Colombia. Mujeres, miedo y oscuridad ¿Qué está pasando en el Norte del Cauca?

Por Marcela Rodríguez

Los feminicidios de Zory Brigite, Vanesa y Estefanía no son casos aislados e inconexos con los derechos colectivos y la defensa de lo público.

Estos actos de violencia, tienen un correlato directo con las condiciones de exclusión estructurales que impiden que las mujeres seamos consideradas ciudadanas, con los mismos derechos de habitar un espacio y vivir una vida digna.

La indignación y zozobra frente a los feminicidios en Corinto han permeado la cotidianidad y la piel de las mujeres en el norte del Cauca durante las últimas semanas. Los cuerpos de Zory Brigite Polanco y Vanesa Usnas de tan solo 14 años, fueron encontrados en medio de una plantación de caña1. En las mingas de búsqueda de los cuerpos, la comunidad afirmó que estos no habrían sido los únicos casos en los que las mujeres están siendo asesinadas por el simple hecho de ser mujeres. Pocas horas después, Estefanía Dayana Cabrera Fernández de 23 años murió apuñalada por su pareja2.

Estos hechos de violencia pueden estar relacionados con el difícil contexto por el que pasa el territorio. El post acuerdo ha implicado la reincorporación a la vida civil de quienes nacieron y vivieron permanentemente en guerra, así como la reorganización de grupos disidentes y otros que controlan las rutas de economías ilegales. Los estereotipos del “hombre-guerrero” y la exaltación de la violencia dentro de una sociedad inmersa en el conflicto armado, serían elementos claves a la hora de pensar en el por qué y la sin-razón de los feminicidios en el norte del Cauca.

Sin embargo, más allá de las causas y posibles explicaciones, lo que resulta claro es que los feminicidios, además de ser un castigo a las víctimas directas, son un mensaje amenazante para el resto de mujeres. Un reflejo del control sobre nuestros cuerpos, su vulnerabilidad, la irreparabilidad del daño y la impunidad que cobija a los perpetradores.

Las aterradoras historias de Zory Brigite, Vanesa y Estefanía, han sido marginales en el debate público y el cubrimiento de los grandes medios; y a la vez, son apenas la violencia más palpable para las mujeres, la más directa y aberrante. En términos de Galtung: la punta del Iceberg. La materialización del miedo.

El miedo reina y reina la oscuridad.

A menos de una hora de Corinto, se encuentra Santander de Quilichao. Antes de las 7 de la noche, el pueblo se encuentra en absoluta oscuridad. Aunque es considerado “la capital del Norte del Cauca”, y cuenta con parque industrial, comercio, desarrollo urbanístico, prósperos ingenios azucareros y grandes extensiones de monocultivo cañero, no tiene alumbrado público. Más paradójico aún, es que hace más de veinte años a menos de 50 Km, varias veredas de campesinos afro descendientes fueron desplazadas para la construcción de la represa La Salvajina. Un proyecto de desarrollo multipropósito -de “utilidad pública e interés general”- que garantizaría mínimamente el suministro de energía a las poblaciones cercanas. Luego de los discursos y promesas, la generación y comercialización de la energía eléctrica en nuestro país fue privatizada y por eso durante estas noches -como desde tiempos ancestrales- nuestro único faro ha sido la luna llena.

La Compañía Energética del Occidente -CEO- respaldada en vericuetos jurídicos e ininteligibles para la comunidad, decidió cortar el servicio de alumbrado público y de esta manera presionar al municipio para que cumpla con los pagos3. Un típico ejemplo de violencia estructural (volviendo a Galtung), que sobrepone los intereses mercantiles de las empresas, a los servicios públicos. Esta medida ha afectado de manera particular a las mujeres, quienes hemos visto limitadas las posibilidades de salir de nuestras casas y lugares de trabajo luego de la caída del sol.

Cerca del 40% de los asesinatos contra liderazgos sociales se concentra en el departamento del Cauca. Continuamente se reportan combates entre grupos armados en las zonas rurales y rondan panfletos de la mal llamada “limpieza social” -aprovechando la omnipresencia del Whats app, que les permite reciclar una y otra vez los mismos mensajes amenazantes.

La noche está vetada para las mujeres y viene a nuestra mente Caperucita Roja y el lobo, como una clara alusión al asalto sexual al que nos exponemos si vamos por donde no debemos ir. Está incorporado en nuestra cultura una restricción del uso de espacios a las mujeres, haciendo que lo asumamos incluso como una medida de auto-protección y auto-censura.

La espacialidad de las violencias contra las mujeres: un debate viejo.

A propósito de estas prevenciones, las agencias de Hábitat y Mujeres de Naciones Unidas reconocieron la importancia de abordar la espacialidad de las violencias contra las mujeres, pues el acoso y la violencia sexual son problemas que ocurren tanto en espacios privados, como públicos. Por esto, hace exactamente diez años el programa de “Ciudades y espacios públicos seguros para mujeres y niñas”4, recomendó a los Estados incorporar medidas de prevención de las violencias haciendo espacios más seguros. El alumbrado de los lugares públicos ha sido una de las medidas básicas, debido a la percepción generalizada de inseguridad que nos dan los lugares solitarios y oscuros.

De ahí que suspender el alumbrado público, no debería ser un asunto de incumplimientos contractuales, debería ser un asunto de derechos humanos y –ahí sí, de utilidad pública e interés general–, pues las mujeres y las niñas soportamos comentarios sexuales, manoseos, violaciones, e incluso feminicidios. Estas situaciones limitan la libertad de movimiento, reducen las posibilidades de acceder a la educación, trabajo, espacios de ocio y esparcimiento y aumentan las desigualdades de género, cuando no comprometen directamente nuestra vida e integridad.

Los feminicidios de Zory Brigite, Vanesa y Estefanía no son casos aislados e inconexos con los derechos colectivos y la defensa de lo público. Estos actos de violencia, tienen un correlato directo con las condiciones de exclusión estructurales que impiden que las mujeres seamos consideradas ciudadanas, con los mismos derechos de habitar un espacio y vivir una vida digna.

 

Referencias bibliográficas

Galtung, Johan (2004) Violencia, guerra y su impacto. Sobre los efectos visibles e invisibles de la violencia

  1. Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC: Feminicidios que enlutan a las comunidades en Corinto http://www.onic.org.co/comunicados-regionales/2267-feminicidios-que-enlutan-a-las-comunidades-en-corinto
  2. Proclama del Cauca. Otra mujer fue brutalmente asesinada en Corinto https://www.proclamadelcauca.com/otra-mujer-fue-brutalmente-asesinada-en-corinto/
  3. W Radio. Otra vez sin alumbrado público Santander de Quilichao, Cauca. http://www.wradio.com.co/noticias/regionales/otra-vez-sin-alumbrado-publico-santander-de-quilichao-cauca/20180130/nota/3704160.aspx
  4. Onu Mujeres. Ciudades y Espacios Públicos Seguros para Mujeres y Niñas  http://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2016/folleto-ciudades-seguras

 

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Mujeres, miedo y oscuridad ¿Qué está pasando en el Norte del Cauca?

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