Comunicado del Comité Central del PCE (m-l) sobre los resultados del 9-M

SOBRE LAS ELECCIONES GENERALES

Partido Comunista de España (marxista-leninista)

Comunicado del Comité Central, Madrid, 11 de marzo de 2008

El resultado de las elecciones es una radiografía perfecta del actual panorama político español: dos grandes fuerzas que, más allá de sus evidentes diferencias de talante y estilo, coinciden en los grandes temas de Estado, alternándose en el Gobierno y controlando juntas más del 90% del Congreso de los Diputados.

Sin embargo, se han producido hechos nuevos que indican que las contradicciones internas se han desarrollado al máximo. Señalemos previamente algunos: el derrumbe del nacionalismo radical y la falta más absoluta de representación del voto real de izquierdas, por falta de alternativas serias que sirvan de referencia.

En las anteriores elecciones de 2004, una parte importante del voto de izquierda al PSOE fue un voto consciente, político: un voto prestado con el objetivo expreso de echar del Gobierno al PP y terminar con la etapa del reaccionario y vendepatrias gobierno de Aznar.

La dirección reaccionaria del Partido «Popular» nunca digirió el resultado de aquellas elecciones, no porque fuera inesperado, sino porque fue un instrumento consciente de los ciudadanos, para cumplir un objetivo político: fueron los votantes quienes ejercieron por una vez, racionalmente, la soberanía.

En estas elecciones, sin embargo, detrás del apoyo al PSOE ha habido una reacción instintiva, menos política y consciente: el miedo, justificado, a la ultraderecha cavernícola del PP. La estrepitosa caída de ERC y de IU, que pierde su grupo parlamentario y no es ni la sombra de lo que fue, y el mantenimiento de un alto porcentaje de abstención de izquierdas, son una prueba evidente de que los trabajadores y ciudadanos progresistas han vuelto la espalda definitivamente a IU, que ha sido siempre a la zaga del PSOE en todas las cuestiones esenciales

A falta de oposición de clase, transformadora y popular, a lo largo de muchos años, demasiados, la única nota discordante en el Parlamento monárquico la ha puesto el voto nacionalista, influido y controlado por la burguesía más o menos radical. Eso está empezando a cambiar: Es cierto que en el País Vasco, sobre todo en Guipúzcoa, la abstención ha sido muy alta: se ha hecho notar el peso del movimiento abertzale. Pero el nacionalismo ha retrocedido y el PSOE ha aumentado notablemente su peso electoral.

Los sectores populares del País Vasco cercanos a las posturas abertzales deberían tomar nota: sus intereses están silenciados por el régimen monárquico, que les niega sus derechos democráticos, y por el terrorismo pequeño burgués, que impone su propia agenda; frustra permanentemente toda posibilidad de crear las condiciones para una salida negociada; da argumentos a la derecha más rancia y enajena el apoyo que pudieran suscitar sus demandas democráticas en las clases populares del resto del Estado.

Celebramos que el partido derechista y su líder, Rajoy, hayan perdido estas elecciones; empero, el PP mantiene un preocupante nivel de voto que utilizará no sólo para acosar al Gobierno de Zapatero, sino sobre todo para impulsar sus posiciones retrógradas, reaccionarias, sobre la religión, la educación, contra las pocas conquistas sociales como el aborto, etc., etc.

Sin embargo, el Sr. Zapatero ha expresado su intención de recuperar el consenso con la derecha; precisamente cuando la profunda crisis capitalista dejará sentir terribles consecuencias, particularmente contra los trabajadores y sectores populares, incluida la pequeña burguesía, en los próximos meses.
El nuevo Gobierno del PSOE podría, sin embargo, realizar una verdadera política de progreso; pero los nombres de sus puntales, avanzados por Zapatero: el impulsor del neoliberalismo, Solbes, y la «moderada» Mª Teresa Fernández de la Vega, no auguran un giro progresista, sino más de lo mismo que otras veces: nuevos recortes de derechos para los trabajadores, más apoyo y comprensión para la burguesía.

