Colombia. Los reversazos del gobierno

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Trump, Almagro, Uribe Vélez, Ordoñez y Pacho Santos en coro llaman a “intervenir militarmente en Venezuela”, pero 8 países latinoamericanos convocados por Brasil [1], se opusieron a sus llamados de guerra, diciendo que se oponían, “Ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela”.

Canadá, Guyana y Colombia no firmaron este rechazo y se mantuvieron en su llamado a intervenir militarmente en Venezuela. Por su parte, el Presidente Iván Duque Márquez agregó que todo “esto no es con espíritu belicista”[2]. ¿Quién pesa más, el quinteto del mal o el presidente de Colombia? ¿A quién creerle?

Los reversazos del Gobierno de Duque quedaron más patentes en la desautorización que el Presidente hizo al Director de la UNP, quien afirma que sí es sistemático el asesinato de líderes sociales y opositores políticos.

Este, ¿Es un gobierno bipolar?

Dicen en Bogotá que los 10 millones que eligieron a Duque, la mitad los colocó la maquinaria electoral del ex presidente Uribe Vélez, caracterizada por representar a los nuevo ricos surgidos de las múltiples mafias colombianas; mientras los otros 5 millones pertenecen a la élite dominante tradicional, quien asustada por un posible triunfo del izquierdista Gustavo Petro, se sumó precipitadamente a quien antes subestimaba y consideraba su rival, fraguando así un nuevo Frente Nacional de las clases dominantes.

Cada vez que Duque se inclina un poco hacia una de las 2 mitades que componen su apoyo partidario, protesta la mitad que no se siente interpretada. Por esto, hace poco la senadora María Fernanda Cabal recriminó al presidente diciéndole que se acordara quién lo había subido a la silla presidencial. Ante la Consulta Popular Anticorrupción del pasado 26 de agosto, Duque tomó distancia de los seguidores de Uribe. Igual hizo ante la decisión de rebajar el sueldo a los Congresistas.

Con precisión milimétrica repartieron los cargos burocráticos entre las dos facciones que soportan a Duque, pero los desconocimientos de un parte de la otra han sido varios y en el futuro seguirán sufriéndolos. Entonces, más que un Gobierno bipolar, este es un gobierno amasijo.

División del trabajo

Nombraron a Nancy Patricia Gutiérrez en el Ministerio del Interior, quien está acusada por la confesa paramilitar, la ex congresista Rocío Arias, por la alianza estrecha que mantuvo con los escuadrones narco paramilitares de Cundinamarca, de los capos alias el Pájaro y el Águila [3]. La Gutiérrez compró los testigos para que se retractaran, e incluso luego del asesinato de un funcionario de la Gobernación de Cundinamarca se descubrió que el Águila hace parte de las mesas departamentales de paz como delegado de los reincorporados, y ese sería el verdadero objetivo [4], quedando en el ambiente de ¿quién y por qué quieren silenciarlo?

En Hacienda le dio continuidad a uno de los ministros estrella de Uribe, volviendo a nombrar en esa cartera a Alberto Carrasquilla, quien en esa época, impulsó una ley para que los municipios se endeudaran con unos bonos, para cumplir metas de agua potable y saneamiento básico; se retiró del Ministerio, creando empresas que emitían esos bonos, trayendo como consecuencia el endeudamiento de muchos municipios, comprometiendo presupuestos hasta el 2025, pero a la vez enriqueciéndose él con tales Bonos, los cuales lo tienen actualmente en el centro de un debate nacional.

Además, debido al déficit de más de 25 billones de pesos, debido al aumento del gasto militar y planes de inversión para el año 2019, este ministro está optando por la vía más fácil para él, que es aumentar y extender el Impuesto al Valor Agregado (IVA), vender empresas públicas como Ecopetrol, eliminar subsidios para los estratos 1, 2 y 3 como el de la energía y gas, es decir, todo esto recaerá en los bolsillos de la clase media y baja.

Como ministro de Defensa nombró a Guillermo Botero, proveniente de la empresa privada. Puso en marcha políticas que buscan brindarles seguridad a las transnacionales y al capital privado, presionando a los mandos militares a mostrar resultados, sin importar qué métodos utilicen. No es por coincidencia que en el primer mes de este gobierno se aumentó el genocidio a líderes sociales, el desplazamiento, las amenazas, los falsos positivos judiciales, la persecución y judicialización de la protesta social, entre otros.

La paz moribunda

Para cumplir las órdenes de los Estados Unidos, este Gobierno aceleró la erradicación militar de los cultivos de uso ilícito y la fumigación con Glifosato; firmó y ratificó acuerdos de cooperación militar con los EEUU, y está arreciando la ofensiva contra Venezuela. Con lo que abre dos flancos de guerra.

Tal como lo prometió en campaña y en su discurso de posesión, Duque está tratando de cumplirle a los del No, opositores a los procesos de paz.

Respecto de los acuerdos con las FARC, busca seguirlos modificando, con propuestas de reforma a la justicia y a la JEP, buscando la judicialización, extradición e impedir la participación en política de sus dirigentes.

Argumenta “falta de presupuesto” para no cumplir a los ex guerrilleros de las FARC, confinados en los espacios territoriales de capacitación y reincorporación. La falta de garantías deja ya el asesinato de más de 60 excombatientes. Por esta inseguridad jurídica y física, muchos han optado por volver a las armas ya sea como rearmados o en otros grupos armados.

Resistir al poder opresor

El Gobierno de Duque representa a las corporaciones transnacionales y a los grandes empresarios, por tanto, sus políticas están dirigidas a favorecer los intereses de esa minoría y no los de la mayoría de la población colombiana.

No existen fracturas estratégicas al interior de los partidos políticos, grupos económicos y organizaciones que respaldaron y eligieron a Duque, a veces juegan “al bueno y al malo”, pero lo que hay es una división del trabajo que se complementa, hablan en diferentes voces, pero con los mismos objetivos.

A los colombianos de clase media y baja no nos espera nada bueno, solo más impuestos, incremento en los asesinatos, desplazamientos, persecución y judicialización entre otros. La opción que nos queda es la unidad, la resistencia y la lucha.

[1] Colombia no firmó rechazo sobre intervención militar en Venezuela. Colprensa, 16-09-2018.

[2] Duque descarta “espíritu belicista” de Colombia ante Venezuela. HispanTV, 19-09-2018.

[3] El Espectador, 26-07-2014

[4] El Tiempo, 1-09-2018

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