Publicado en: 5 octubre, 2015

Colombia. Paz y adecuaciones institucionales del Estado

Por Horacio Duque

La paz avanza y las negociaciones, la disputa política, se colocan en el terreno estratégico de las adecuaciones del Estado a lo consensuado en materia agraria, de participación política, cultivos de uso ilícito, fin del conflicto, reformas militares y justicia.

La paz avanza y las negociaciones, la disputa política, se colocan en el terreno estratégico de las adecuaciones del Estado a lo consensuado en materia agraria, de participación política, cultivos de uso ilícito, fin del conflicto, reformas militares y justicia.

Los diálogos de paz son un proceso político que debe reflejarse en transformaciones fundamentales en la estructura del Estado entendido como reflejo de una correlación de fuerzas, como una materialidad de instituciones y como una legitimidad que expresa la hegemonía del grupo directivo en el Estado.

Con la paz dDebe surgir un nuevo Estado en la perspectiva de la democracia y el socialismo que recoja las banderas de cambio de la resistencia campesina revolucionaria y del pueblo colombiano.

Introducción.

El bloque temático identificado con el “fin del conflicto”, del Acuerdo  especial de La Habana para la terminación de la guerra en Colombia y la construcción de la paz en la sociedad, establece la necesidad de adelantar ajustes institucionales para hacer viables los consensos suficientes que se alcancen en cada una de las materias objeto de diálogo y concertación entra el Estado y las Farc (1).

En otros términos, los pactos y coincidencias de La Mesa, han de reflejarse en cambios y reformas al Estado, a su régimen de funcionamiento y a su aparato gubernamental.

Los asuntos ya consolidados, necesariamente deben reflejarse en un rediseño de los entes de gobierno existentes y de los sentidos del Estado.

Me refiero al tema agrario y rural que va a requerir importantes transformaciones en el Ministerio de Agricultura y todo el sector rural del Estado (2) ; al de la democracia ampliada y la participación política, que demandara replanteamientos en el ámbito electoral, el ordenamiento territorial, los sistemas de comunicación, los modelos de participación ciudadana, el régimen de partidos y movimientos sociales, la representación política y la seguridad de la guerrilla convertida en fuerza política (3); a la erradicación de los cultivos de uso ilícito, con nuevos instrumentos de gestión alternativos (4) ; a las reformas militares que ya se adelantan con un reexamen de las teorías de la seguridad del Estado y sus implicaciones en la erradicación definitiva del paramilitarismo, para trascender cierta “crisis existencial institucional” de los aparatos armados en la transición(5) ; y al sensible tema de las víctimas, la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de la no repetición (6), esfera en la que ya está previsto crear una jurisdicción especial de paz, con un Tribunal especifico , diferente a los que existen en los términos de la Constitución de 1991, ciertamente carcomidos por una abrumadora avalancha de corrupción.

Desde luego, las reformas políticos que se observan y los que vendrán son consecuencia de un ajuste en curso en las relaciones entre  Estado  y  sociedad  civil.

Por eso, se trata de ver los cambios estatales en relación a la dinámica de las estructuras sociales y políticas, y en las relaciones entre Estado, gobierno y  sociedad.

Se trata de hacer una mirada  desde la sociología política.

El  Estado  deberá reformarse  en muchos aspectos (7) porque la composición y acción de la sociedad civil y de las culturas comunitarias  cambiara con la implementación de los acuerdos de paz,  produciendo  una  coyuntura  de  posibilidad  y  de  reestructuración  democrática  de  las  relaciones  entre  Estado  y  sociedad,  pero  también  se  desplegaran  los  aspectos  conservadores  contenidos  en  la  sociedad  civil  en  el  polo  propietario  y  desde  los  ámbitos populares.

Por eso, alcanzar el objetivo de la paz ha significado la configuración de un escenario de disputa entre concepciones no compatibles respecto de lo que debería ser el orden posterior no violento.  No se puede omitir que el Estado es una  relación y un conjunto de estructuras que es  resultado de  la  lucha política. El Estado es un campo de  lucha y una  forma  de  lucha  política,  a  la  vez  que  se  pretende  que  sea  la  forma  de  unificación  de  territorios  y  poblaciones,  divididas  por  criterios  de  propiedad,  poder  político  y  cultura.  La  lucha  política  se despliega   fuera  y  dentro  del  Estado,  un  Estado  dividido  por  el  modo en que  los sujetos que gobiernan diferentes niveles y espacios   relacionan  las estructuras estatales  con las estructuras sociales.

El Estado es, en síntesis, campo de disputa por  la reproducción o reforma del orden social.

En ese sentido, a estas alturas del proceso, queda claro que dos bloques sociopolíticos difieren en cuanto a la paz. Hay un bloque estructurado en el funcionamiento de la Mesa de diálogos de La Habana, conformado por las delegaciones plenipotenciarias del gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y de las Farc, el cual pacientemente -con las tensiones inevitables-, ha elaborado coincidencias de la mayor trascendencia. Sería infantil y torpe menospreciar el trecho recorrido en los últimos 48 meses. Su potencial político es gigantesco y hay que blindarlo en todas las formas. Para decirlo en los términos del Jefe revolucionario de las Farc, hay una alianza para la paz entre la resistencia campesina revolucionaria, el Presidente Santos y su gobierno. El otro bloque es el integrado por el núcleo de la ultraderecha que encarna el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Se trata de una tendencia retrograda que hace un sistemático sabotaje al horizonte dibujado para poner fin definitivo a la guerra. Tiene un amplio poder, aunque su margen de maniobra se encoge merced a su desacople con el poder global del gobierno estadounidense de Barak Obama, bastante interesado, como el Papa Francisco y la Unión Europea, en la firma de un acuerdo de la paz en Colombia. En su orfandad geopolítica es muy probable que Uribe y la aglomeración social que acaudilla mute hacia populismos nacionalistas, para no perder audiencia en sectores muy conservadores de la multitud.

Por supuesto, en el punto del Estado y su concepción, esa tensión se exacerba. El Estado en su condición política por excelencia, condensa las contradicciones estructurales de la formación social, es en sus espacios donde presentan más nitidez y valor en la perspectiva de los reordenamientos principales de la nación.

Dada la jerarquía que adquiere en el proceso de la paz el asunto del Estado y su reforma democrática, así como su articulación con el proyecto encaminado a instalar un régimen de participación ampliada, en la perspectiva de establecer el socialismo en Colombia, objetivo explicito del programa de la resistencia campesina revolucionaria en su larga lucha por la emancipación, este documento pretende incursionar en una reflexión de mayor envergadura sobre la teoría del Estado y su reflejo en una estrategia de cambios revolucionarios en Colombia que nos lleven al socialismo.

