Colombia. Ospina diagnostica a Cali

Cali es una joya histórica y un santuario urbano que atrae miles de seres humanos del Pacifico colombiano. La ciudad alberga casi 250 mil víctimas de la violencia y más de 300 reincorporados de las Farc que demandan una pronta acción de sus dirigentes.

A Cali la asedia la inseguridad, los problemas de micro tráfico, el consumo de drogas, la violencia letal del narcotráfico y las otras plagas del mundo urbano contemporáneo.

El derecho a la movilidad es mínimo, pues los problemas del transporte brotan por todo el territorio. Su sistema de transporte masivo (MIO) no es suficiente y presenta serias fallas en perjuicio de los habitantes de las comunas más pobres, tanto de Agua Blanca como de la ladera occidental.

Esta época de preparación de las elecciones del próximo burgomaestre de Cali es propicia para la controversia y el examen de todos los males que golpean a las comunidades. Es época de controversia y lecturas con enfoques diferentes, dependiendo de los intereses políticos y de las cosmovisiones de los candidatos en la competencia.

Jorge Iván Ospina es el líder con mayor ascendiente y credibilidad de los candidatos postulados, entre quienes se encuentran Roberto Ortiz, Alejando Eder, dos figuras muy ligadas a las viejas y tradicionales formas del poder de la derecha hacendaria, clientelar y violenta. Ortiz es la ficha del tenebroso uribismo que está de regreso con todas sus tropelías conocidas; y Eder es el rostro maquillado de las oligarquías del azúcar que hacen riqueza en negocios turbios con las tierras despojadas por los paramilitares a miles de campesinos en el Vichada, el meta y el Guaviare en los llanos Orientales del país.

Ospina ha construido una propuesta popular y democratizante que, lejos de todo radicalismo hirsuto, se acerca a los apremios de casi tres millones de ciudadanos.

Veamos su lectura y diagnóstico de las problemáticas centrales de la capital del Valle del Cauca.

El punto de partida de este reputado medico educado en Cuba es su lectura de la configuración histórica de Cali.

Cali, dice, cumplió este 25 de julio 483 años. Sus calles han atestiguado el paso de la historia: primero, los poderes fundacionales de una conquista feroz; luego, hace doscientos años, levantando su voz de libertad e independencia, el tránsito de la comarca colonial al villorrio republicano; después, la formación de una ciudad capital en el centenario de la República y la emergencia de una ciudad masiva hace apenas cinco décadas. Esa su apretada lectura de la historia de la ciudad que quiere gobernar, hoy convertida en Distrito Especial, Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios con un nuevo horizonte del territorio urbano y rural, proyectando la figura administrativa de Distrito Especial hacia articulaciones como ciudad-región con perspectivas de área metropolitana[1].

Sin embargo, agrega Ospina, para avanzar en la perspectiva del progreso, “es necesario afrontar y revisar las condiciones en las que se desarrolla el diario vivir de la Cali de hoy. Veamos, sugiere, algunas de ellas:

Tenemos indicadores de alta vulnerabilidad, de riesgo físico y social, de fragmentación y segregación territorial que restringen la sustentabilidad del territorio en el corto y mediano plazo.

Rectificar el manejo del territorio.

Señala que los estudios recientes de microzonificación de la base natural y la estructura ecológica principal, los indicadores de cambio climático, los estudios de riesgo y vulnerabilidad física del municipio, y los indicadores sociales de la encuesta SISBEN, evidencian la necesidad de asumir un camino de rectificaciones y reconciliaciones históricas mediante la gestión integral de nuestro ordenamiento territorial.

Se ha hecho ciudad contra las aguas.

En muchos casos hemos construido nuestra red de hábitat rural y urbano contra las aguas que nos circundan; nuestras fuentes hídricas han sido mal administradas y contaminadas. A partir de ese error estratégico llegamos a situaciones que afectan la prestación de los servicios públicos de acueducto, alcantarillado y aseo, con deficiencias en el almacenamiento de agua, en la gestión adecuada de residuos y en las redes de agua potable, afectando nuestras fuentes superficiales y subterráneas y la calidad de vida de nuestros entornos.

