Colombia: Un «sancocho nacional»

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A la memoria de Dolly Alzate y sus perseverantes, valientes y silenciosas luchas al lado de los campesinos y las mujeres del campo, en el Retorno, Guaviare.

Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia. Agítense, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza.

Antonio Gramsci

 

La implementacion de los acuerdos de paz esta en curso y surgen ideas y propuestas para la conformación de un «sancocho nacional» como nuevo movimiento político de las guerrillas campesinas para ampliar la democracia.

 

Introducción.

 

Superada la crisis del proceso de paz suscitada por los resultados adversos del plebiscito del 2 de octubre y el sabotaje sistemático del sector uribista, consolidado un Nuevo Acuerdo de Paz, firmado recientemente por las partes en el Teatro Colon de Bogotá, recuperado el curso de la terminación del conflicto social y armado, proyectada la refrendación en el escenario representativo del Legislativo y previstas las acciones inmediatas de la implementación de los elementos consensuados a lo largo de seis años, resulta conveniente reflexionar sobre los múltiples elementos de la  arquitectura perfilada para aclimatar la paz y la convivencia.

Por supuesto, la solidez y coherencia de  tal reflexión debe acudir a un enfoque multidisciplinar para integrar enfoques de orden histórico, sociológico y politológico.

Pierden seriedad ciertos análisis sesgados y caprichosos que descalifican ligeramente lo acordado por las Farc con el gobierno del Presidente Santos para poner término a su lucha armada de casi 60 años como expresión de la resistencia frente a la violencia de las elites agrarias y mafiosas. Las críticas formuladas para sugerir claudicación y renuncia a principios fundamentales son muy débiles y hacen parte de una retórica delirante que desconoce la realidad y las dimensiones de los procesos políticos emancipatorios. Están en su derecho, por supuesto, pero deberían considerar su nivel de disparate y falta de objetividad. Es fácil despacharse desde la comodidad de las ciudades, los escritorios y las cafeterías contra quienes han mostrado con hechos y sacrificios su capacidad de lucha y consistencia moral. Decir que “Timochenko y su camarilla” se entregaron al régimen capitalista, como lo repiten algunas mediocridades, no amerita mayor preocupación.

La movilización política de los combatientes agrarios y revolucionarios, la constitución de un nuevo movimiento político, la elegibilidad de los guerrilleros, la garantía de su seguridad y preservación de la vida, el Estatuto de la oposición, las reformas electorales y el acceso a los medios de comunicación en condiciones de igualdad, el respeto por la protesta popular y la acción de los movimientos sociales, son asuntos trascendentales que se posicionan sensiblemente en la opinión pública y el debate nacional. Son un acervo político y hacen parte de las acumulaciones hegemónicas de la masa. Acumulación histórica que lleva a la actual fase de democratización.

Las propuestas de un “gobierno de transición” para defender la paz y la conformación de una especie de “sancocho nacional” como partido político, a la manera como lo proponía Jaime Bateman en los años 80, son ideas que han generado controversia  y expectativa.

El “sancocho nacional”.

Un “sancocho nacional” es una aleación política que, a mi juicio, pretende articular elementos sociales y políticos heterogéneos para proyectar un bloque contrahegemonico que sustituya la dominación violenta y retrograda de quienes pivotan en la violencia, la manipulación religiosa y moral.

De lo que se trata es de establecer un bloque político que articule las más disimiles manifestaciones sociales identificadas con la paz.

La paz como “significante vacío”.

La paz debería ser un “significante vacío” que condense las diferentes demandas de los segmentos coincidentes en las posibilidades de la misma como plataforma de transformación profunda de la sociedad. Un “significante vacío” como aquel que en 1917, en Rusia,  dio curso a un salto radical de la vieja estructura feudal predominante en aquella nación. Me refiero a la consiga de “Pan, tierra y paz” que unió a las mayorías sociales para sacudirse el atraso y totalitarismo zarista.

Construir pueblo.

Por supuesto, surgen interrogantes y controversias sobre los potenciales y las condiciones de posibilidad de dicha iniciativa planteada desde el campo de las Farc, como estrategia para construir pueblo. El pueblo de la paz.