  1. Izquierda y Estado.

En el campo de la izquierda es diverso el abordaje que se hace del tema del Estado. Hay muchos enfoques y teorías al respecto. Las referencias aluden a los planteamientos de Hegel(8), a las elaboraciones de Marx en varios de sus textos (9) , a las de Federico Engels (10) , a la construcción teórica de Lenin (11)  y los revolucionarios rusos (12) . Más recientemente nuevas corrientes en el marxismo (13) (instrumentalismo, escuela lógica del capital, marxismo estructural), se han ocupado de dicha materia a propósito de las transformaciones del capitalismo introducidas por las corrientes neoclásicas con el modelo neoliberal.

La constitución de gobiernos populares en América Latina como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Brasil, Argentina, Nicaragua, la permanencia de Cuba socialista y el auge de los movimientos sociales en otros Estados, ha propiciado de nuevo el debate sobre el Estado, el régimen político y el gobierno.

Veamos en qué consisten los análisis, las tesis y las reflexiones al respecto y su pertinencia para nuestro caso.

Recojo, para el efecto, recientes formulaciones planteadas por el actual Vicepresidente del gobierno de Bolivia, Álvaro García Linera (14). Su línea analítica se inscribe en el universo teórico construido por René Zavaleta Mercado (15)  y su tipo de poder dual con ocasión de la revolución de 1954 en La Paz. El enfoque del “poder dual” bien puede ser un instrumento que nos permitiría entender mejor la actual coyuntura colombiana, abierta con los diálogos de paz. Vivimos un momento de provisionalidad política, de un cierto “vacío político”, pero también de apertura a una nueva época, como en su momento ocurrió en la constitución del Frente Nacional y la aprobación de la Constitución de 1991, un texto lleno de buenas y malas intenciones, al amparo del cual se implantó el neoliberalismo y la apertura a la globalización, se generalizo el paramilitarismo, se montó el para Estado y la parapolítica, se narcotizó la economía, se masifico el desplazamiento violento de campesinos, se concentró aun más la riqueza, se oligarquizo la política y se profundizó la pobreza y miseria de grandes masas sociales en las regiones. Por supuesto, sería necio negar que la conquista de ciertos derechos permitieron la constitución de nuevas subjetividades comprometidas en la resistencia y la lucha por la emancipación, con logros importantes, aunque limitados, en la movilización indígena (por sus tierras ancestrales), de los afros (Ley 70 /1994 y Consejos comunitarios), de las mujeres, del ambientalismo, de los educadores, de los cocaleros, los campesinos pobres y medios, los Lgbti y las organizaciones políticas de la izquierda articuladas en el Polo Democrático y otras agrupaciones como la UP, MP, el Frente Amplio por la paz y tendencias regionales comprometidas en plataformas autonómicas.

Retomar el debate sobre el Estado tiene, por supuesto, necesarias implicaciones en el punto de la implementación de los acuerdos y su verificación en los términos establecidos. Bien es sabido que se han indicado unos procedimientos y unos instrumentos al respecto. El Presidente Santos tomo la decisión de formular un Acto Legislativo (16)  para crear una Comisión Legislativa especial que se ocupará del tema de la paz, con una reforma al reglamento del trámite legislativo y con unas facultades de paz muy precisas para el Jefe de Estado. De otro lado, las Farc se inclinan por la convocatoria de una Asamblea constituyente popular y soberana (17)  que trace las bases de una nueva estatalidad y un nuevo régimen político. A mi juicio, en las dos ideas está presente, orbita, la categoría del poder constituyente como fuente ontológica de otras materialidades de poder alternativo.

Veamos entonces los alcances de las consideraciones teóricas de García Linera, construidas desde las elaboraciones hegeliana, marxista, leninistas, weberiana, los aportes de Elias, de Zavaleta Mercado y Poulantzas.

En lo que sigue reúno diversas tesis planteadas en varios textos y conferencias del autor.

Su propuesta consiste en estudiar al Estado, en el enfoque de Poulantzas, como una “condensación material de relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clases”

Afirma García Linera, el Estado es eso: una cotidiana trama social entre gobernantes y gobernados, en la que todos, con distintos niveles de influencia, eficacia y decisión, intervienen en torno a la definición de lo público, lo común, lo colectivo y lo universal (18).

Lo que llamamos Estado, agrega, es una estructura de relaciones políticas  territorializadas  y,  por  tanto,  flujos  de  interrelaciones  y de materializaciones  pasadas  de  esas  interrelaciones  referidas  a  la  dominación y  legitimación política. Esta  “relación-Estado”  siempre es  un  proceso  histórico  político  en  construcción,  en  movimiento,  en  flujo. Sin embargo, hay momentos en su historia cuando este devenir  se  mueve  en  un  marco  de  procedimientos,  jerarquías  y  hábitos  relativamente  previsibles  y  acotados;  estos  son  los momentos  de  la  “estabilidad”  de  la  “relación-Estado”.  Pero  cuando  las  jerarquías,  los  procedimientos y los hábitos de la relación-Estado pierden su anclaje  estructural primordial, estamos frente a los momentos de “transición”  de una estructura de relaciones políticas de dominación y legitimación  a otra, es decir, a otra forma de relación-Estado.

  1. Tres ejes analíticos en el tema del Estado.

Hay tres  ejes analíticos, señala García Linera,  del  concepto  de  la  relación-Estado que es preciso tener en cuenta:  El  Estado  como  correlación política de  fuerzas sociales, el Estado como materialidad  institucional y el Estado como idea o creencia colectiva generalizada (19).

Agrega GL que pretende  recoger  este debate,  entendiendo  al Estado, por una parte,  como  una  correlación  política  de  fuerzas  entre  bloques  y  clases  sociales  con  capacidad  de  influir,  en mayor  o menor medida,  en  la  implementación de decisiones gubernamentales o, si se prefiere, como  construcción  de  una  coalición  política  dominante;  por  otra,  como  una maquinaria  donde  se materializan  esas  decisiones  en  normas,  reglas,  burocracias,  presupuestos,  jerarquías,  hábitos  burocráticos,  papeles, trámites, es decir, como institucionalidad. Estos dos primeros  componentes  hacen  referencia  al  Estado  como  relación  material  de  dominación  y  conducción  política.  Y,  en  tercer  lugar,  el  Estado  como idea colectiva, como sentido común de época que garantiza el  consentimiento moral entre gobernantes y gobernados. Con este tercer  componente, se refiere al Estado como  relación de  legitimación  política o, en palabras de P. Bourdieu, como monopolio del  poder simbólico (20).

