Colombia: Proyecciones sociopoliticas del 17M/16

 

Para evaluar el Paro y las masivas protestas populares del pasado 17 de marzo es necesario mirar el contexto de aguda crisis política en que se dio.

El Pliego de peticiones del movimiento popular debe ser reorganizado y adecuado a la convocatoria de la multitud.

Hay diferentes miradas sobre la acción colectiva protagonizada por el movimiento sindical, las organizaciones cívicas, las asociaciones campesinas, los estudiantes, profesores, taxistas, camioneros, mineros y activistas de los nuevos movimientos sociales, el pasado 17 de marzo, día para el que fue convocado por el Comando Unitario de las centrales obreras y otras organizaciones populares un paro cívico cuyo sentido se refería a un Pliego general de demandas de 15 puntos.

Si se contrasta lo sucedido con las movilizaciones agrarias del año 2013, especialmente la del segundo semestre, se puede plantear que las manifestaciones del pasado jueves no alcanzaron la contundencia del alzamiento campesino y la indignación agraria,  registrados en el tercer año del primer gobierno de Juan Manuel Santos.

Es muy probable que su organización y justificación hubiesen adolecido de importantes fallas. Lo pertinente es examinarlas para rectificar.

Algunos sugieren cierta confusión en la caracterización del paro cívico, pues se trato de una cadena de manifestaciones y protestas urbanas y rurales (Cauca, Risaralda), de considerable presencia social y popular, como ocurrió en Cartagena, Armenia, Bucaramanga, Pereira, Medellín Cali y Bogotá.

Sin embargo, su impacto e incidencia política tiende a ser desestimados por la arbitraria valoración que se plantea sobre este acontecimiento.

Mi reflexión sugiere medir el alcance de la acción social ocurrida el pasado 17 de marzo por el contexto sociopolítico bastante agitado por diversos fenómenos: me refiero al fallo de la Corte de La Haya para atender las demandas de Nicaragua sobre la plataforma submarina que comparte con Colombia; la fuerte caída de la popularidad de Santos y su gobierno neoliberal, ubicados en un decadente 27%; la profundización devastadora de la crisis económica y fiscal, que se intento paliar con las cifras del PIB del 2015; y la preocupante parálisis de la Mesa de conversaciones de paz con las Farc.

Las multitudinarias manifestaciones para expresar el rechazo a la crisis económica, al neoliberalismo, a las privatizaciones, al alza del IVA, al desempleo y la carestía, agregaron un nuevo factor a la inestabilidad y deslegitimación de las instituciones del Estado y el régimen oligárquico del señor Santos.

Denotaron los altos niveles de ingobernabilidad del aparato estatal.

Es exactamente lo que viene sucediendo con las grandes manifestaciones que acaecen por estos días en Brasil –con proporciones similares a las recientes de acá, en  los términos de los tamaños poblacionales de cada nación- con ocasión del caos judicial y mediático desatado por la ultraderecha de la república carioca, para dar forma a un golpe de Estado suave a favor de los grandes poderes globales asociados al imperio gringo, en plan de asaltar el Presal y la riqueza petrolera de la profundidad marina.

Afirmar que las movilizaciones sociales en Brasil son inútiles o inocuas porque no se compadecen con una nación que alberga más de 220 millones de ciudadanos, no es exactamente un adecuado y objetivo análisis político.

Que lo diga la ultraderecha que explota hasta el frenesí toda expresión pública, mediante la exacerbada manipulación de los medios de comunicación con el fin de apurar el impeachment a Dilma Rousseff y abortar la candidatura presidencial de Lula para el 2018.

En Colombia vienen nuevas acciones populares asociadas con fechas históricas como el 9 de abril y el 1 de mayo. Las mismas recogerán las demandas planteadas en el Pliego elevado a la Casa de Nariño y desatendido olímpicamente por los funcionarios oficiales.

Los problemas siguen vigentes y el desafío consiste en imaginar nuevas formas de lucha que combinadas logren los objetivos principales.

El Pliego de 15 puntos que recibe algunas críticas, razonables por lo demás, debería ser rediseñado, resumido y sintetizado en unas consignas más sencillas para potenciar su capacidad convocante de la multitud. Tales consignas podrían devenir en un “significante vacio o maestro” en el que se vayan anclando las múltiples reivindicaciones y agravios que apalancan la rebelión y resistencia social.

Nota. Esperanzadora la Quinta Cumbre por la paz organizada por la Universidad Libre de Cali en la Universidad Misak, en Santiago, Silvia, Cauca, el viernes 18 de marzo. La emotiva y acertada discursividad de María Fernanda Quintero Alzate y de Mama Liliana Pecehene Muelas, marcaron el sentido de la lucha por la paz, los derechos de las víctimas y el territorio entre los pueblos indígenas. Estimula los elevados niveles de conciencia de los Misak y su ejemplar sentido de la organización y unidad.

Deplorable, en la misma Cumbre, el espectáculo clientelar de los politiqueros en Corinto, con un averiado Angelino a bordo, el sábado 19 de marzo, apurando un plebiscito corruptor y contaminante de la paz, mediante el despilfarro de los recursos de la venta de Isagen en la compra y venta de votos y conciencias, que tanto gusta al Senador Luis Fernando Velasco, el actual jefe del gamonalato santista.

Ejemplar en la pedagogía de la paz, el acto de la Casa Campesina de Sevilla, Valle, el domingo 20 de marzo. Allí, los voceros del Frente Amplio –Camilo López y Fabián Quintero- expusieron con claridad cada uno de los documentos con los avances de la Mesa de paz de La Habana. Esa pedagogía no debería ser sobre generalidades y ocurrencias disparatadas de oradores despistados.

Lucido Daniel Libreros en su crítica económica a la concentración de la propiedad agraria y la riqueza. El paramilitarismo de Estado es una herramienta terrorista de acumulación económica y política de las elites plutocráticas, sostiene en su solido análisis de economía política.

Brillante el rector de Unilibre/Cali, Libardo Orjuela, en su discursividad que recupera la gloriosa memoria de Jorge Eliecer Gaitán, el caudillo popular inmolado por el odio oligárquico liberal/conservador e imperial.

La Imagen es la de Maricela Tombe, líder comunitaria del Cauca, recientemente asesinada por los paramilitares.

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