La derecha y el establecimiento político tradicional han descalificado tal proyecto. Nace muerto. No tiene posibilidades. La gente odia a las Farc por narcoterrorista. Su partido político estará condenado a la marginalidad y no saldrán  del escaso 1.5% que ha caracterizado a los comunistas y sus conocidos aliados a lo largo de 90 años. Sus planteamientos son vetustos, anticuados, jurásico y no interpretan en lo más mínimo la idiosincrasia del pueblo colombiano. Los derrotaremos en las urnas, son mamertos, proclaman al tiempo Santos y Vargas Lleras. Uribe dice que eso es pan comido. Puro castrochavismo, comunismo trasnochado al que se le debe hacer “resistencia civil” y exterminio social, porque las masas lo repudian.

Una tarea difícil.

Obviamente no basta con proclamar la iniciativa del “sancocho nacional” para que la gente salga en masa a respaldarla. Eso no será fácil. Tendrá muchas dificultades y enemigos muy poderosos bloqueándola, descalificándola y distorsionándola.

La tarea es compleja. Se trata de un reto bastante fuerte, pero se debe asumir. Lo que pasa es que se requiere mucha flexibilidad, mucha imaginación, mucha apertura, mucha paciencia, mucho respeto. Se necesita superar viejas prácticas sectarias, dogmáticas, clientelares, culturales, propias de nichos y guetos delirantes y excluyentes.

Interpretar el nuevo clima político.

Mi sugerencia es que hay que interpretar adecuadamente el nuevo clima creado por el proceso de paz y la apertura política que se proyecta para establecer una democracia ampliada, mediante la concreción de las tres columnas centrales del consenso político establecido en el NAP  firmado en el Teatro Colon y que se refieren a tres temáticas:

Garantías para la oposición política. Se creará un “estatuto de la oposición”, un sistema integral de seguridad para el ejercicio de la política que contiene las garantías para la actividad política. Se incluyen expresamente las reglas para la participación del nuevo partido político en el que se transformarán las FARC, tales como el acceso a medios de comunicación, financiamiento estatal y reconocimiento jurídico.

Participación Ciudadana. Se acuerda el respeto al derecho a la movilización y la protesta pacífica, las garantías para la reconciliación y la no estigmatización por ninguna razón, la participación ciudadana en veedurías, medios de comunicación y en la planeación del desarrollo en los diversos niveles de gobierno, para lo cual se crearán Consejos Territoriales de Planeación. En garantía al tránsito de las FARC a la legalidad, se creará el Consejo Nacional para la Reconciliación y la Convivencia que tendrá a su cargo la pedagogía de paz y la capacitación sobre el acuerdo de paz y la convivencia dirigida a funcionarios y funcionarias estatales.

Participación Electoral. Se establecen medidas obligatorias para la lucha contra la corrupción y la transparencia en los procesos electorales, lo que supone modificaciones en el sistema político y en el régimen electoral, que serán realizadas a partir de recomendaciones de 7 instituciones independientes. Como proceso de tránsito a la democracia, se crearán 16 Circunscripciones Especiales de paz que elegirán 16 Representantes a la Cámara por 2 periodos electorales, en las cuales no podrán participar ninguna de las formaciones políticas con personería jurídica (incluyendo el partido de las FARC), ( Ver http://bit.ly/2gPh908 ).

Profundizar en el análisis de la democracia.

Es por tal razón que se necesita profundizar el análisis sobre la democracia política y sus manifestaciones concretas. Desplegar una serie de consideraciones sintéticas que recojan los elementos estructurales de la crisis estatal y económica de la formación social, para lo cual se  requiere utilizar varios temas o niveles analíticos.

La ruta del proceso de paz.

Con el proceso de paz Colombia atraviesa por un profundo sendero de transformaciones, que se inició hace seis años con el cuestionamiento implícito a los ejes centrales del ciclo estatal anterior, la democracia representativa y el modelo económico neoliberal, así como a sus actores principales, los partidos políticos en el poder, dando lugar a un momento de amplia crisis estatal y reconfiguración política.

Este proceso, que ha impactado las estructuras estatales convencionales y generado una de las reformas políticas más profundas en la memoria histórica colombiana, está ligado a la emergencia de nuevos sujetos en el campo político que irrumpen desde la sociedad civil, es decir, desde las periferias de la política institucional, han posicionado nuevas propuestas y universos simbólicos en el campo político, así como nuevas formas de articulación democrática ampliando sus límites y otorgándole un contenido distinto.

