Cómo es vivir en Chile con una pensión miserable

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Jubilaciones sin júbilo se pagan en Chile, con montos mensuales que ni siquiera alcanzan la mitad del sueldo mínimo. Tres casos retratan la violencia del sistema de pensiones con los adultos mayores.

En los próximos días, el Gobierno de Sebastián Piñera ingresará al Congreso Nacional un proyecto de ley para introducir cambios al sistema de pensiones que rige para los trabajadores civiles –capitalización individual–. Con certeza, la iniciativa generará un dilatado debate, en vista de las posturas encontradas al interior del parlamento, que van desde la absoluta custodia al modelo previsional impuesto en dictadura, hasta un cambio radical en el esquema, que implica el término de las administradoras de fondos de pensiones (AFP).

Pero mientras ocurra esa discusión, miles de jubilados continuarán recibiendo pensiones escuálidas, inferiores incluso al paupérrimo salario mínimo vigente en Chile: $288 mil (US$ 418). De hecho, en agosto pasado se jubilaron 11.804 personas, con una pensión promedio de $128.271 (US$ 188). Mientras los hombres alcanzaron una previsión de $212.962 (US$ 312), las mujeres apenas obtuvieron $68.794 (US$ 100) después de una vida de trabajo.

Teresa Rojas tiene 70 años. Vive en la comuna de Pudahuel (región Metropolitana de Santiago) y se jubiló a fines del 2011, luego de trabajar 30 años en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Asegura que no tuvo “lagunas previsionales” y que la pensión que recibe actualmente, desde AFP Cuprum, alcanza los $170 mil (US$ 247) –$116 mil sin un bono estatal–, pese a que su último sueldo como trabajadora activa bordeaba los $700 mil (US$ 1.016).

“No tengo muy buen pasar”, dice a POLITIKA, puesto que su pensión la ocupa íntegramente en alimentación y medicamentos, aunque agradece no tener enfermedades de mayor complejidad. Mensualmente, recibe la ayuda económica de sus tres hijas para complementar sus ingresos y poder “costear esos gastos que son necesarios y no están a mi alcance”.

Aunque quiso trabajar luego de jubilar, no puedo encontrar un empleo, según cree, por la edad. “Fue imposible encontrar trabajo una vez que jubilé. Mandé currículum, busqué, pero no pude. Si no encontré apenas jubilé, menos ahora. No lo intento ahora, porque recorrí, pero nadie me empleó”, afirma Teresa.

Cree necesario un cambio al sistema de pensiones, fundamentalmente, “por las generaciones que vienen” y por el perjuicio que sufren las mujeres dentro del modelo de las AFP. “Nos perjudica, porque los años de perspectiva de vida para nosotras son mayores que los de los hombres, así que siempre estamos en desventaja con respecto a un hombre que haya trabajado los mismos años, con el mismo sueldo y cotizando igual cantidad”, sostiene.

De acuerdo a la Organización Panamericana de Salud, la esperanza de vida al nacer en Chile es de 80 años para los hombres y de 85 para las mujeres.

Para Teresa, una parte del ahorro previsional debería ser pagada por los empleadores, “porque si los trabajadores le producen al empleador, por qué no cooperar en este fondo, que va a favorecer a futuro a sus empleados, que le ayudaron a producir”.

“Desgraciadamente, no somos escuchados y no sabemos qué hacer para despertar las conciencias de los jóvenes, de las personas que vienen detrás nuestro, para que se percaten que esto no va a ser bueno para ellos, su pensión va a ser bajísima”, señala con preocupación.

“¿Qué hago con $100 mil?”

Hace dos años se jubiló Rosa Valdés (62), luego de cumplir funciones por 28 años en el Servicio Médico y Dental (Semda) de la Universidad de Chile. A POLITIKA cuenta que solo estuvo un año y medio sin cotizar, pero igualmente, la pensión que recibe de Cuprum llega a apenas a los $107 mil (US$ 155). En el olvido quedaron los $700 mil que correspondían a su sueldo como trabajadora activa.

