Comunicado de creación del grupo de afinidad anarquista Barbas de Bakunin

Vistas las incesantes agresiones y amenazas del sistema capitalista, hemos visto la necesidad de constituirnos como grupo de acción anarquista, para propagar un ideal: la Libertad.

&nbsp Nuestra principal finalidad, siendo el comunismo libertario, nos obliga a tomar la acción directa como táctica principal de toda nuestra lucha; la solidaridad, el apoyo mutuo, y la autogestión, como medios para plantear alternativas al capitalismo.

Queriendo fomentar la autoorganización de la juventud, e impulsar las juventudes anarquistas, &nbsp a la lucha organizada. Haciendo calar entre la juventud, un mensaje lleno de actualidad y fuerza, hoy más que nunca. Alejándonos de sectarismos o vanguardias.

Nos vemos en la obligación de avivar las llamas del apagado movimiento libertario, nos encontramos con una sociedad desconocedora de las ideas anarquistas, con una organización y movimiento libertario casi extintos, sin fuertes alianzas internacionales. Es por esto que utilizaremos todos los campos de lucha posibles, desde el anarcosindicalismo hasta los grupos de acción.

El grupo de afinidad es la organización básica y genuina del movimiento anarquista. Es un conjunto pequeño de militantes, normalmente entre cuatro y diez, que trabajan unidos y se conocen. En el grupo no se da la figura del “simple afiliado” o del simpatizante; los componentes de un grupo son todos militantes, y se mantienen dentro de su estructura mientras sigan siéndolo. El grupo de afinidad tiene una vaga inspiración en las sociedades conspirativas decimonónicas.

Cuando en 1864 se creó la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), Mijail Bakunin, el gran teórico del anarquismo, ya había fundado la Alianza para la Democracia Socialista (ADS), organización internacional conspirativa libertaria que muy pronto se integró en la AIT. Para Bakunin resultaban seguras y eficaces las agrupaciones secretas formadas por personas convencidas y de absoluta confianza, que en determinados momentos favorables pudieran ponerse a la cabeza de los acontecimientos, pero sólo para inspirar y esclarecer, pues la revolución sólo la hace el pueblo. Con este espíritu se había creado la ADS; su programa era en apariencia coincidente con el de la AIT y, de hecho, muchas secciones europeas de la Internacional estaban creadas y animadas por miembros de la ADS, como fue el caso de España.

Cuando las diferencias ideológicas hicieron imposible la convivencia en el seno de la AIT de los sectores anarquista y marxista, se produjo la ruptura de la Primera Internacional. Para entonces, la ADS, sin haberse disuelto de facto, estaba en gran medida diluida dentro de las distintas secciones de la Internacional obrera. En 1872 localidad suiza de Saint-Imier acogió el primer congreso de la nueva, Internacional libertaria. Se consumaba así la escisión en el movimiento obrero.

La represión de los distintos gobiernos contra las secciones internacionalistas libertarias hizo casi imposible que pudiesen desarrollar una actuación abierta, por lo que sus militantes volvieron a organizarse en núcleos secretos. Surgieron entonces los grupos de afinidad, con una clara diferencia de la práctica anterior: se constituyeron por afinidades personales, de ahí su nombre, y no por centros de trabajo o, necesariamente, de localidad de residencia. Los grupos, como ya dijimos, son pequeños y todos los miembros se conocen entre sí, de manera que la infiltración policial es poco menos que imposible. El inconveniente de esta afinidad es que cuando uno de sus miembros es detenido, si sucumbe a las torturas policiales, puede llegar a proporcionar mucha información. Los grupos de afinidad siempre cuentan a su alrededor con cierto número de simpatizantes, gente con una ideología afín pero que no desarrolla una militancia constante. Estos simpatizantes van a ser fundamentales para la realización de las tareas del grupo; por ejemplo, la publicación de un periódico es primordial en la acción de los grupos, y los simpatizantes ayudarán a su distribución.

Los principales objetivos de los grupos de afinidad son propagar la ideología anarquista, la agitación popular y la consiguiente organización de revueltas y motines, aparte de, en momentos de permisividad legal, la creación de centros culturales, sociedades obreras y todo aquello que suponga un paso adelante en la emancipación de las clases trabajadoras. Por otro lado, los grupos mantienen relaciones entre sí para extender su acción o, las más de las veces, para ejercer la solidaridad con los represaliados, organizar las fugas de sus presos, etc.

En España los grupos de afinidad surgieron a partir de 1874, con la ilegalización de la sección nacional de la Primera Internacional, y su número y actividad se incrementó a partir del año 1888, cuando los anarquistas hispanos decidieron disolver su organización sindical: la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE). Sin embargo, la coordinación de estos grupos de afinidad ácratas fue decisiva en la formación y sostenimiento de numerosas sociedades obreras, cuya convergencia daría como resultado la fundación en 1910 de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

A partir de ese momento, el peso de la lucha social en España lo llevaron las diferentes federaciones y sindicatos de la CNT, si bien los grupos de afinidad anarquista no se disolvieron, pues siguieron desarrollando una intensa actividad social que no era estrictamente laboral, publicando periódicos y revistas y creando centros educativos, como los ateneos libertarios y las escuelas racionalistas. También tuvieron una coordinación estable de ámbito nacional que, desde el Congreso de Ámsterdam de 1907, fue también internacional.

Por eso, cuando a partir de los años sesenta del siglo pasado, la organización del movimiento libertario había sido destrozada por la represión, y no tenía muchas posibilidades a corto plazo de crecimiento ni de estructuración, con la mayoría de la militancia veterana sin posibilidades de incidencia en el medio obrero, resurgió la necesidad de organizarse de nuevo en pequeños grupos de afinidad con el doble fin de mantener mínimamente la estructura orgánica y ser más impermeables a la infiltración policial. Se crearon grupos en todas las localidades donde quedaban militantes. Las actividades de estos grupos iban desde el apoyo mutuo, tan necesario a la hora de encontrar trabajo o vivienda en la sociedad del momento, hasta la edición de propaganda. La organización obrera (CNT) y los grupos anarquistas (FAI) tuvieron trayectorias paralelas con constantes coincidencias, llegándose a la total fusión de ambas modalidades organizativas al final de la Guerra Civil, por lo que los nuevos grupos de afinidad representaban por igual a todas las formas orgánicas del movimiento libertario español.

Así pues, aparentemente desmantelada la CNT, el movimiento libertario siguió vivo y activo durante los últimos años del franquismo gracias a los numerosos grupos de afinidad que se extendían por toda la geografía nacional.

Hoy en día, ya entrado el siglo XXI, dispuestos a afrontar la problemática general de la sociedad, y la problemática de la juventud, en particular, nace el grupo de afinidad anarquista Barbas de Bakunin.

¡POR LA ANARQUÍA!

¡ORGANÍZATE Y LUCHA!

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