La democracia como orden político produce, entre otras cosa, apertura del tiempo histórico. Un régimen democrático se instaura sobre la base de un conjunto de convicciones; una de ellas es que las sociedades y naciones son posibles de construir, reformar y dirigir en diferentes direcciones en el tiempo y en los contextos regionales y mundiales, de acuerdo a la dinámica de la deliberación que se organiza en su seno, sobre la base de principios de igualdad en la participación política.

Democracia ampliada y apertura del tiempo histórico.

En este sentido, el proceso de paz de los últimos años con las Farc configura una apertura del tiempo histórico, pero desde fuera del escenario de lo que estrictamente podríamos llamar régimen político, es decir, desde otros espacios de vida política que estaban desconectados e, inclusive, en contradicción con aquellos ámbitos institucionales reconocidos por el Estado y organizados por el Estado para incluir representación y participación. Esto implica que las condiciones y fuerzas de democratización se fueron generando, sobre todo, desde fuera del sistema de partidos y desde fuera del régimen político, y lo fueron penetrando a partir de procesos que produjeron un cambio en la composición del sistema de partidos y, por lo tanto, las reformas se están procesando, en parte, hoy en el seno del Estado a propósito de la negociación política de paz.

Estos procesos que vienen de espacios externos al régimen político, porque también son espacios políticos, están creando la condición de posibilidad de realización de varios escenarios participativos y de una Asamblea Constituyente que debería tener como tarea diseñar las condiciones institucionales para el gobierno del país en el largo plazo, pues siempre hay una tendencia a que se produzca un nuevo cierre respecto a cuáles serían los espacios, formas y sujetos de la participación política y del gobierno en el país promovida por la ultraderecha. En este sentido, la democratización, que hay que enfrentar y producir, tendría que evitar la constitución de nuevas formas de monopolio político y, más bien, ir ampliando las áreas de igualdad.

Releer la democracia.

Ante las nuevas realidades políticas y sociológicas, resulta prioritario una lectura centrada de los rasgos y connotaciones que adquiere la democracia, la acción colectiva y las emisiones discursivas de los sujetos, en la medida en que es ahí, en el territorio de las prácticas, donde se gestan las “nuevas” significaciones de la política colombiana y sus nuevos derroteros, pues la tendencia predominante en el seno de la ciencia política ha sido definir democracia como un método de selección y renovación de los gobernantes, a través de elecciones y del funcionamiento de un sistema de partidos competitivos.

La democracia no puede leerse sólo en sus anclajes institucionales sino fundamentalmente en su relación con la sociedad civil, las organizaciones sociales y las contradicciones estructurales que de ella emergen.

Cabe concebir a la democracia como un proceso, como un régimen político, como una cultura política, como un conjunto de espacios políticos, y también cabe tomar en cuenta a los procesos de constitución de sujetos.

La objetivación de los consensos de paz.

Por eso lo que hoy se requiere es un estudio minucioso del proceso de objetivación de los consensos de paz entre el gobierno y las Farc, que se plasmaran en nuevos marcos normativos, legales, de políticas públicas y constitucionales, a partir de las iniciativas de los actores sociales y políticos involucrados, con amplia implicación democratizadora.

Recuperar algunas categorías políticas.

Ahora bien, con el fin de abordar el alcance y orientación de los cambios suscitados en el campo político desde los inicios del proceso de paz, se requiere recuperar algunas categorías conceptuales que trascienden una visión de la política y del poder limitadas a la práctica institucional, y plantear una (re)lectura del concepto de democracia como elemento articulador del campo político colombiano actual, asumiendo que el campo político, más que el puramente institucional, es el espacio de interacciones, cooperación, coincidencias y conflictos, que remite a la esfera de las luchas hegemónicas por el poder (Dussel), pues al hilo de su argumentación, todo campo político es un ámbito atravesado por fuerzas, por objetos singulares con voluntad, y con cierto poder. Esas voluntades se estructuran en universos específicos. El concepto de campo político, desplaza o más bien amplía el análisis hacia la sociedad civil y permite identificar la red de relaciones de fuerzas o nodos, en que cada ciudadano, cada representante o cada organización operan (Dussel).