“¿Qué hago con $100 mil? Compro gas, pago la luz y el agua y se fueron los $100 mil”, reclama y añade: “Nunca pensé que iba a sacar tan poca plata de jubilación. Pensé que por lo menos tendría una pensión digna para vivir, pero lamentablemente no fue así. Es muy penoso y es como una burla, porque trabajar tantos años, ¿para qué?”.

Desde que se jubiló, ha complementado sus ingresos mediante préstamos y un trabajo en las ferias libres. “La vida me cambió 100%, porque cuando trabajaba, podía pagar deudas. Dejé de trabajar, dejé de pagar. Si yo no trabajara, me moriría de hambre, porque tengo una deuda del BCI y estoy pagando $270 mil mensuales”, describe Rosa Valdés.

Como si fuera poco, su marido padece un cáncer terminal, motivo adicional para demandar un cambio en el sistema de pensiones, puesto que a su juicio, “es el colmo que la gente tenga que estar pasando necesidad o saliendo a trabajar nuevamente, porque la plata no alcanza”.

“Mi hijo está en Nueva Zelanda y él me dice que la vida es diferente, que una persona con el sueldo mínimo vive bien, tiene su casa, puede darse gustos y les queda plata. Las pensiones son buenas, la gente vive cómoda. En cambio acá, pagan el mínimo y no alcanza para nada”, asevera.

Los $70 mil de Iván

Iván lleva cuatro meses bajo el cuidado de Magaly San Martín, matrona residente en la comuna de Villa Alemana, región de Valparaíso. Ella tiene una casa de acogida para adultos mayores y recibió al hombre de 72 años luego de enterarse que vivía en pésimas condiciones en la ciudad de Antofagasta, puesto que además del Alzheimer que lo aqueja, tenía una adicción al tabaco y al alcohol.

Magaly narra que cuando lo fue a buscar al aeropuerto, se encontró con un hombre enflaquecido y en silla de ruedas, producto de una lesión en la cadera. Pese a no conocer muchos detalles de su historia, lo considera “un caballero súper educado, muy amoroso. Realmente, es una persona que uno rescata de un ambiente que no fue muy solidario con él”.

La publicación de Magaly

Además de sus problemas de salud, Iván recibe una reducida pensión de $74.131 (US$ 107). En julio pasado, Magaly dio a conocer la situación del hombre a través de una publicación en Facebook que ha producido 32 mil reacciones y ha sido compartida por casi 180 mil personas. Junto a una imagen de la liquidación de pago de pensión de AFP Capital, la mujer escribió un comentario preguntando a senadores y diputados si “pueden tener su conciencia tranquila” sabiendo que ocurren casos como el de Iván.

“He pedido un montón de préstamos para cubrir los gastos de la casa, porque no solo a él lo tengo con una pensión mínima, tengo a otra persona también. Los gastos son altos, porque tengo que pagar arriendo de la casa, luz, agua, gas y teléfono; entonces, no me alcanza. Tengo un pensionista que me paga $550 mil, pero a los otros dos los tengo con sus pensiones mínimas, pero estoy muy encalillada (endeudada)”, señala Magaly en diálogo con este medio.

La cuidadora de Iván afirma que el hombre se jubiló a los 65 años, luego de haber trabajado como locutor radial y vendedor viajero. Magaly subraya además que con el monto de su pensión apenas puede cubrir gastos elementales, porque “un almuerzo más básico sale $2 mil por día, serían $60 mil solo en almuerzo, si es que se le diera una comida básica, porque aquí les doy ensalada, postre, plato de fondo”.

Pese a la delicada situación de Iván, Magaly asegura estar “confundida” respecto de un eventual cambio al sistema de pensiones. Si bien se inclina por “pedirle opinión a personas que sepan”, mira con buenos ojos una fórmula empleada en Perú, que permite a los cotizantes retirar una parte de su ahorro previsional. Asimismo, pide legislar con el fin de que las AFP “no traspasen sus pérdidas a los cotizantes”.

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