Malas Plantas de Tratamiento de Aguas.

Del mismo modo, hay precariedad en las Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTARs) pues no están debidamente ubicadas, articuladas y gestionadas como sistema integral sobre el territorio, en beneficio de toda la cuenca del río Cauca.

Corregir las condiciones del hábitat.

Las condiciones de hábitat demandan también de respuestas, tanto en el plano de la vivienda, en el cual tenemos un sostenido déficit cuantitativo y cualitativo, como en el ámbito del espacio público que sostiene una tasa deficitaria de metros por cada ciudadano.

La movilidad es un desastre.

Nuestros sistemas y modalidades de movilidad no están suficientemente estructurados; la infraestructura, tecnología y gestión, resultan insuficientes para las magnitudes, características y demandas ciudadanas, lo que se refleja en altos niveles de congestión, inseguridad y contaminación.

POT inútil y limitado.

En ese contexto es evidente la fragilidad en la implementación y gestión del Plan de Ordenamiento vigente (2014) y la debilidad de sus instrumentos de aplicación (Planes Parciales Zonales) y de control (Expediente Municipal). Para ponerlo en práctica con un sentido de justicia territorial y participación ciudadana es necesario complementarlo con los aspectos específicos que demandan las dinámicas poblacionales y territoriales, especialmente con las nuevas condiciones de Distrito Especial.

Cali, polo de atracción habitacional.

Somos un polo de atracción habitacional y financiera para poblaciones de distintos sectores del país, algunas empujadas por la pobreza y el conflicto armado, lo que ha generado una presión demográfica, y un desarrollo inmobiliario y espacial desordenado y con precarios diseños. La coyuntura migratoria dinamizada por la crisis de Venezuela, trae nuevos pobladores hacia las zonas de desarrollo urbano incompleto y a ocupar el escaso espacio público.

Crece la marginalidad urbana.

La ciudad emergente resulta masificada en las márgenes, su hábitat es frágil, especialmente en los sectores populares asentados en condiciones precarias, con desorganización en la movilidad, en el uso del espacio público y en el trámite cotidiano de las relaciones vecinales, comunitarias, productivas y ciudadanas.

Una crisis de la vida.

En ese horizonte, estamos enfrentados a una crisis de la vida en el territorio urbano, que resulta de la emergencia desatendida, de la vulnerabilidad en los diversos ámbitos cotidianos y ciclos vitales del conglomerado humano y del tejido socio-ecológico.

Población en riesgo.

Prima aquí el riesgo de la población infantil, de la adolescencia, la vejez y la juventud, de las mujeres, de los grupos étnicos, de la población en situación de discapacidades, de los grupos de diversidad sexual y de los otros seres sintientes. En general, estos ámbitos de riesgo afectan el conjunto de la caleñidad que se percibe a sí misma con crecientes niveles de inseguridad humana.

Las nuevas violencias urbanas.

Llama la atención que el perfil epidemiológico del municipio indica que los homicidios a partir de 2015 han dejado de ser la primera causa de muerte, que las enfermedades hipertensivas han pasado de ser la 9ª causa en 1999 a colocarse paulatinamente en el primer lugar, que otras enfermedades del sistema respiratorio y las neumonías son dos veces más mortíferas que los homicidios. Se observa también que los accidentes con vehículo automotor son hoy la 9ª causa de muerte, manteniendo el mismo lugar prácticamente desde finales del siglo pasado. Muchas de estas causas pueden ser atendidas mejorando las condiciones y modos de vida mediante acciones preventivas y de superación de círculos de pobreza.

Continúan las violencias sociales con alta letalidad.

Sobrepasamos el número de cincuenta mil personas asesinadas en los últimos cuarenta años, lo que ha ocasionado un estado crítico de adaptación a las lógicas de la violencia y las mafias que se despliegan cíclicamente entre el crimen organizado, la puerta giratoria de lo ilegal y legal, y las manifestaciones cotidianas de intolerancia que se anidan en patrones patriarcales de negación de la diferencia y violencias de género, especialmente contra la mujer y las comunidades LGTBIQ+, sin dejar de lado las violencias contra los animales y contra la naturaleza y los otros seres sintientes.