Lo que requerimos es una reinterpretación de la democracia en el marco de su profundización y ampliación a otros formatos de ejercicio del poder y de la política, situados en las interfaces entre el Estado y la sociedad civil, pues  son palpable las  (re)significaciones de la democracia en este periodo de profundas transformaciones toda vez que el proyecto democrático-participativo incluido en la paz se orienta a la ampliación del campo de la política y a la construcción de ciudadanía por medio de innovaciones en la relación entre Estado y sociedad, así como a una (re)politización de los conflictos y su (re)significación en el campo político.

Las preocupaciones y análisis sobre la democracia en Colombia siempre se han centrado fundamentalmente en la gestión pública e institucional de los gobiernos de turno y en la necesidad de mantener la estabilidad política; así como en el comportamiento de los partidos políticos como factores críticos de la gobernabilidad.

Las limitaciones en dichos paradigmas interpretativos sobre la democracia y sus efectos en los sistemas políticos, nos ponen, nuevamente, ante el desafío de encontrar nuevas narrativas, lecturas críticas y renovadas de la relación entre el Estado y la sociedad, del sistema de representación política y de los núcleos en que se dirime el poder.

Superar la visión monológica de la democracia.

Para ello, en principio es necesario abandonar una visión monológica de la democracia asociada a la estabilidad institucional, y más bien partir de las contradicciones donde el objetivo de la política, más que atacar los conflictos y mitigarlos, consiste en movilizarlos, ponerlos en el centro del escenario, visibilizarlos en el marco de la expresión del pluralismo.

En consecuencia, es inevitable que la democracia vaya mutando su contenido y produzca nuevos efectos de verdad, condiciones que (re)definen lo que es y no es aceptable; pues las condiciones del discurso y los propios discursos no son dados de una vez y para siempre, sino que se transforman a través del tiempo, mediante cambios generales y relativamente repentinos de un episteme a otro, como lo señalara M. Foucault.

En ese sentido, no es posible repensar, también, la democracia sin discutir la noción de ciudadanía.

Esto nos lleva a plantear una concepción de la democracia en torno a otros núcleos, que retoman tanto su primer origen, la polis, como también los núcleos fuertes de la experiencia moderna, que tienen relación con la idea de concebir el núcleo central de la democracia en una combinación de las ideas de igualdad política y autogobierno.

Es decir, un país es democrático en la medida en que introduce y amplía las áreas de igualdad política, en principio, y a través de eso amplía también las áreas de igualdad en otros aspectos de la vida social. Este es un principio para organizar el autogobierno, un régimen político que permita que un país pueda, predominantemente, responder a las pulsiones internas de autogobierno.

Las elecciones no pueden ser el principal criterio para definir el carácter democrático o no de una forma de vida política y el régimen político y de instituciones que la gobiernan. Son un aspecto secundario, y cabe pensar en cómo está articulado con estos otros elementos del núcleo central, es decir, con la igualdad y el autogobierno.

En este sentido, la democratización en el país que ha traído el proceso de paz, tiene más bien como tarea mantener la apertura política y diseñar los espacios políticos e institucionales que permitan mantener la misma, que es el margen de libertad y autogobierno, en términos de capacidad de reforma, a partir de las propias fuerzas y fines que, además, necesitamos para enfrentar como un proceso de construcción, la configuración de un necesario gobierno de transición en el país, para encarar el problema de la igualdad.

En breve, la democratización en curso  implicará ir desarmando las estructuras patrimoniales caciquiles y feudales, que están fuertemente vinculadas a la base del presidencialismo actual, para avanzar hacia formas de cogobierno, es decir, de dirección compartida en un régimen de transición.

Quizás los gobernantes de turno no entienden que, en democracia, el lugar del poder es “un lugar vacío”, es decir que ningún grupo “es” el poder, sino que lo ocupa circunstancialmente, a diferencia de otros sistemas que encarnan en personas o grupos dominantes.

Conclusión.

La viabilidad de un nuevo movimiento político promovido por las Farc está estrechamente asociada con un nuevo modelo de democracia política, con la ampliación de esta mediante la superación de los enfoques institucionalistas y electorales.

Profundizar la democracia implica generar las condiciones para que una fuerza política renovadora, “un sancocho nacional”, afiance el sentido transformador de los acuerdos de paz consolidados.

Armenia, 28 de noviembre del 2016.

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