Se equivocará gravemente el PSOE si cree que su victoria electoral es un cheque en blanco de las clases populares. Hay que repetirlo: ha sido únicamente el miedo al PP el que le ha vuelto a prestar a ese partido un voto de buena parte de la izquierda, y no su política, que paulatinamente se ha escorado a la derecha, hasta llegar a compartir en materias fundamentales muchas de las tesis políticas de la reacción ultramontana identificada y aglutinada en el partido de Aznar, Fraga, Rajoy, Acebes, Zaplana, Esperanza Aguirre…

Se plantea con urgencia, por un lado, acabar con las imposiciones y el dominio de la iglesia vaticanista; llevar a cabo una real separación de la iglesia y el Estado; suprimir la financiación estatal de dicha Iglesia, en una palabra, eliminar todos los privilegios y prebendas de que goza en España.

Por otra parte, la ley D’Hont es una verdadera estafa al servicio de los grandes partidos. Es inadmisible, por ejemplo, que CiU, con el 3,04 % de votos (770.692), obtenga diez escaños, y que IU, con el 3,80% (961.794) consiga sólo dos. Esa ley impuesta en la llamada transición, y en su día aceptada por Carrillo y su equipo, es una herramienta al servicio de la reacción, y de la que se benefician partidos oportunistas como el PSOE. Exigir su eliminación, sustituirla por el cómputo proporcional, es también una tarea a tener en cuenta.

Es del campo popular de donde debemos extraer nuestras principales conclusiones: el incremento de la oposición popular al régimen monárquico que se ha producido en los últimos años no se ha traducido en términos electorales, porque ninguna de las fuerzas que participaban en estas elecciones con la pretensión de ser una opción transformadora y progresista, es la expresión de la necesaria alternativa unitaria, popular, democrática y republicana que pueda constituirse en la referencia política de las clases trabajadoras y populares.

La lucha por la III República, Popular y Federativa (que aborde consecuentemente la problemática nacionalista y de autodeterminación de los pueblos), y contra la impuesta monarquía borbónica, ha de ser llevada a los pueblos de España, a los obreros y campesinos pobres, a la intelectualidad progresista, a todos los sectores que anhelan cambios radicales, que vayan a la raíz de los problemas. Esa lucha republicana y antimonárquica ha ser uno de los principales ejes de la lucha.

Algunas organizaciones tratan de colmar su aislamiento de las masas presentándose una elección tras otra, siempre con la misma estrechez de miras. Hacen de la marginación la justificación de su incapacidad de trabajar lealmente por la unidad. Eso, quiéranlo reconocer o no, es puro electoralismo, que no permite avanzar ni un paso. Con esa actitud, demuestran que no han comprendido aún que únicamente la unidad sobre unas bases de progreso hace fuerte a la izquierda y acorta el camino hacia un necesario marco nuevo: democrático, popular y republicano.

Izquierda Unida tampoco representa esa necesidad: ha quedado claro como el agua, para quien no se empeñe en ignorar lo evidente, que es un cascarón vacío que no sirve siquiera para recoger el voto del hastío del que, hasta ahora, se apropiaba. Es prácticamente imposible revitalizar a Izquierda Unida: ha tirado por la borda, desde hace muchos años, la posibilidad de ser referente para las masas populares; ha frustrado ilusiones y esperanzas, provocado hastío y abandonos en cadena. Hace falta construir u organizar una verdadera fuerza o frente, capaz de ilusionar y organizar a las masas populares y oprimidas, en primer lugar al proletariado; que aborde de frente, con claridad y seriedad los múltiples problemas que impone el neoliberalismo, tanto en el terreno laboral, como en el de la sanidad, la educación, la vivienda, la mujer, la juventud, contra el saqueo de las privatizaciones, etc., etc.

Es necesario, vital, romper con las reglas de juego impuestas por la monarquía continuista y avanzar decididamente en la tarea de construcción de una alternativa realmente unitaria que permita superar los estrechos límites del régimen.

Llamamos a las fuerzas y gentes interesadas, a que se movilicen para trabajar por alumbrar lo nuevo frente a lo viejo, recuperar la ilusión frente al chantaje permanente del miedo y construir la unidad popular republicana.




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