay equipos directivos de ciertos centros que van más allá de lo que les pide la Consejería, y que parecen más interesados en ponerse medallas y fingir una apariencia de normalidad, imposible en esta situación, que en pensar en las necesidades reales del alumnado. Ante la ausencia de directrices, algunos equipos directivos se estrenan, con gran satisfacción por su parte, en el rol de gestores-empresarios que trataba de otorgarles la LOMCE. Pasar de ser compañeros docentes a sentirse Capitanes Generales provoca efectos muy peligrosos. Baste como muestra lo que nos transmite una compañera de un centro de la capital:

Se nos insta a que controlemos que todos los alumnos se conectan siguiendo su horario y a dirigirnos obligatoriamente a los alumnos en inglés (aunque sea por escrito) en las áreas que habitualmente se imparten empleando el inglés como lengua vehicular. También en estas instrucciones nos prohíben darles a los alumnos las hojas de respuestas de las actividades que mandemos y nos conminan a realizar exámenes online. Nos obligan a seguir nuestro horario lectivo [colgar las tareas de cada asignatura en el horario de dicha asignatura] impidiendo que mandemos las tareas para todo el día. […] habiendo llegado […] a llamarnos si consideran que subimos las tareas más tarde de que empiece nuestra hora de clases o si tardamos en responder a padres o si consideran que no estamos conectados porque no nos hemos presentado al iniciar sesión. 

Al profesorado que se encuentre en esta situación, le recomendamos no callarse, pedir  todas las instrucciones que les den por escrito y guardar los correos electrónicos que reciban. En último término, un director o jefe de estudios es un superior jerárquico, y, el no cumplimiento puede conllevar sanciones para el trabajador. Eso no implica que no se pueda, posteriormente, presentar una resolución de Claustro en la que el equipo docente exprese su rechazo a los métodos empleados, u otras medidas. Queremos recordar que por legislación de la Unión Europea, ningún trabajador tiene la obligación de pertenecer a ningún grupo de WhatsApp, Telegram, etc.

Pero estos excesos también empiezan a suscitar las quejas de muchas familias, por la sobrecarga de trabajo para sus hijos y para ellas mismas, que en la práctica tienen que ejercer una tutorización constante, más si como en el caso del centro al que nos referíamos anteriormente y en otros tantos, la consigna del equipo directivo es avanzar materia, dar los temas que estaban previstos e incluso examinar en línea, ignorando lo excepcional de la situación y la escasa o nula validez de los resultados de la evaluación en línea en estas circunstancias (¿a nadie se le ha ocurrido pensar que los alumnos pueden contar con la ayuda de sus padres o hermanos mayores?).

A pesar de que la derecha neoliberal madrileña parece guiarse por el mantra de que la educación madrileña “no se para” y de que aquí no pasa nada, las informaciones que nos llegan de CEIPs ubicados en nuevos desarrollos urbanísticos, con familias mayoritariamente acomodadas, acceso a internet generalizado y medios técnicos adecuados para seguir el trabajo telemático, apuntan a que el porcentaje de alumnado de Primaria de estas zonas que cuelga o envía las tareas online que les encomiendan sus tutores suele situarse por debajo del 40%.

Afortunadamente, nos encontramos con equipos directivos que están aplicando el sentido común e interpretando de forma más racional las instrucciones de la resolución del 10 de marzo a las que hacemos referencia en el primer párrafo e instrucciones posteriores, consensuando las medidas con los Claustros y que, atendiendo a la excepcionalidad de la situación, a las características del alumnado de Primaria y a las dificultades de muchas familias, están recomendando centrarse en actividades de repaso.

Seguramente en estos centros tienen en cuenta el hecho de que en la etapa de Primaria, el curriculum está diseñado de forma que se facilita la evaluación continua, ya que curso a curso se van repitiendo, reforzando y ampliando contenidos. Teniendo en cuenta que esta situación es limitada en el tiempo, los centros tienen autonomía para modificar las programaciones del curso que viene, de cara a reforzar los contenidos que puedan quedar por por impartir.

En conclusión, creemos que la situación requiere que la Consejería establezca unas instrucciones específicas para la etapa de Primaria, mientras dure el cierre de centros. Entendemos que cuando se habla de “adecuación de las programaciones didácticas”, dicha adecuación debe ir en esta línea; no se puede pretender que se den los mismos contenidos y con la misma carga de tareas que si estuviéramos en una situación normal. Por ello, a nuestro juicio, las instrucciones de la Consejería deberían incidir en los siguientes aspectos:

  • Se prestará especial atención a reducir la carga de tareas respecto al ritmo habitual en periodos de enseñanza presencial.
  • Las tareas deberán ir enfocadas principalmente a reforzar los contenidos trabajados previamente al cierre de los centros, prestando especial atención a las áreas instrumentales.
  • Respetando el criterio de los centros en cuanto a la conveniencia de adelantar materia, de manera puntual, en determinadas asignaturas, el resultado de las posibles actividades de evaluación en línea no se tendrán en cuenta en el cálculo de la nota media del trimestre, en caso de que el cierre de centros se prolongue durante parte del tercer trimestre.

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