Companys y el olvidado intento de crear un obrerismo republicano

Por Xavier Díez en La Directa

El asesinato de Companys por parte del Estado franquista hizo de él un mártir de Catalunya. Pero muchas veces se olvida que ese abogado laboralista fue constantemente atacado desde una parte del catalanismo, entre otras cosas por su proximidad a la CNT.

El asesinato de Companys por parte del mismo Estado español que hoy tiene continuidad en la Constitución y la monarquía ha hecho del 123º presidente de la Generalitat un mártir. Sin embargo, se obvia a menudo que este abogado laboralista nacido en Tarròs (Urgell) fue constantemente criticado y atacado desde buena parte del catalanismo, especialmente desde los sectores más conservadores y los más nacionalistas. Se cuestionó su papel en la guerra –especialmente el que muchos consideraban su connivencia con la revolución libertaria del 19 de julio l- o su supuesta tibieza nacional -a pesar de la proclamación del Estado catalán del 6 de octubre de 1934 . Sin embargo, lo que desde estos sectores se consideraba su pecado original fue su proximidad con la CNT y el obrerismo.

Vayamos por partes. En Cataluña, y desde la llegada del anarquista italiano Giuseppe Fanelli, en 1868, en Barcelona, ​​buscando adeptos con acierto los centros republicanos, las relaciones entre republicanismo y anarquismo han sido tanto cercanas comoconflictivas. Cercanas, en el sentido que a menudo comparten espacio físico y político: publicaciones, espacios de sociabilidad, principios filosóficos. Y conflictivas en el sentido de que las republicanas tienden a hacer miradas paternalistas sobre el mundo obrero y pretenden mantener una relación de preeminencia respecto a la clase trabajadora. Esto en Cataluña no será posible porque precisamente el anarquismo funcionará como universo paralelo donde habrá un esfuerzo cultural e de divulgación científica encomiable, capaz de compensar la indigencia educativa del estado y establecer una cultura potente, autónoma y autoafirmativa, entre el desconocimiento y la ignorancia del país oficial (el Estado) y el oficioso (el proyecto burgués novecentista de la Mancomunidad).

El anarquismo en Cataluña será capaz de compensar la indigencia educativa del estado y establecer una cultura potente, autónoma y autoafirmativa

Sin embargo, las obreras catalanas están, como una presencia potente, crecientemente organizada y intimidatoria. Se trata de una fuerza inmensa que ya ha protagonizado varios ensayos revolucionarios (1902, 1909, 1917, 1919) y que, a partir de 1907, comienza a confluir en una gran organización, la Solidaridad Obrera, donde coinciden planteamientos filosóficos libertarios (especialmente kropotkinians) y una sólida organización sindical. Y sin embargo, desde la política oficial de un régimen de Primera Restauración (1876-1923) -que empieza a hacer aguas en su estructura caciquista- se percibe toda esta fuerza obrera como un mercado virgen, como un espacio a organizar , encuadrar desde una estructura piramidal, como ya se empieza a hacer coetáneamente con los partidos socialistas de Alemania, Francia e Italia, o los laboristas británicos.
En España ya se había intentado un control obrero desde el PSOE desde 1879 con la ayuda de UGT. Sin embargo, Cataluña, con una sólida hegemonía y tradición libertaria, es otra cosa.

La llegada de Alejadro Lerroux en Barcelona es uno de estos primeros intentos de encuadrar (y someter ideológicamente) esta masa trabajadora en un partido de matriz republicanaradical. Lerroux aprovecha el carácter ramplón y despiadado de una burguesía catalana incapaz de reconocer las obreras como interlocutoras, caracterizada por no respetar los pocos acuerdos a los que llegan con la clase trabajadora ya utilizar la represión como única fórmula de administrar el conflicto. El proyecto de Lerroux pasa domesticar los sectores obreros, e integrarlos en la vida política, como una reserva de votantes que permita a un grupo de políticos profesionales instalarse en las instituciones y hacerse permeables a varios grupos de presión que se esfuerzan por influir en el Estado. Y sin embargo, la matriz libertaria y las inconsistencias de los radicales impiden el éxito de esta operación organizada por el Ministerio de Gobernación. Al fin y al cabo, en la Semana Trágica (1909), las obreras querían acabar con el reclutamiento obligatorio, no un servicio militar universal, como proponían. Y es también en la Semana Trágica cuando se pone a prueba la inconsistencia entre la retórica revolucionaria de los radicales, y su praxis de acatamiento del poder y las jerarquías sociales.

Salvador Seguí, conocido como El chico del azúcar, fundador de Solidaridad Obrera y secretario general de la CNT, provenía de una familia de panaderos de Tornabous que habían trabajado para los Compañeros, propietarios rurales en la vecina localidad del Tarròs

Por lo tanto, llegamos a los años de la Primera Guerra Mundial, y nos encontramos con una CNT potente. En un contexto en que la descomposición de los imperios europeos propicia revoluciones sociales y emancipaciones nacionales, los anarcosindicalistas son capaces de demostrar gran capacidad de organización y ser cada vez más efectivos y coherentes en sus objetivos, medios, tácticas y estrategias. Y aquí entra en escena uno de los principales tríos de la historia de Cataluña del siglo XX.

Compañeros de juegos infantiles en el Urgell

Sin ser muy explícitos al respecto, Lluís Companys, nacido en 1882, y residente en breve en la capital catalana, conoce a Francesc Layret mientras estudian derecho en la universidad, y se reencuentra con un antiguo amigo de niñez, Salvador Seguí. La familia de los Seguí, panaderos de Tornabous (localidad vecina del Tarròs), habían trabajado para los Compañeros, propietarios rurales. Y los pequeños Seguí y Compañeros se conocen y juegan juntos. Los Seguí pronto se trasladan a Barcelona, ​​y Salvador se convertirá en un carismático líder, con gran facilidad para los discursos y, mientras ejerce de pintor de paredes, logrará una importante cultura autodidacta, con lecturas de Nietzcshe, Stirner, Kropotkin o Cornelissen.