  1. El Estado como construcción de monopolios.

Esto permite  ver  entonces  al  Estado, señala,  también  como  una  construcción política de monopolios  legítimos sobre determinados  recursos  escasos  de  la  sociedad:  coerción,  recursos  económicos  públicos y  legitimación. En este sentido, el Estado, como  lo definió  Weber (21) ,  es  una  maquina    relacional  que  ha  logrado  a  lo  largo  de  la  historia  monopolizar  el  uso  de  la  coerción  publica  en  un  determinado  territorio  mediante  la  centralización  de  la  fuerza   armada (Fuerzas Armadas, Policía), la punición de las transgresiones   a  los modos de  convivencia  social  (cárceles,  tribunales,  códigos)  y  el disciplinamiento colectivo al cumplimiento de procedimientos y  reglamentos  (acceso y cumplimiento de  las normas publicas). Esta  coerción, si bien se materializa en instituciones (dimensión material  del Estado), y se consagra o se cotidianiza por medio de la continua  internalización,  y  aceptación  pre-refexiva  de  los  procedimientos,  por parte de  los ciudadanos  (dimensión  ideal del Estado),   se  trata  de unas coerciones que han sido fruto de momentos específicos de  luchas, de confrontaciones sociales que han jerarquizado e impuesto  determinadas  visiones  o  necesidades  de  mando  y  control  sobre  otras  necesidades  y mandos  de  otros  sectores  sociales  (el  Estado  como  dominación  –Marx–  o  correlación  de  fuerzas),  y  que  con  el  tiempo  se han consolidado, olvidado en su origen de imposición, y  “naturalizado” como habito social.

Lo mismo, agrega, con los otros dos monopolios que dan lugar al Estado  histórico: de  recursos  económicos  y  de  legitimación  social.

En  el  caso  del monopolio  económico  construido  por  el  Estado,  N.  Elias (22) ,  ha mostrado  como  es  que  el  Estado moderno  ha  ido  consolidando  tempranamente  la  facultad exclusiva de cobrar  impuestos , a  lo que  hay  que  añadir  luego,  la  propiedad  de  las  empresas  públicas  y  la  administración  centralizada  del  presupuesto  general  del  Estado.

Se tiene acá un  hecho  monopólico  construido  mediante  mecanismos  coercitivos,  legitimados  como  obligación  ciudadana  e  institucionalizados como función regular estatal.

Por  último  el  monopolio  del  poder  simbólico  que  detenta  el  Estado,  si  bien  hace  referencia  al  control  de  los  procesos  de  producción  de  las  ideas-fuerza  que  cohesionan  a  una  sociedad,  se  trata de  legitimaciones de  imposiciones, de dominaciones  y  luchas  por  la  imposición  cuya  violencia  ha  sido  “olvidada”  y  reconocida  como “normal” y practicada como parte del mundo dado de las cosas  de una sociedad.

Por  todo ello, otra manera de ver al Estado contemporáneo es  como un proceso de construcción histórica de dominación a partir de  tres grandes monopolios: de la coerción, de la riqueza pública y de la  legitimación política, en el que cada uno de estos tres grandes monopolios  a  la vez ha sido producido por procesos articulados de correlaciones de  fuerzas, de  institucionalizaciones de  esas  correlaciones de  fuerzas  y  de legitimaciones políticas.

En síntesis, plantea García Linera, el Estado es monopolio de la coerción (tal como lo estudió Weber); pero también proceso de monopolización de los tributos (tal como fue estudiado por Norbert Elias); es monopolización de las certificaciones educativas, de las narrativas nacionales, de las ideas dominantes, es decir, de los esquemas de percepción y acción mental con los que las personas entienden y actúan en el mundo; en otras palabras, es proceso de monopolización del sentido común, del orden simbólico , o siguiendo a Durkheim, de los principios morales y lógicos con los que las personas son lo que son en el mundo. La monopolización constante de los saberes y procedimientos organizativos del orden social, es la principal cualidad visible del Estado. Se trata de una monopolización de los principios organizativos de la vida material y simbólica de la sociedad.

  1. Monopolios y comunitarización del Estado.

Sin embargo, no puede existir monopolio legítimo (cualidad primaria del Estado), sin socialización o universalización de los procedimientos, saberes, conquistas, derechos, e identidades. La alquimia social funciona de tal modo que la apropiación de los recursos (coerción, tributos, saberes, etc.), solo puede funcionar mediante la comunitarización general de ellos. En cierta medida, el Estado es una forma de comunidad, ya sea territorial, lingüística, educativa, histórica, mental, espiritual y económica; no obstante, esa comunidad solamente puede constituirse en tanto se instituye para ser simultáneamente usurpada y monopolizada por unos pocos. El Estado es un proceso histórico de construcción de lo común, que ni bien está en pleno proceso de constitución como común, como universal, simultáneamente es monopolizado por algunos (los gobernantes); produciéndose precisamente un monopolio de lo común. El Estado no representa un monopolio de los recursos privados, sino un monopolio de los recursos comunes, de los bienes comunes; y justamente en esta contradicción se encuentra la clave del Estado, es decir, de la dominación social.

El Estado solo puede producirse en la historia contemporánea si produce (como fruto de las luchas y de las relaciones sociales) bienes comunes, recursos pertenecientes a toda la sociedad, como la legalidad, la educación, la protección, la historia cívica, los aportes económicos para el cuidado de los demás, etc.; pero este común únicamente puede realizarse si al mismo tiempo de producirse, también se inicia el proceso de su monopolización, su concentración y su administración por unos pocos que, al realizar esa monopolización, consagran la existencia misma de los bienes comunes. Ahora bien, no puede existir una dominación impune. Ya que los bienes comunes son creados, permanentemente ampliados y demandados, pero solo existen si son a la vez monopolizados; todo ello no puede suceder como una simple y llana expropiación privada; de hacerlo, entonces el Estado dejaría de ser Estado y devendría en un patrimonio de clase o de casta, perdiendo legitimidad y siendo revocado.

El Estado será Estado, o en otros términos, la “condensación de correlación de fuerzas” poulantziana devendrá en una institución duradera de dominación (en Estado), solamente en la medida en que los monopolizadores de esos bienes comunes sean capaces de gestionar a su favor ese monopolio, haciéndoles creer, entender y aceptar a los demás que esos bienes comunes monopolizados en su gestión, son bienes comunes que favorecen también al resto (a los creadores y partícipes de esos bienes comunes). Allí radica el secreto de la dominación: en la creencia experimentada de una doble comunidad, monopolizada en su administración por unos pocos, dejando por tanto de ser una comunidad real, para convertirse en lo que Marx llamaba una “comunidad ilusoria” , pero comunidad al fin.

