Publicado en: 16 mayo, 2019

Cómo se las compondrá Pedro

Por Herminio

¡Y, entonces, ya Dios dirá! Porque no siempre ha de suceder como nos cuenten los unos. ¿O acaso no es éste mejor regalo? Siempre y cuando, claro está, el vocablo progresista guarde algún significado; positivo, por supuesto.

Ahora mismo –si se tratase de un cuento–, depende de quién lo cuente; no tanto de quien lo aguante. Ni aunque lo aguante su madre.

Para unos (que son menos), sigue en pie, aunque bastante mermado, el recurso de Podemos, si el asunto se tratase de echar mano a favor de un cogobierno. Cierto que sería arriesgado –hay quien dice que certero–, pues tras los viernes sociales, sin que de ellos apenas nos hayan quedado huellas, volverán, otra vez, crudos inviernos, de fríos y de recortes sociales y de los otros, laborales y pensiones… Y supresión de aquello que haya quedado, quizás, por privatizar. Volverán, a pesar de en quien recaiga el signo de gobernar,  y será tal cual lo dicten el FMI y el capital europeo a las grandes corporaciones empresariales, para seguir intentando remontar la crisis capitalista en esta  su nueva fase que  asoma en el horizonte.

Para otros (que son, por supuesto, más), será según determinen los cantos de las encuestas. Que no determinan mal, ya que esto es lo que apuestan: “ELECCIONES 2019. El CIS constata el cambio de ciclo a favor de la izquierda y apunta a su triunfo en el 26-M.” Pero si es como auguran, los unos apuntan mal y, en tanto, no acertarán. O sea, que la esperanza segura es lo que pronostican éstos: El triunfo cosechado por el bloque de izquierdas el 28-A, se extenderá el 26-M,  a nivel estatal, a casi la totalidad de las comunidades dando lugar a una nueva situación que ampliará las posibilidades de ensanchar los caminos  para abordar cómodamente las políticas del bloque progresista  y que, de este modo, sea factible que se logren sus objetivos programáticos, que oficiarán de mojones indicadores de los alcances durante los próximos cuatro años. ¡Y, entonces, ya Dios dirá! Porque no siempre ha de suceder como nos cuenten los unos. ¿O acaso no es éste mejor regalo? Siempre y cuando, claro está, el vocablo progresista guarde significado alguno, positivo, por supuesto; y dado que aún quedan augures profesionales que, ejerciendo su opinión de mayor enjundia que éstas, se afirman en parte de lo contrario.

Es el caso de esta otra que, por estimar a Pedro –para mí que lo estima más allá de lo que pueda valer nuestro trilero– mediante ella se augura sobre el riesgo de que a éste no le cuadren de su lado, bien en suerte, las cartas de la partida –ya cuente o no con Podemos y, allegadas, Unidas. Y aunque ahí igualmente está la banca, puesto que lo mismo cuenta, presionando por imponer a Rivera, a pesar de los rechazos de los militantes socialistas, manifiestos en la noche electoral del 28 de abril. ¡Es que la banca es la banca, y la banca también pesa! Y no menos, sino más que las torrijas de Cáritas y de todas esas colas de excluidos sociales que se arriman al reparto, mientras que sobre un 40% de los hogares familiares de los trabajadores se encuentra en riesgo de caer en la exclusión. Es decir, que lo tienen crudo aún. Así que –según nos suena esta voz–, sean cuales sean, los próximos resultados del 26-M, cara al futuro, se aproximan enmarcados en este claro objetivo de los poderosos: Aislar al PSOE y rematar a Podemos.

Si bien sea que de esta voz –quizás un tanto cargada de presión sentimental hacia el “sanchismo” (de Sancho) –, a la hora de atribuir a sus deudos valoraciones políticas positivas, tampoco se queda atrás en procurar resaltarlas, lo mismo juzgarán otros que en el valor exagera, como pasa al sonar de esta manera, cuando dice: “O un gobierno progresista impone un155 simbólico a los que hoy violan el artículo 1 de la Constitución o se acabará en la involución democrática. Sánchez vive una coyuntura análoga a la que vivió Azaña cuando advertía que  o la democracia doblegaba a  Juan March o este banquero doblegaría a las instituciones democráticas. Ochenta años después aún no hemos superado las consecuencias de ese pulso perdido por el Estado español”.(de FERNANDO LÓPEZ AGUDÍN, en “PÚBLICO”)

Y, en fin, que lo ya dicho, de esta última, ya se verá que exagera. Mas si tengo que elegir una opinión de las tres para mi apaño privado, sin descartar la primera, no me quedo con ninguna de las otras dos restantes. Y aunque todos me digáis que no viene mucho a cuento, o que opinar no vale nada, porque la tomé de Kaos, prefiero cerrar con esta. Tampoco es más que otra cita: El radicalismo de derechas o nacional populismo, que se está consolidando en el seno de la sociedad industrial globalizada, tiene el aspecto de un fenómeno de largo recorrido. Mucho más relacionado con la deriva autoritaria en la que las relaciones sociales capitalistas llevan inmersas desde hace prácticamente medio siglo, que con sus expresiones electorales más recientes.”

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