Colombia: ¡Nuestra capacidad de lucha revolucionaria! Unidad de los Pueblos.

Año de grandes retos para el campo popular en Colombia y Latinoamérica en general. La conmemoración de los diferentes bicentenarios que se festejarán durante el presente año nos tiene que llamar a la reflexión entre los pueblos, tomando como referente la historia de estos últimos 200 años,en su mayoría de opresión, que han dado como fruto las naciones que hoy conocemos.

Consciente de que en estas líneas trato de mirar el contexto de la región, no puedo hacer este ejercicio sin tener en cuenta las vivencias personales transcurridas en uno de los países que aún no consigue su total independencia.

Como colombiano duele ver a mi paísentregado, mancillado ytraicionado por los que siempre han volteado las armas hacia su pueblo, armas que consiguieron la libertad del imperio Español y que comandadas pornuestro libertador, Simón Bolívar, en un esfuerzo colectivo, lograron desterrar el dominio de laignominia ¡así sea por un tiempo!.

El genocidio, que se cometió durante la ocupación Europea, aun no ha sido juzgado por la humanidad; el asesinato de pueblos originarios, esclavitud de los pueblos africanos, inquisición, religión, extinción cultural, son delitos que atentan contra la visión humanista que acompaña el pensar Revolucionario. Hoy me atrevo a preguntar a ustedes, ¿qué capacidad puede tener esta sociedad occidental para condenar nuestras formas de lucha, las luchas de los pueblos empobrecidos del mundo?

Estos estados que, basados en principios judeocristianos, se han enarbolado desde aquellos momentos de la colonia hasta estas épocas neocoloniales como los garantes de la libertad y la democracia, pero son asesinos sin condena que se camuflan y maquillan detrás de términos tan tecnócratas como el Derecho Internacional Humanitario, para citar un ejemplo, que no son más que normas que, impuestas bajo los criterios de estos países, defienden un sistema corroído por su decadente historia. Lo demuestran constantemente las múltiples agresiones hacia países que construyen sociedades diferentes como Cuba, la República Bolivariana de Venezuela y Bolivia, sólo para tomar tres ejemplos que evidencian esta persecución contemporanea.

Con esto no quiero significar que la humanidad no tenga mecanismos para proteger a los pueblos de las prácticas genocidas de los estados y de los imperios, antes por el contrario pretendo colocar en la discusión la necesidad de seguir construyendo formas o mecanismos más efectivos, salidos de las entrañas de los pueblos, que superen deuna vez y para siempre estos vetustos derechos, que son el fruto de esta dominación imperial que hoy trata de someternos.

El imperio norteamericano es pilar de estas prácticas. Los asesinatos masivos han sido tan finamente perfeccionados que han logrado introducir en sectores de nuestras sociedades la aprobación de lo que no se debería aprobar, los asesinatos selectivos, la persecución del pensamiento crítico, la manipulación del lenguaje, tratando de borrar de nuestro vocabulario palabras como Revolución, Libertad, justicia popular, alegría, pueblo.

Enfrentamosla más descomunal imposición cultural, posiblemente la mayor arma con que cuenta el actual imperio del capital y su máximo representante, los Estados Unidos de Norteamérica.

Casos como el de Colombia no sólo llaman la atención de quienes nacimos en esta porción geográfica de la gran patria latinoamericana, si no que ya empieza a llamar la atención de otros pueblos y algunos estados del mundo. 15. 000 mil muertos durante el año 2009, segúncifras oficialesdel Estado traidor y agresor del pueblo Colombiano muestran la magnitud y la salvajada de este genocidio, ¡que esa decadente oligarquía nos ha impuesto, que el imperio nos ha impuesto!

La llegada de forma oficial del componente militar y la profundización de la práctica paramilitar del imperio yanqui a partir de Octubre del año anterior a territorio Colombiano pone en la discusión mundial, tanto para derechas como para sectores que se tiñen de izquierdas, la legitimidad de los diferentes espacios de lucha que se siguen consolidando día a día dentro de nuestro pueblo. El movimiento social y popular, desde hace décadas, ha demostrado su capacidad parareproducirse, a pesarde la arremetida estatal que ha cobrado la vida de miles y miles de compañeras y compañeros.

El fin del año anterior trajo consigo noticias que nos permiten pensar y seguir soñando con la unidad en Colombia y Latinoamérica. El comunicado de unidadrefrendado por las dos comandancias de la insurgencia colombiana se pone a tono con lo que ha sido la unidad del campo popular a través de sus organizaciones sociales, populares, de pueblos originarios, afros, en fin, la verdadera Colombia de a pie que lucha día a día por construir una nuevasociedad libertaria y Revolucionaria. Que los militantes de base de ambas insurgencias acaten este trascendental pacto de unidad, así como también respeten la libre independencia de las organizaciones sociales y populares, que no son parte de sus estructuras, pero que comparten idearios políticos y sueños.

Latinoamérica tampoco queda al margen de este proceso de unidad. La conformación del Movimiento Continental Bolivariano, organización que demuestra las ansias de nuestros pueblos por seguir construyendo y reconstruyendo el respeto a la vida en todas sus formas para seguir construyendo Revolución, fue el clamor que manifestaron los delegados en Caracas, en Diciembre del año anterior. Nuestra unidad Latinoamericana cobra hoy mucha más relevancia en momentos en los que el imperio prepara sus garras para agredir a la tierra grande, desde México a la Patagonia. Sólo con la unidad efectiva en la acción podemos repeler los tiempos difíciles que se nos avecinan.

El desprecio por tecnicismos como el Derecho Internacional Humanitarioy organismos como la o­nU, entre otros, por parte de las mismas potencias que los crearon, nos deben llamar a los latinoamericanos a pensar en mecanismos más eficaces de contención a la nueva agresión Imperial.

Bajo ninguna circunstancia nos dejaremos someter y esclavizar. Debemos utilizar todos los recursos que tengamos a nuestro alcance y nuestra defensa será basada en las prácticas humanistas que reivindican nuestra condición de Revolucionarios. Ninguno de estos países que se dicen del primer mundo tienen la pureza para señalarnos por los métodos que implementemos para la defensa de nuestras vidas, de nuestras libertades, de nuestros ecosistemas, de nuestros recursos, en fin, para la protección de nuestra ¡PACHA MAMA!.

¡Por que Bolívar tiene que hacer en América todavía!

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