Seguí, Layret y Companys se encontrarán a menudo y compartirán una intensa amistad. Compañeros y Layret tratarán de organizar un republicanismo de izquierdas que anhela el estratégico voto obrero.Y, más que el voto, buscan la integración de los excluidos trabajadores de cuello azul en un proyecto republicano donde quepa perfectamente sus anhelos de una sociedad más justa y interclasista.Es lo que se trata en el Partido Republicano Catalán (que fundan el 1917), donde aparecen elementos de izquierda tradicional con un catalanismo que trata de disputar la hegemonía a una LigaRegionalista, que mantiene secuestrado el proyecto novecentista desde una óptica profundamente conservadora; y lo que es lo peor, que mantiene dentro de sus filas lo peor del reaccionarismo de la patronal y el Fomento, que trata de resolver el problema obrero mediante la violencia, el uso del Somatén (patrones armados para reventar huelgas) y, posteriormente, la contratación de sicarios para asesinar sindicalistas y políticos de izquierdas.

Salvador Seguí trata de establecer una estrategia progresiva y interclasista de llegar a la revolución libertaria. Esto sólo lo puede hacer desde una estricta independencia política. El sindicato debe ser alfa y omega de la vida de los trabajadores: espacio organizativo, de formación, de encuadre y disciplina, desociabilidad. Sólo una buena organización, al margen de la tentación de la política de partidos, que atraiga grupos sociales más allá de los ámbitos trabajadores de cuello azul, puede evitar revoluciones falsas (en el fondo, golpes de estado en que se reemplazan unas élites por unas otros, como ocurrió en Rusia). Compañeros trata de atraer su buen amigo. No sólo mediante las palabras, sino también con los hechos. Junto con Layret hace de abogado laboralista que defiende unos militantes de la CNT que son habitualmente detenidos, encarcelados o deportados gubernativamente sin cargos ni responsabilidades concretas, sino como simple y pura estrategia represiva y disuasoria.

Con Layret, Compañeros hace de abogado laboralista de unos militantes de la CNT que son habitualmente detenidos, encarcelados o deportados gubernativamente sin cargos concretos

A pesar de que Seguí se resiste a ceder un mil • milímetro en su independencia sindical, la burguesía catalana sabe que el proyecto de un republicanismo con protagonismo obrero es, a medio plazo, imbatible. De hecho, se ha hablado mucho de las tentaciones de algunos líderes sindicales de dar el salto a la política (como ocurre, por ejemplo con las Uniones británicas y el Partido Laborista). Ángel Pestaña acabará siendo uno de ellos. Sin embargo, lo que más miedo hace es lo que los historiadores no siempre han valorado muy bien: que la CNT tuviera capacidad de atraer a las clases medias republicanas y su catalanismo de raíz pimargalliana, en un movimiento autónomo y autoorganizado que no conquistara las instituciones, sino el país entero. Y ello, entre 1917 y 1920 es posible que lo haga, como de hecho ocurre a lo largo de la Revolución de 1936, cuando la organización confederal tiene capacidad de atraer importantes cuadros profesionales del mundo de la educación, la medicina o la administración.

Compañeros, ya presidente de la Generalitat, aprisionado con parte de su gobierno en el barco Uruguay, tras los hechos de octubre de 1934. Catorce años antes el catalanismo conservador ya había intentado apartarlo de la escena deportando-lo en el penal de la Mola, en Maó 

Es esta extraña síntesis entre movimiento (CNT) y organización política (PRC) lo que disputa la hegemonía del catalanismo y, por extensión de una verosímil República Catalana, la que llena de pánico el Fomento y los hombres de Francesc Cambó. Recordemos, en este sentido, un discurso del Ateneo de Madrid de Seguí: “Y os puedo asegurar que estos reaccionarios que se autodenominan catalanistas, lo que más temen es la recuperación nacional deCataluña, en el caso de que Cataluña no les restara sometida. Y como saben que Cataluña no es un pueblo leproso, ni siquiera intentan desligar la política catalana de la española. En cambio nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderíamos nada, al contrario, ganaríamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo “.

Salvador Seguí: “nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderíamos nada, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo”

Es por ello que en estas circunstancias de revoluciones espartaquistas, rusas, húngaras o la emancipación de Polonia, los países bálticos o Irlanda, el catalanismo conservador actúa.Actúa deportando a Companys ya Seguí en Maó. Y asesinando un Layret cuando iba aa prestar protección jurídica al que será presidente mártir cuando éste, junto con una cuarentena de activistas, han sido detenidos y están en el barco que los llevará a la fortaleza penitenciaría de la Mola, en Menorca. Somos el 1920 …

Pocos años después, la patronal catalana asesina a Seguí.Compañeros se queda solo. La proto-cup que representa el republicanismo obrero es un proyecto abortado. Y deja también sus mártires. Hoy se recuerda Compañeros como aquel presidente asesinado por los sicarios del franquismo. Conviene recordar que el viejo presidente ya fue en cierto modo asesinato una década y media antes.

IMAGEN DE PORTADA: Francesc Layret, Lluís Companys y Salvador Seguí (de izquierda a derecha) compartieron una intensa amistad y fueron decisivos a la hora de organizar un republicanismo de izquierdas que pretendían hacer arraigar en el espacio obrero

* Xavier Díez es Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Girona.

https://directa.cat/companys-loblidat-intent-de-crear-un-obrerisme-republica

 

-->
COLABORA CON KAOS