Comunicado del PCE m-l ante el 9 de marzo

Construyamos la alternativa política de la clase obrera y los sectores populares

Estas elecciones generales se presentan como el punto de llegada de un proceso, el del «efecto Zapatero», de corto recorrido. Verdaderamente, el Gobierno del «talante» ha completado su tarea, la de recobrar la «paz social», con un método de manual: consiguió aglutinar el rechazo a los burdos intentos de manipulación del 11-M realizados por el Gobierno Aznar, cerrando un período en el que se había ido colocando a la cabeza de las diferentes resistencias generadas por las medidas del PP (20-J, Prestige, Iraq…); concitó el apoyo de toda la izquierda parlamentaria y de la mayor parte de los partidos nacionalistas, ligándolos a su política; generó una gran expectación hacia sus anuncios en política social, relaciones internacionales y el «proceso de paz», entre otros, lanzando al PP a una espiral de movilizaciones ultrarreaccionarias que dieron alas a los sectores más cavernícolas de la sociedad; paralelamente, esta evolución acabó por echar a la izquierda domesticada en brazos del PSOE; y, finalmente, después de algunos gestos, y una vez despojados de argumentos tanto los aspirantes a centristas como los presuntos izquierdistas, el partido gobernante volvió al papel en el que los pesoístas se sienten realmente cómodos: a saber, el de gestores “amables” del capital; el de sostén “legalista” del imperialismo; el de defensor a ultranza de la «indivisible unidad de España» y de la Ley de Partidos; el de fiel cortesano, en fin, del borbónico heredero de Franco.

En los últimos tiempos, sin embargo, el Gobierno de Zapatero ha visto cómo la situación se le torcía, no sólo por la presión de la derecha aznárida sino, sobre todo, por la implacable lógica del capitalismo que pretenden suavizar: el negro futuro de las masas populares, con el creciente empobrecimiento y la destrucción del empleo, contrastan demasiado vivamente con el brillante futuro que nos pintaba el PSOE y, sobre todo, con el esplendor de los fabulosos beneficios empresariales. El descontento por el paro, el aumento de los precios, las deslocalizaciones y el deterioro de los servicios públicos han puesto muy en duda el triunfo del PSOE en estos comicios. Y, al mismo tiempo, han dado alguna esperanza electoral a sus maltrechos aliados de la izquierda parlamentaria.

La respuesta de los aparatos no se ha hecho esperar, y de nuevo vuelve a primer plano la vieja cantinela felipista de «parar a la derecha», eso sí, mediante un apoyo masivo, sumiso, desesperanzado, al “social-liberalismo” de Zapatero y compañía en las urnas. Con esa desesperada llamada de los pesoístas a la participación y al «voto útil», y también con el intento del PP por suavizar sus mensajes, para no movilizar a la izquierda (si bien no han podido mantener el esfuerzo más que unas horas), los partidos de la oligarquía han dejado del todo claro que, en España, la abstención se nutre del descontento de los sectores progresistas.

Es posible que una parte de ese electorado de izquierdas acabe por apoyar con la nariz tapada, finalmente, al PSOE o a alguno de sus vasallos, ante la ofensiva del PP; es posible, también, que algún sector se incline por otras opciones para expresar un voto de castigo a la izquierda institucional. Sin embargo, previsiblemente, la mayoría permanecerá al margen de una jornada electoral que no va a resolver las grandes cuestiones pendientes en el plano político, económico y social. Lo que esta legislatura ha puesto en evidencia es que la tarea prioritaria de la izquierda, la construcción de una alternativa política que rompa con el actual régimen oligárquico, está por realizar. Desde luego, el 9 de marzo se impone la consigna de evitar cualquier voto a la derecha. Pero, tras las elecciones, seguirá sin existir esa referencia unitaria, popular, democrática y republicana que necesitan las clases populares para dar el salto necesario entre la movilización puntual y la intervención política consciente y permanente; seguirá pendiente la tarea de reconstruir la izquierda sobre unas bases de unidad de las fuerzas y gentes dispuestas a trabajar por la conquista de la III Republica. Los comunistas debemos continuar esforzándonos por ese objetivo para hacer avanzar la lucha política de las clases populares en un sentido revolucionario.


Madrid, febrero de 2008

Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España (marxista-leninista)


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