La dominación estatal es la correlación de fuerzas sociales que instala en la vida cotidiana y en el mundo simbólico de las personas, una doble comunidad ilusoria. Por una parte, la comunidad de los bienes comunes que da lugar a los bienes del Estado, a saber, los tributos comunes (es decir, la universalización de la tributación), la educación común (es decir, la universalización de la educación escolar y universitaria), los derechos de ciudadanía (es decir, la universalización de los derechos jurídicos, sociales, políticos), las instituciones y las narrativas comunes (es decir, la universalidad de la comunidad nacional), los esquemas morales y lógicos de la organización del mundo (es decir, la universalización del sentido común y el orden simbólico de la sociedad). Son bienes comunes construidos para todos (primera comunidad), pero que son organizados, propuestos y liderizados por unos pocos (primer monopolio); aunque a la vez, estos bienes comunes son repartidos y distribuidos para ser de todos los miembros del Estado (segunda comunidad), no obstante esa distribución es al mismo tiempo gestionada y regulada por unos pocos para que solo ellos puedan usufructuar en mayor cantidad, con mayor facilidad, y con capacidad real de decisión y administración, de ella (segundo monopolio).

Así, el Estado se presenta como un proceso de regulación jerarquizada de los bienes comunes. Únicamente podemos hablar de Estado (comunidad) cuando existen bienes comunes que involucran a toda la sociedad; pero esa comunidad solo puede gestionarse y usufructuarse de manera jerarquizada, y hasta cierto punto solamente si es expropiada por unos pocos (monopolio). De ahí que Marx haga referencia al Estado adecuadamente como una “comunidad ilusoria”, pues el Estado es una relación social de fuerzas de construcción de bienes comunes que son monopolizados y usufructuados, en mejores condiciones, por unos pocos. Allí radica no solo la legitimidad del Estado, sino la legitimación o la naturalización de la dominación.

  1. El Estado como relación paradojal.

Así, de cierta manera, la “relación-Estado” es una relación  paradojal. Por una parte, políticamente no hay nada más material (física  y administrativamente) que un Estado (monopolio de la coerción, de  la administración de los impuestos, como núcleo íntimo y fundante),  pero, a  la vez, no hay nada que dependa más en su  funcionamiento,  que de  la creencia colectiva de  la necesidad  (momento consciente) o  inevitabilidad (momento prerrefexivo) de su funcionamiento.

De igual manera, en la administración interna de la maquinaria,  el  Estado  se  presenta  como  la  totalidad más  idealista  de  la  acción  política  porque  es  el  único  lugar  en  todo  el  campo  político  en  el  que  la  idea  deviene  inmediatamente  en materia  con  efecto  social  general,  esto  es:  el  único  lugar  donde  cualquier  decisión  pensada,  asumida  y  escrita  por  los  gobernantes,  deviene  inmediatamente  en materia  estatal,  en  documentos,  informes, memorias,  recursos financieros,  ejecuciones  prácticas,  etc.,  y  esto  con  efecto  social  general. Por ello, se puede decir que el Estado es  la perpetuación y  la constante condensación de la contradicción entre la materialidad  y  la  idealidad  de  la  acción  política,  contradicción  que  busca  ser  superada parcialmente mediante la conversión de la idealidad como  un momento de  la materialidad  (la  legitimidad como garante de  la  dominación política) y la materialidad como momento del despliegue  de la idealidad (decisiones de gobierno que devienen en acciones, de  gobierno también, de efecto social general).

Ya sea como un continuo proceso de monopolización de la coerción, de monopolización del uso de los tributos, de monopolización de los bienes comunes, de monopolización de los universales dominantes, de monopolización de la redacción y gestión de la ley que abarcará a todos; o como institución de derechos (a la educación, a la salud, a la seguridad, al trabajo y a la identidad), el Estado −que es precisamente todo lo anterior en proceso− es un flujo, una trama fluida de relaciones, luchas, conquistas, asedios, seducciones, símbolos, discursos que disputan bienes, símbolos, recursos y su gestión monopólica. El Estado definitivamente es un proceso, un conglomerado de relaciones sociales que se institucionalizan, se regularizan y se estabilizan (por eso “Estado”, que tiene que ver con estabilidad), pero con la siguiente particularidad: se trata de relaciones y procesos sociales que institucionalizan relaciones de dominación político-económica-cultural-simbólica.

El Estado es en casos una institución, una máquina de procedimientos, pero esa máquina de procedimientos, esa materialidad son relaciones, flujos de luchas cosificados que objetivizan la cualidad de las relaciones de fuerza de esos flujos y luchas sociales.

El Estado está constituido por un conjunto de saberes aprendidos sobre la historia, la cultura, las ciencias naturales o la literatura. Pero el Estado también representa las acreditaciones que validan las jerarquías militares, educativas o sociales detrás de las cuales organizamos nuestras vidas (sin saber bien de dónde vinieron); los miedos, las prohibiciones, los acatamientos respecto a lo socialmente correcto y lo socialmente punible; las aceptaciones a los monopolios reguladores de la civilidad; las tolerancias a la autoridad policial o civil; las resignaciones ante las normas que regulan los trámites, los derechos, las certificaciones; los procedimientos legales, financieros o propietarios, aprendidos, asumidos y acatados; las señalizaciones entendidas sobre lo debido o indebido; la organización mental preparada para desenvolverse exitosamente en medio de todas esas señalizaciones sociales rutinarias; la cultura interiorizada por la escuela, por los rituales cívicos, por los reconocimientos instituidos y reconocidos como tales; todo eso es el Estado. Y en ese sentido, se puede decir que significa una manera de conocer el mundo existente y de desenvolverse en éste tal como ha sido instituido; de saber traducir en acción posible los símbolos del orden dominante instituido y saber desenvolver las acciones individuales o colectivas, ya sea como obreros, campesinos, estudiantes o empresarios, según esas cartas de navegación social que están inscritas en las oficinas, las escuelas, las universidades, el Parlamento, los tribunales, las empresas, los bancos, etc.