Crecimiento del micro tráfico.

Ante estos fenómenos, entre los cuales el más crítico es el crecimiento del micro tráfico, las respuestas han insistido en una lógica del resultado, sin consolidar políticas públicas y procesos que involucren el conjunto de la sociedad y a las instituciones en un modelo de seguridad ciudadana transversal que genere ambientes, condiciones y experiencias de convivencia pacífica estables.

Los ciclos de deshumanización.

Muchos casos de exclusión, inequidad y falta de oportunidades están evidenciando ciclos de deshumanización y dificultades de acceso a ingresos económicos, alimentación y salud, determinantes de informalización y sufrimiento social.

Crece la economía y sigue la pobreza.

Según los indicadores publicados por gremios, y calificadoras financieras, entre el 2008 y el 2018 la economía del Valle del Cauca y de Santiago Cali ha crecido; sin embargo, eso no se refleja en las condiciones de vida de los ciudadanos. Aunque en algunos casos se han mejorado los indicadores de pobreza, han surgido nuevas formas de ella que problematizan los avances en el plano socio-económico.

Desempleo crítico.

Para la población caleña el desempleo es un factor crítico que se mantiene en un indicador fluctuante entre 12% y 13%, pero la informalidad hasta el 2018 alcanzó el 47%, una de las más altas del país después de Bucaramanga y Barranquilla. Este indicador, casi invariable en las últimas décadas, es un síntoma de las dificultades que hemos tenido para relacionar procesos productivos con bienestar y servicios para la mayoría de las comunidades, especialmente para la población afrodescendiente e indígena del área urbana, configurándose una segregación racial y socio espacial.

La perversa relación de derechos y deberes.

En esos contextos la relación entre derechos y deberes sigue capturada por lógicas asistenciales y subsidiarias. Asuntos como la salud se agotan en estrechos márgenes de atención puntual a síntomas, sin previsiones, diagnósticos y tratamientos eficaces, más lejos aún estamos de una promoción eficaz de modos de vida saludable.

Las aberrantes discriminaciones sociales. Patriarcalismo y racismo en Cali.

La situación de discriminación por género, generación y etnia mantiene indicadores preocupantes que evidencian la persistencia de patriarcalismos, racismos y discriminaciones que devienen en exclusiones letales. Aspectos claves de las políticas sociales en relación con la salud mental, la educación, especialmente de la primera infancia, la seguridad alimentaria, la productividad prioritariamente de la juventud y la tercera edad, que son referentes sensibles para la preservación de diversos modos de vida familiar, no se logran consolidar con modelos sostenibles de acción pública que involucren a la ciudadanía.

Tenemos una educación precaria y de clase.

En esa perspectiva, la educación en todos sus niveles y modalidades, factor clave para el desarrollo de capacidades humanas que permite romper círculos de exclusión y pobreza, es precaria desde el punto de vista de la gestión pública. Cali tiene una gran infraestructura formada en décadas de trabajo colectivo: 91 instituciones educativas oficiales, 342 sedes, 167.260 estudiantes (SIMAT noviembre de 2018), 5.949 docentes; sin embargo, los indicadores de calidad (las Pruebas Saber tienden a ser de niveles insatisfactorios y en varios casos por debajo de la media nacional), la cobertura (especialmente en primera infancia), la deserción escolar (con una tasa global aproximada del 3.2) y la convivencia escolar evidencian situaciones críticas. En el 2017 teníamos aproximadamente 110 mil niños y jóvenes por fuera de la escuela y no es seguro que a la fecha hayamos frenado esa tendencia. Uno de cada tres jóvenes no logra transitar de la educación media a la superior y entre quienes logran entrar, la deserción es alta y se da en los cuatro primeros semestres, entre otras razones, por el bajo nivel académico con que llegan los estudiantes, por la situación económica familiar, por el choque cultural que soportan provenientes de contextos sociales y étnicos distintos y por la presión de entornos de consumo de sustancias psicoactivas.

