Cómo está el patio

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Por Manuel Carmona Curtido

Cada mañana nos despertamos bombardeados por malas noticias: la miseria arrastra a nuestras costas a cientos de personas que huyen de su destino en busca de un futuro mejor, la confrontación en Cataluña se ha reducido a poner y quitar lazos amarillos, provocando altercados y crispación, día sí y día no una mujer es asesinada por un hombre incapaz de soportar que la mujer es un ser humano con capacidad para tomar sus propias decisiones, los franquistas que se niegan a aceptar que en un Estado democrático no se le puede rendir honores a un dictador, salen a la luz miles de casos de pederastia por parte de sacerdotes en todo el mundo (seguro que cuando Jesús dijo: “dejad que los niños se acerquen a mí” no se refería a eso), la extrema derecha se hace cada vez más fuerte en toda Europa, propagando su mensaje de odio a una población asustada que ve como sus derechos van menguando y busca a un chivo expiatorio a quien culpar.

Ha dejado de sorprendernos que: se detengan a políticos que mientras en público animan a la población a hacer la Declaración de la Renta, evaden sus capitales a paraísos fiscales; que el Rey de España guarde su riqueza en un banco Suizo mientras sus súbditos pagamos nuestros impuestos; que los servicios públicos como la educación o la sanidad cada vez tengan menos recursos para poder dar una atención de calidad; que un trabajador muera en un accidente laboral (durante el 2017 murieron 618 trabajadores en accidentes laborales); que el empleo cada vez sea más precario (se trabajen más horas y se cobre menos); que el acceso a la vivienda cada vez sea más difícil; que tengamos que jubilarnos cada vez más tarde y que la perspectiva de poder alcanzar una pensión de jubilación se disipe entre la población más joven (una juventud que toma como referentes a parásitos sociales, protagonistas de realities o programas como mhyv, ejemplos de enriquecimiento económico sin esfuerzo, futuros “muñecos rotos” del “show business”); que sea común que muchas personas presuman de no haberse leído un libro en su vida, donde escribir sin faltas de ortografía se ha convertido en una rareza.

Las tensiones internacionales cada vez son más explícitas: con un Presidente de Estados Unidos que no duda en amenazar a naciones soberanas con una guerra de carácter nuclear, la muerte de miles de niños en guerras como la de Yemen, en Palestina o en el silenciado continente africano, el “Lawfare” contra los presidentes/as que se atreven a cuestionar los mandatos del imperio estadounidense, que ha mandado a la cárcel a Lula, al ostracismo a Correa; la financiación de grupos paramilitares en América Latina cuando la oposición es incapaz de ganar unas elecciones en Venezuela, Nicaragua o Bolivia, con el objetivo de generar la suficiente inseguridad ciudadana con la que el pueblo busque la seguridad que proporcionan los perros de presa de Estados Unidos.

El Estado Islámico propaga su doctrina de odio e intransigencia provocando atentados reduciendo así la zona gris donde viven los millones de musulmanes que no quieren saber nada de sus extremismos viéndose estigmatizados y marginados por sus vecinos con los que en muchos casos llevan viviendo décadas.

Esta es la gasolina con la que está regada la actualidad de nuestro día a día, ya sólo falta que alguien encienda la chispa.

“La más hermosa de todas la dudas es cuando los débiles y los desalentados

levantan la cabeza y dejan de creer en la fuerza de sus opresores” Bertolt Brecht

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