Colombia. Santos ¿soberanía o muerte?

Este parece ser el lema de Santos luego de conocer el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre el diferendo marítimo entre Colombia y Nicaragua, que redefinió los límites, el presidente Santos afirmo “que no es y no será aplicable hasta tanto se celebre un tratado que proteja los derechos de los colombianos”.

El desconocimiento que hace el gobierno colombiano sobre el fallo de la CIJ, no impide que el proceso siga su curso, lo que si demuestra la profunda incompetencia que tiene el país sobre los fallos, los cuales se deben respetar, si hubiera sido favorable para Colombia, el país seguiría concurriendo, sin que considerada que la CIJ no tiene competencia para fallar. Colombia no es EEUU, que no cumple lo establecido por los tratados internacionales y nada pasa, o que actúa de acuerdo a sus intereses.

Entre su discurso Santos afirmó que defenderá la soberanía hasta con la vida, lo que supone que está creando un frente de guerra, justo cuando se piensa en desactivar el conflicto interno, lo otro que llama la atención sobre su discurso es la defensa de la “soberanía”, país fragmentado no por diferendos limítrofes, sino por la entrada de las multinacionales, que se apropian de una parte del territorio y además explotan sus recursos como si fueran propios y se llevan fuera del país, o la posesión de grandes extensiones de tierra por manos extranjeras.

Santos el que hoy afirma defender la “soberanía” es el mismo que durante su carrera política ha hecho parte de todos los gobiernos neoliberales, que han transformado al país en un gran centro de negocios, repartiendo grandes extensiones del territorio a manos extranjeras dejando sin jurisdicción nacional, los recursos naturales, al arbitrio de monopolios. A esto, no se le llama expansionismo imperialista, sino confianza inversionista, donde la fuerza pública juega un gran papel en la defensa de estas compañías.

Estos compromisos adquiridos con las multinacionales son de obligatorio cumplimiento, en el que el país jamás se ha negado a cumplir los fallos, cuando no le favorecen y por el contrario ponen el riesgo sus finanzas. Hasta el momento ningún gobierno ha hecho el llamado a defender un bien público en manos extranjeras o a expulsar compañías por prácticas ilegales, como financiar paramilitares para apropiarse de tierras para extender sus cultivos, legalización de predios del Estado, entre otras.

En este mismo sentido resulta paradójico que el presidente que invita a defender parte de su territorio hasta con la vida, acabe de entregar parte de un bien público, que no es enajenable, resulta ser un servicio público, que hace parte del Estado, como lo es la hidroeléctrica de ISAGÉN y tenga entre sus negocios pendientes la venta de otros bienes públicos. La desindustrialización también hace parte de la pérdida de soberanía y para ello no hace el llamado a defender.

Por ultimo cabe preguntarse a que le llama Santos pérdida de soberanía y cuál es el papel que los colombianos debemos jugar frente a la defensa del territorio y sus recursos.

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