El Estado es el constante proceso de estabilización de las relaciones existentes (relaciones de dominación) en los cuerpos y marcos de percepción y de organización práctica del mundo de cada persona; es la constante formación de las estructuras mentales con las que las personas entienden el mundo existente y con las cuales actúan ante ese mundo percibido. Estado son, por tanto, las estructuras mentales, los esquemas simbólicos, los sistemas de interpretación del mundo que hacen que cada individuo sea uno con capacidad de operar y desenvolverse en ese mundo, que claramente está jerarquizado pero que al haberse hecho esquema de interpretación y acción posible en el cuerpo de cada persona, deja de ser visto como extraño y más bien deviene como un mundo “naturalizado” por el propio sistema de organización ideal del mundo objetivado en la mente y el cuerpo de cada individuo. Por lo tanto, el Estado es también un conjunto de ideas, saberes, procedimientos y esquemas de percepción, que viabilizan la tolerancia de las estructuras de autoridad instituidas. En cierta medida, se podría decir que el Estado es la manera en que la realidad dominante escribe su gramática de dominación en el cuerpo y en la mente de cada persona, en el cuerpo colectivo de cada clase social; y a la vez representa los procedimientos de producción simbólica, discursiva y moral con los que cada persona y cada cuerpo colectivo se mira a sí mismo y actúa como cuerpo en el mundo. En ese sentido, se puede decir que el Estado es materia y es idea: 50 % materia, 50 % idea.

La sociedad, el Estado y sus instituciones son como la geografía apacible de una campiña. Parecen estáticas, fijas, inamovibles. Pero eso solo es la superficie; por debajo de esa geografía hay intensos y candentes flujos de lava que circulan de un lugar a otro, que se sobreponen unos frente a otros y que van modificando desde abajo la propia topografía. Y cuando vemos la historia geológica, con fases de duración de millones de años, vemos que esa superficie fue trabajada, fue fruto de corrientes de lava ígnea que brotaron sobre la superficie arrasando a su paso toda la anterior fisonomía, creando en su flujo, montañas, valles, precipicios; que con el tiempo, se solidificaron dando lugar a la actual geografía. Las instituciones son igual que la geografía: solidificaciones temporales de luchas, de correlaciones de fuerza entre distintos sectores sociales, y de un estado de esa correlación de fuerza que, con el tiempo, se enfrían y petrifican como norma, institución, procedimiento. En el fondo, las instituciones nacen de luchas pasadas, con el tiempo olvidadas y petrificadas; en sí mismas son luchas objetivadas, pero además, sirven a esas luchas, expresan la correlación de fuerzas dominante de esas luchas pasadas y que ahora, con el olvido funcionan como estructuras de dominación sin aparecer como tales estructuras de dominación. Se trata de una doble eficacia de dominación: son fruto de la dominación para la dominación; pero dominan, con el tiempo, sin aparecer como tales estructuras de dominación.

  1. Estado, formación de las hegemonías y lucha por la emancipación (23) .

De otro lado, el proceso social llamado Estado es un proceso de formación de las hegemonías o bloques de clase; es decir, de la capacidad de un bloque histórico de articular en su proyecto de sociedad, a las clases que no son parte dirigente de ese proyecto. Sin embargo, en la lucha por el poder del Estado siempre existe una dimensión emancipadora, un potencial comunitario que deberá develarse al momento de la confrontación con las relaciones de monopolización que anidan en el proyecto o voluntad estatal.

Al indicar que el Estado es una relación, agrega García Linera, entre las clases poseedoras y una relación con las clases populares, se está criticando no solo la lectura del Estado como cosa, como aparato externo a la sociedad, que fue la que dio origen a las fallidas estrategias elitistas o reformistas de destrucción o de ocupación del Estado que supusieron, en ambos casos, la consagración de nuevas élites dominantes, ya sea por la vía armada o la vía electoral.

Se trata de una invitación a reflexionar sobre el Estado como una relación que busca la dominación, y no como el punto de partida para explicar las cosas y establecer estrategias revolucionarias; más bien como el punto de llegada de complejos procesos y luchas sociales que dan lugar, precisamente, a la dominación. Entonces, la dominación no es el punto de partida para explicar la sociedad, sino por el contrario, el proceso, el devenir, el continuo artificio social lleno de posibilidades, a veces, de incertidumbres tácticas, de espacios huecos de la dominación, que son precisamente los espacios que habilitan la posibilidad de la emancipación o la resistencia.

En ese sentido, si la dominación no es el punto de partida para explicar el mundo, sino un proceso que se está creando a diario, que tiene que actualizarse y verificarse a diario, eso significa que ella no es un destino fatal o ineluctable. Justamente, es en los huecos de la dominación, en los intersticios del Estado y en su cotidiana incertidumbre de realización, que se encuentra, anida y surge la posibilidad de la emancipación. Tal como lo muestra la historia de las verdaderas revoluciones, en medio de la pasividad, de la tolerancia consuetudinaria de las clases menesterosas, de las complicidades morales entre gobernantes y gobernados, es que de pronto algo salta, una memoria de organización se gatilla, las tolerancias morales hacia los gobernantes estallan, los viejos discursos de orden ya no convocan, y nuevos idearios e ideas (anteriormente marginales) comienzan a seducir y convocar cada vez a más personas. La dominación se quiebra desde el interior mismo del proceso de dominación.

El Estado como monopolio de decisiones universalizantes, se ve interpelado desde adentro. Es como si su fundamento escondido de comunidad deseada emergiera en las expectativas de la población, dando lugar a la irrupción de voluntades colectivas que se reapropian de las capacidades de deliberación, imaginación y decisión; surgen esperanzas prácticas de maneras distintas de gestionar lo común. Ciertamente, a veces esas acciones prácticas se proyectan a otros representantes que simplemente reactualizan el funcionamiento de los viejos monopolios estatales con nuevos rostros. Pero si a pesar de ello, en el horizonte comienzan a despuntar nuevas creencias movilizadoras que alimentan el entusiasmo social (al principio, en pequeños sectores, luego, en regiones, y tal vez más tarde, a nivel nacional). Y cuando este despertar social no solo se condensa en nuevas personalidades elegidas, sino que revoca a las viejas élites representantes y desborda la representación electoral con nuevas formas de participación, de movilización extraparlamentaria, plebeya y, encima, busca sustituir los profundos esquemas mentales con los que la gente organiza moral y lógicamente su vida cotidiana. Cuando todo ello sucede, estamos ante procesos revolucionarios que afectan la estructura misma de las jerarquías sociales en la toma de decisiones, que diluye las viejas certidumbres sobre el destino, y lanza a la gente a participar y a creer en otras maneras de gestionar los asuntos comunes. En otras palabras, estamos ante una crisis general de Estado, cuya resolución solo puede transitar por dos vías: por una restauración de las viejas creencias o relaciones de fuerzas, o por unas nuevas relaciones de fuerza, creencias movilizadoras y modos de participación, es decir, por una nueva forma estatal, cuyo grado de democratización social dependerá de la propia capacidad con la que los subalternos sean capaces de sostener, en las calles y en las instituciones, la participación en la gestión de lo común.

