Comedias bárbaras

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Por José Luis  Merino

En sus comedias bárbaras, Valle-Inclán consigue reformar y rebajar sistemáticamente el afiebrado pulso de la realidad, mediante la estilización. Los personajes individuales se trasforman en personajes colectivos, bajo el simultáneo paso de la lírica a la épica, de lo trágico a lo cómico, abastecido por giros originales, exhumación de arcaísmos, mezclados con adornos modernistas, más la fusión del argot casticista y las expresiones cultas.

Entre otras, destacan Cara de plata, Águila de blasón, Romance de lobos. Siendo todas excelentes, dos de ellas rayan a máxima altura, Divinas palabras y Luces de bohemia. En la mayor parte de las piezas se dibujan los trazos de un rudo salvajismo, las crudas muertes, con el entrecruzamientos de ricos caciques con enanos, leprosos, lisiados, preñeces de pastoras, alcahuetas, papatostes con harapos de humo y túnicas de niebla, donde los relámpagos tiemblan con espasmo quimérico…

La acción teatral de Luces de bohemia, tal vez la cima de su ingenio, se desarrolla en un Madrid absurdo, bullente y hambriento. Viene a ser un esperpento trágico de la vida literaria en una sociedad irrespirable. Valle arremete contra el poder, los políticos y gobernantes, además de poner de manifiesto la estulticia de cuantos rodean a su héroe, el poeta Max Estrella, quien, pese a su ceguera, es el más clarividente. Luces de bohemia es una obra rebosante de gracia, ironía, adolorido sentir, ternura a raudales y sumo talento literario.

Con todo, la suma de toda su producción teatral, justifica el ser incluido en la deslumbrante pléyade de autores para la escena del Siglo de Oro, con Calderón y Lope de Vega a la cabeza.

[Pero, mucho mejor que escribir sobre Valle-Inclán, sea leer a Valle-Inclán o escuchar la voz de su teatro]

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