Educación no democrática y violenta.

La escuela caleña es afectada por múltiples barreras de acceso y permanencia, por contextos de violencia escolar, juvenil y de género, por el microtráfico, además de las insolvencias familiares para acceder al derecho a la educación, las diagnosticadas deficiencias en infraestructura de las instituciones educativas y las carencias de formación de los docentes para educar en contextos de diversidad.

Los problemas institucionales de la Alcaldía.

Es posible identificar que a pesar de la reciente reforma administrativa  establecida mediante el Acuerdo 0536 del año 2016 se mantienen problemas de sistematicidad y aplicación de procedimientos institucionales, por su alejamiento de la realidad territorial, y se observa una distancia entre los planes operacionales de las agencias del municipio y las necesidades y demandas ciudadanas, especialmente en la provisión de servicios y en la generación de oportunidades para el bienestar colectivo. Así mismo, se advierte una carga administrativa cada vez más ineficiente en desmedro de las actividades misionales que el gobierno local debería priorizar.

Mas instituciones y menos institucionalidad.

Hoy tenemos más instituciones, pero no necesariamente más institucionalidad con capacidad de integrar y proyectar la vida colectiva con sentido contemporáneo.

No hay construcción de ciudadanía.

Esta situación no contribuye a generar ciudadanía, pues los lazos de solidaridad, de vecindad, de vida comunitaria, no logran ser abordados y/o relacionadas por las instituciones existentes en función de trascender los intereses particulares hacia los bienes comunes e intereses generales, que requieren mayor músculo científico-técnico, de conocimiento y capacidad tecnológica y operativa de respuesta desde una perspectiva de derechos y menos acciones de carácter filantrópico y/o asistencial.

Cali: escenario de integración interétnica.

Lo que observamos de Cali es el espacio perfecto donde se integra lo negro, indio, mulato, blanco, chocoano, caucano, nariñense, antioqueño; además lo del eje cafetero, del Tolima grande, donde nos mezclamos unos y otros para poder constituir nuevas identidades y nuevas apuestas de vida”.

Falta más energía colectiva entre los caleños.

En medio de nuestros grandes atributos interétnicos e interculturales, de nuestros grandes potenciales culturales, de nuestra pródiga cadena productiva de artes populares, de nuestro robusto dinamismo como centro socio-económico y capital política administrativa, nos falta más energía colectiva para hacer de esas ventajas comparativas fuentes de valor y relevancia frente al país urbano y regional.

Cali, capital del Sur Occidente colombiano.

Son las cotidianidades productivas de supervivencia, los flujos migratorios y las movilidades socioculturales las que nos otorgan un lugar como capital del Suroccidente y en fuerte conexión con el Pacífico, pero hace falta potenciar esas posiciones ganadas históricamente hacia nuevos umbrales.

Una perspectiva visionaria del nuevo Distrito Especial.

Allí se instala una perspectiva visionaria del nuevo Distrito Especial como área con potencial metropolitano que genere productividad, urbanismo, servicios y cultura ciudadana, en conexión con el concierto de las ciudades del mundo.

Reinventar a Cali.

Cali ha de reinventarse en sus relaciones humanas, en sus vínculos rurales y urbanos, en sus dinámicas de metropolización y regionalización progresiva, en su relación con la red de ciudades del sur y del Pacífico colombiano y en su proyección internacional, siempre en beneficio de la caleñidad y vallecaucanidad, con un sentido de inclusión y democracia.

Sobre este cuadro social, económico, político, cultural y territorial, Ospina como un atinado líder que se ha construido en la adversidad promovida por la vieja oligarquía caleña plante su propuesta y horizonte programático para conducir a Cali en los próximos 4 años en condiciones de paz, igualdad, equidad y democracia.

Vamos a mirar en detalle sus iniciativas de cambio.


[1] Para cualquier consulta del Programa de Ospina mirar el siguiente enlace electrónico consultado el 12 de septiembre del 2019 file:///C:/Users/EQUIPO%203/Downloads/Revista%20Programa%20de%20Gobierno%20(1).pdf

 

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