El orden estatal es, también, un orden de educación, de saberes funcionales, de territorialización de los ciudadanos y de producción de expectativas lógicas y morales sobre el propio orden del mundo, de la familia, de los individuos. Sin embargo, no se trata de una producción cerrada automática. Ya mencionamos que tiene vacíos e incertidumbres; y es ahí, en esos espacios de incertidumbre, que entran en juego otras propuestas de producción de sentido, otros horizontes posibles, otras expectativas movilizadoras, individuales, grupales o sociales, que pueden ser de carácter político revolucionario, conservador, religioso, identitario, comunitario, entre otros.

Está claro que el Estado es el monopolio de las ideas-fuerza que orientan una sociedad. Sin embargo, si las expectativas estatales no se corresponden con la realidad experimentada por los grupos sociales, se forma una masa crítica de disponibilidad hacia nuevas creencias portadoras de esperanza y de certidumbre. Y esas disponibilidades a nuevas creencias pueden crecer más a medida que el Estado separa el orden real de las cosas respecto al orden esperado. Cuando esta separación entre lo real y lo ideal se agranda y abarca a más sectores (jóvenes, obreros, migrantes, estudiantes, etc.), se abre el espacio de una amplia predisposición a la revocatoria de las viejas creencias.

Dependiendo de la correlación de fuerzas entre los otros emisores discursivos alternativos, asistiremos a un crecimiento de identidades políticas de derecha, de izquierda, locales, comunitarias o religiosas.

Por otro lado, el poder de Estado igualmente puede ser constructor de identidades sociales, de fracciones de clase movilizada, y de movilizaciones ciudadanas en torno a miedos o defensas colectivas. Es más, en ciertos momentos puede tener un papel altamente influyente en la promoción de identidades, pero nunca lo hace sobre la nada; es decir, ninguna identidad social puede ser inventada por el Estado. Más bien lo que hace el Estado es reforzar, promocionar, visibilizar, empoderar agregaciones latentes, expectativas potenciales, y esconder, devaluar, invisibilizar otras tantas identidades anteriormente existentes; aunque está claro que el Estado no hará nada que, de una manera u otra y a la larga, reafirme su propia reproducción y sus propios monopolios. El miedo puede ser un factor aglutinante, pero no es un factor de construcción de un nuevo orden ni de autodeterminación. Y tarde o temprano, la sociedad deberá peguntarse acerca de las condiciones históricas de la producción del miedo, y las acciones arbitrarias del Estado que hayan llevado a que la sociedad se sintiera como en un castillo asediado. El asedio al castillo nunca será una acción descabellada; siempre resultará ser una acción defensiva en contra de algún agravio histórico. Y esta no es la excepción.

Si el Estado capitalista moderno es una relación social que atraviesa a toda la sociedad y a todos sus componentes: las clases sociales, las identidades colectivas, sus ideas, su historia y sus esperanzas; entonces, el socialismo, entendido como la transformación estructural de las relaciones de fuerzas entre las clases sociales, necesariamente tiene que atravesar al propio Estado. Y lo atraviesa justamente como la democratización sustancial de las decisiones colectivas, de la gestión de lo común, como desmonopolización creciente de la producción de los universales cohesionadores; es decir, como irrupción de la democracia en las condiciones materiales y simbólicas de la existencia social.

  1. El Estado en tiempos de cambio y transición.

Qué podemos entender por Estado en momentos en que su  forma social está en duda, en proceso de incertidumbre o, si se prefiere,  en  momentos  en  que  se  construye  una  nueva  estructura  estatal, como la que se plantea en estos momentos con los diálogos de paz..

Retomando  las  características  de  los  tres  componentes  estructurales  de  la  relación  estatal  y  esos  tres  “ladrillos”  básicos  de  su  composición   veamos  algunos  elementos  del  Estado  en  transición  o momentos  de  revolución  política  de  las  sociedades.  Para  ello,  son  reveladores  los  textos  de  Robespierre (24)  ,  también  los de Marx en  los que escribe sobre  la  revolución europea  de 1848-18507  y  sobre  la Comuna de Paris en 1871 (25) , al  igual que  las  reflexiones de Lenin en el periodo 1918-1920 (26)  y, por  supuesto, René  Zavaleta Mercado cuando estudia la revolución de 1952 (27) .

En lo que se refiere a los estudios del Estado como continuidad  y reproducción, hay bastantes aportes en  la sociología del Estado. En  ello,  las  investigaciones  sobre  el  proceso  de monopolización  de  la  coerción legítima y de los impuestos, de construcción de los sistemas  legales y judiciales, y del papel del sistema escolar como reproductor  de  las  relaciones de dominación,  son  líneas de estudio de  los  largos  periodos de regularidad y la reproducción del Estado.

Se trata de temáticas que se pueden  incorporar  al  bagaje  sociológico  del  estudio  del  Estado  en  tiempos  de  estabilización  o  de  estabilidad  como  espacio  de  dominación  a  partir de correlaciones de fuerzas, de instituciones que objetivan esa  correlación  de  fuerzas    y  de  ideas  que  legitiman  y  “naturalizan”  las  relaciones de fuerza.

Ahora  bien,  estas  tres  dimensiones  o  caras  del mismo  orden  estatal,  en  momentos  de  cambio  de  forma  y  contenido  social  del  Estado,  presentan transformaciones  diferentes  en  su  profundidad  y  velocidad, de acuerdo al momento o etapa de la crisis de Estado que se  está atravesando.

Esquemáticamente, dice García Linera,  se puede  resumir  que  toda  crisis  estatal  atraviesa cinco etapas históricas:

El  a)  momento  del  desvelamiento  de  la  crisis  de  Estado,  que  es  cuando el sistema político y simbólico dominante que permitía  hablar  de  una  tolerancia  o  hasta  acompañamiento  moral  de  los  dominados  hacia  las  clases  dominantes,  se  quiebra  parcialmente, dando lugar, así, a un bloque social políticamente  disidente con capacidad de movilización y expansión territorial  de esa disidencia convertida en irreductible.

De consolidarse esa disidencia como proyecto político nacional  b)  imposible de ser incorporado en el orden y discurso dominante,  se da inicio al empate catastrófico, que habla ya de la presencia  no sólo de una fuerza política con capacidad de movilización  nacional como para disputar parcialmente el control territorial  del bloque político dominante, sino además, de la existencia de una propuesta de poder  (programa,  liderazgo y organización  con voluntad de poder estatal), capaz de desdoblar el imaginario  colectivo de  la sociedad en dos estructuras políticas-estatales diferenciadas y antagonizadas.

Renovación  o  sustitución  radical  de  élites  políticas c)   mediante  la  constitución  gubernamental  de  un  nuevo  bloque  político  que  asume  la  responsabilidad  de  convertir  las  demandas  contestatarias en hechos estatales desde el gobierno.

Construcción, reconversión o restitución conflictiva de un bloque  d)  de poder económico-político-simbólico a partir del Estado, en la  búsqueda de ensamblar el  ideario de  la  sociedad movilizada  con la utilización de recursos materiales del o desde el Estado.

Punto  de  bifurcación e)    o  hecho  político-histórico  a  partir  del  cual  la  crisis  de  Estado,  la  pugna  política  generadora  de  desorden  social  creciente,  es  resuelta mediante una  serie de  hechos de fuerza que consolidan duraderamente un nuevo, o  reconstituyen el viejo, sistema político (correlación de fuerzas  parlamentarias,  alianzas  y  procedimientos  de  recambio  de  gobierno),  el  bloque  de  poder  dominante  (estructura  de  propiedad  y  control  del  excedente)  y  el  orden  simbólico  del  poder estatal  (ideas  fuerza que guían  las  temáticas de  la vida  colectiva de la sociedad).

Ahora  bien,  ¿cuáles  son  los  puntos  nodales  de  la  estatalidad  cuando  queremos  ver  al  Estado  en  tiempos  de  transición?  En  otras palabras: ¿Cómo acercarnos al estudio de los mecanismos, las formas y los medios de consagración y legitimación duradera de una correlación de  fuerzas  políticas?  ¿Cómo  se  convierte  en  estable  una  eventual estructura de relaciones políticas diferente a la anteriormente vigente? ¿Cómo —en palabras más académicas— se consolida un régimen de mando y de poder social tanto material como simbólicamente?

Es  claro  que  en  los  momentos  de  estabilidad  política  y  de  estabilidad  estatal  esos  tres  componentes  que  hemos nombrado:  el  Estado  como  correlación  de  fuerzas,  el  Estado  como máquina  y  el  Estado como idea, se definen como estables porque se mueven en un  ámbito de previsibilidad  y de no antagonismo  radical ni de quiebre  en  sus  componentes  internos.  Por  lo  tanto,  su  preservación,  su  transformación y su reconversión, que son también flujos de trabajo de  poder, son, en cierta medida, previsibles a partir de ciertos parámetros  de movimiento  interno de  las  ideas dominantes, de  la maquinalidad  administrativa y de la correlación de fuerzas sociales.

En  cambio,  en  tiempo  de  crisis  estatal,  cada  uno  de  estos  componentes:  la  máquina,  la  correlación  de  fuerzas  y  la  idea o  imaginación  política,  presentan  ámbitos  de  antagonismo  recurrente,  inestabilidad e  incertidumbre estratégica en cuanto a  su  funcionamiento. Es decir, la forma cotidiana de reconocer a un Estado  en transición es la incertidumbre duradera de la vida política de una  sociedad, la “gelatinosidad” conflictiva y polarizada del sentido común  colectivo,  la  imprevisibilidad  estratégica  de  las  jerarquías  y mandos  de  la sociedad a  largo plazo, que bien podemos denominar crisis de  Estado.

Finalmente,  recojamos, señala GL,  el  concepto  del  punto  de  bifurcación retomado del profesor de física Ilya Prigogine (28) , quien estudió  los  sistemas alejados del punto de equilibrio. Él vio que, a partir de  cierto tiempo, estos sistemas alejados del punto de equilibrio pueden  dar lugar a un nuevo orden. A este punto de conversión del desorden  del sistema en orden y estabilización del sistema, Prigogine le llamó: punto de bifurcación.

En  el  ámbito  de  las  estructuras  estatales  en  crisis  (“sistemas  alejados  del  equilibrio”),  éstas  se  caracterizan  por  la  inestabilidad  y  la  confrontación  política.  Se  trata  de  auténticos,  generalizados  y  desnudos momentos de lucha por el poder político. Pero, en la medida  en  que  ninguna  sociedad  puede  vivir  perpetuamente  en  un  estado  de  lucha generalizada y antagonizada por el poder,  la sociedad, más  pronto o más tarde, ha de inclinarse por la estabilización del sistema  o construcción de un orden estatal que devuelva la certidumbre a las  estructuras  de  dominación  y  conducción  política.  A  este momento  histórico-específico, fechable, a partir del cual el Estado se estabiliza, se denomina: punto de bifurcación.

Si  uno  revisa  los momentos  de  la  construcción  de  cualquier  nuevo  Estado  —el  nacionalista,  el  republicano,  la  comuna,  el  soviético, el chino, el cubano, el boliviano— verá que siempre han tenido un punto de bifurcación de  su estructura de poder.

Ahora, este punto de bifurcación  tiene varias características;  la  primera es un momento de  fuerza, no de diálogo ni necesariamente  un punto violento, pero sí es un momento donde se tienen que exhibir  desnudamente las fuerzas de la sociedad en pugna, se tienen que medir  las capacidades y, en ello, definir  la suerte definitiva e  irreversible de  cada uno de los contrincantes.

En segundo lugar, el punto de bifurcación es un momento donde  las  antiguas  fuerzas  asumen  su  condición  de  derrota  o  las  nuevas  fuerzas ascendentes asumen su imposibilidad de triunfo y se repliegan.

Es un momento donde una fuerza social o un bloque de fuerza asume  el mando reconocido por los que aceptan obedecer, dando lugar a una  nueva complacencia moral entre gobernantes y gobernados.

En tercer lugar, es un momento donde la política  es  fundamentalmente  la  continuación  de  la  guerra  por otros medios y no a  la  inversa.

Aunque  también  las  construcciones  de  consenso  sociales  son  necesarias,  pero  a  partir  de  legitimaciones o deslegitimaciones de hechos de  fuerza. En otras  palabras, el punto de bifurcación es un momento donde  la situación  de todos se dirime en base al despliegue de correlación de fuerzas sin  mediación alguna: fuerzas materiales, simbólicas y económicas.

Colocados en ese sitio de bifurcación conviene adentrarse en una reflexión de mayor calado. Me estoy refiriendo a los caminos que se abren, en esta reflexión sobre lo estatal, a las articulaciones entre el Estado y la hipótesis socialistas.

Ese será tema de un próximo trabajo, en el que vamos a proponer unas conclusiones generales sobre este campo analítico que surge con el proceso de paz en curso en la Mesa de diálogos de La Habana, la cual tiene otros temas pendientes de gran envergadura.

Notas.

1 Ver punto 5 del Tema 3 de la Agenda temática de los diálogos adelantados en La Mesa de La Habana en el siguiente enlace electrónico https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/AcuerdoGeneralTerminacionConflicto.pdf cuyo texto indica que:  5. El Gobierno Nacional revisará y hará las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de laconstrucción de la paz.

2 Ver texto completo del consenso agrario entre el gobierno y las Farc en el siguiente enlace electrónico http://www.elpais.com.co/elpais/archivos/reforma-rural-proceso-de-paz.pdf

3 Ver texto completo del consenso sobre participación política entre el gobierno y las Farc en el siguiente enlace electrónico http://www.elpais.com.co/elpais/archivos/participacion-politica-proceso-de-paz.pdf

4 Ver texto completo del consenso suficiente sobre erradicación de cultivos de uso ilícito en el siguiente enlace electrónico http://www.elpais.com.co/elpais/archivos/drogas-ilicitas-proceso-de-paz.pdf

5 Sobre los cambios anunciados en la doctrina de seguridad del Ejercito ver el siguiente enlace electrónico http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/debate-transformacion-del-ejercito-para-la-paz/16386508

6 Sobre el acuerdo entre el gobierno y las Farc en el tema de verdad, justicia, reparación y no repetición ver el siguiente enlace electrónico http://www.elheraldo.co/internacional/esta-es-la-declaracion-conjunta-del-gobierno-y-las-farc-sobre-acuerdo-de-justicia

7 Sobre las reformas al Estado colombiano adelantadas después de la expedición de la Constitución de 1991 ver la presentación que de las mismas hace Edgar Gonzales, experto en  el tema, en el siguiente enlace electrónico http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/2707-la-reforma-al-estado-bondades-y-limitaciones.html

Anotemos que dichas reformas se han adelantado en el marco del paradigma de la Nueva Gestión Pública que es un matrimonio neoliberal entre el nuevo institucionalismo y la gerencia profesional, ver al respecto el siguiente enlace electrónico http://www.ief.es/documentos/recursos/publicaciones/revistas/presu_gasto_publico/47_GarciaSanchez.pdf

8 Sobre el concepto de F. Hegel sobre el Estado ver el siguiente enlace electrónico http://www.consensocivico.com.ar/uploads/554b635248793-Avalos%20Tenorio-Hegel%20y%20su%20concepto%20de%20Estado(CC).pdf

9 Para una visión de Marx sobre el Estado ver el siguiente enlace electrónico https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/congreso08/conf4_mendez_gomez.pdf

10 Para acercarse a la teoría de Engels sobre el Estado ver el siguiente enlace electrónico https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf

11 Sobre el enfoque teórico de Lenin acerca del Estado ver los siguientes enlaces electrónicos http://juventud.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2009/05/el-estado-y-la-revolucion-lenin.pdf y  https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/11071919.htm

12 Ver la aproximación de Troski al tema del Estado en el siguiente enlace electrónico https://www.marxists.org/espanol/trotsky/revperm/rp10.htm

13 Sobre el debate contemporáneo acerca del Estado ver el siguiente enlace electrónico http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/RT3MSCD14BXP6A8V3GETHVH69JU2JK.pdf

14  Acá recojo las reflexiones del actual Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sobre el tema del Estado que se encuentran en el texto El Estado campo de lucha al cual se puede acceder en el siguiente enlace electrónico http://bvsde.org.ni/clacso/publicaciones/estado.pdf , de igual manera sus análisis sobre el pensamiento de Nikos Poulantzas disponibles en el siguiente enlace electrónico http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195607

15 Sobre la obra de Rene Zavaleta Mercado ver el trabajo de grado para optar su doctorado de Luis Tapias en el siguiente enlace electrónico http://biblioteca.clacso.edu.ar/Bolivia/cides-umsa/20120906015335/tapia.pdf

16 Sobre el Proyecto de Acto legislativo para la paz formulado por el gobierno del Presidente Santos ver el siguiente enlace electrónico http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/proceso-de-paz-radican-acto-legislativo-para-implementar-acuerdos/16375176

17 Sobre la propuesta de las Farc para convocar una Asamblea Constituyente ver el siguiente enlace electrónico http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57042

  1. Ver el siguiente enlace electrónico http://bvsde.org.ni/clacso/publicaciones/estado.pdf

19  Ver siguiente enlace electrónico http://bvsde.org.ni/clacso/publicaciones/estado.pdf

20 Ver siguiente enlace electrónico http://epistemh.pbworks.com/f/9.%2BBourdieu%2BRazones%2BPr%C3%A1cticas.pdf

21 Ver siguiente enlace electrónico https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2014/08/max-weber-economia-y-sociedad.pdf

22 Ver siguiente enlace electrónico http://sociologiac.net/2009/04/13/descarga-del-dia-el-proceso-de-la-civilizacion-norbert-elias/

23 La reflexión de García Linera sobre este tema, que asumimos completamente, se hace sobre la lectura del texto de Nikos Poulantzas Estado, democracia y socialismo que se encuentra en el siguiente enlace electrónico http://www.laondadigital.uy/wp-content/uploads/2015/08/Nicos-Poulantzas-Estado-Poder-y-Socialismo.pdf

24 Ver siguiente texto citado por García Linera, Robespierre, Maximilien, “Sur les principes du gouvernement revolutionnaire”, en Oeuvres Completes. Paris, 1968.

25 Ver los siguientes textos citados por García Linera, Marx, Karl, Las revoluciones de 184. México, Fondo de Cultura Económica, 1989; Marx, Karl, La Guerra Civil en Francia. Pekín, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1978.

26 Ver siguiente texto citado por García Linera Lenin, V.I. Escritos entre octubre de 1917 y 1979, en Obras Completas, Tomos 27, 28, 29, 30. México, Ediciones Salvador Allende, S.f.

27 Ver el siguiente texto de Zavaleta Mercado citado por García Linera Zavaleta, Rene, El poder Dual. La Paz, Editorial Los Amigos del Libro, 1987; La caída del mnr y la conjuración de noviembre. La Paz, Editorial Los Amigos del Libro, 1995.

28 Sobre Prigogine y su teoría del punto de bifurcación ver los siguientes textos citados por García Linera 9 Ilya Prigogine (25 de enero de1917 Moscú – 28 de mayo de 2003, Bruselas) fue un físico, químico,sistémico y profesor universitario belga de origen soviético, galardonado con el Premio Nobel de Química del año 1977; Prigogine, Ilya, ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Barcelona, Tusquets Editores, 1983.

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