Colombia. Lo que desnuda el Covid-19

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El Covid-19 ha dejado al desnudo muchos elementos del capitalismo a nivel mundial.  Las ganancias de las empresas son más importantes que las vidas humanas, y a los gobiernos les preocupa más como reactivar la economía, es decir, la generación de ganancias que como reactivar un paciente.  Así es el capitalismo.  En Colombia el virus también ha dejado al desnudo varias cosas; la clase de gobierno que tenemos, la naturaleza de un estado cleptocrático y la inutilidad de las llamadas voces alternativas.

Las tardías decisiones tomadas por el entorno de Duque (que seamos honestos, él no toma decisiones ni piensa, es el estereotípico bobo del pueblo) fueron influenciadas por la necesidad o deseo de la aerolínea Avianca y otras empresas de seguir generando ganancias y arriesgar nuestra salud en pro de su balance comercial.  La decisión de regalar billones de fondos públicos a bancos y personajes que financiaron las campañas electorales del liberalismo, el uribismo, los conservadores y otros (pues en estos asuntos no tienen diferencias políticas mayores) para que ellos presten ese dinero a los pobres, en vez de donar ese dinero directamente a los pobres, bien sea en efectivo o en comida y artículos necesarios, es un crimen.  Es un robo al erario y como ya sabemos los bancos no están prestando ni a pobres, ni siquiera a la clase media, ese dinero se queda en las arcas de los bancos.  Estamos ante una clase dirigente que durante más de 70 años ha asesinado despiadadamente  a los pobres que se opusieron a sus políticas, la única sorpresa es que a alguien le sorprende lo que hizo el uribismo y demás sectores.  Pero no se enojen como si fuera la primera vez en la historia del país que un presidente robara dinero para entregarlo a los ricos.  Lo hicieron todos en su momento; Samper, Gaviria, Pastrana, Santos, Barco etc.

La reacción entre lo que pasa por una izquierda en Colombia no es mucho mejor.  Por el lado de Gustavo Petró él se pronunció sobre lo que es obvio, la Ley 100 tiene que acabarse, y propuso un debate luego de la crisis sobre la Ley 100, pero como el reformista que es y como quien busca en sus propias palabras una alianza no coyuntural con la burguesía, surge la pregunta y ¿por qué tenemos que esperar hasta después de la pandemia?  Ahora es el momento, cuando el pueblo ve delante de sus ojos, las consecuencias de esa ley y lo que quiere la derecha ahora.  Ve que sus vidas son mercancía.  Ahora es el momento no de un debate sino de una propuesta clara, un sistema nacional de salud gratuito y de calidad y la abolición de la medicina privada.  Sistemas no públicos, priorizan las ganancias de las empresas, sistemas mixtos, en general, son sistemas de mala calidad para los trabajadores y de buena calidad para los ricos y eso no es aceptable.  No es aceptable que si uno vive o muere en un hospital depende de sus ingresos.  Un debate en que el resultado será negociado, es un paño tibio.

Al Estado no le importa si la gente muere.  Hay muchos pobres, y si se mueren, a Duque, Uribe y Santos, no les importa mucho.  ¿Cómo podemos afirmar semejante cosa respecto al “gran hombre de la paz” Manuel Santos?  Sencillo. Fue ministro en el gobierno del liberal Cesar Gaviria el cual aprobó la Ley 100 y luego en el gobierno de Pastrana y los dos gobiernos de Uribe y después fue presidente.  Esta situación que vivimos ahora, es el monstruo de todos ellos.  Ahora ven la posibilidad de que los pueblerinos, como en la novela de Frankenstein, lleguen al castillo para quemarlo con ellos y su monstro dentro.  Así la hora del debate sobre la Ley 100 no es para después es ahora.  Luego será tema de negociación y quien apoya cual candidato en las elecciones del 2022, y con total seguridad  se dejará como un tema que se resuelve únicamente en las elecciones presidenciales, pues Petro no es de los que les gusta movilizar a la gente fuera del día de la votación.  Mientras tanto, los médicos mueren, sus pacientes mueren a una tasa mayor de lo habitual, pues los pobres siempre mueren por problemas del sistema de salud, pero no tan abiertamente, mueren lejos del Congreso.

López la gran… López.

A Claudia López le parecía que había llegado su momento para perfilarse como candidata presidencial, ya tenía la alcaldía de Bogotá desde donde se podía discrepar públicamente con las políticas estatales.  Para algunos López representaba esas mal llamadas Nuevas Ciudadanías, era mujer, lesbiana y por lo tanto era progresista.  La realidad de los primeros meses de su gobierno, quitaron la máscara rápida, incluso antes del problema del Covid-19.  Cuando era senadora se volvió famosa por algunos debates e intervenciones sobre el tema del paramilitarismo.  López como los mejores políticos en Colombia supo contratar a un buen equipo para su UTL, quienes hicieron buenas investigaciones, pero su estilo de debate era el mismo que su contradictor Uribe Vélez (hombre y heterosexual, hasta donde sabemos), él es un gritón y ella una gritona.  El vacío enorme en sus propuestas y su poca capacidad política se ve ahora pues el Covid-19 no se vence gritando, eso lo sabemos todos, menos ella al parecer.

Cuando estalló la crisis, ella y otros reclamaban el cierre del aeropuerto, era algo lógico.  Luego decreta un simulacro de cuarentena sin pensar más en como se debe hacer ni mucho menos en los pobres que viven del día a día y si no trabajan no comen.  Luego dice que no van a cobrar servicios públicos, para retractarse casi enseguida reconociendo que no tiene competencia en el asunto.  Pero la jugada estaba echada, ella públicamente grita que no van a cobrar servicios públicos sabiendo que nada puede hacer, y luego mira complaciente mientras Duque no decreta la suspensión de los cobros.  Con esta jugada pretende perfilarse como candidata presidencial en 2022.  Sus acciones en materia de Covid-19 cuando no son demagógicas, son imprevistas y mal planeadas.  Grita de nuevo, al mismo estilo que Uribe y de los que salieron de Bogotá antes de su simulacro que luego se extiende sin pensarlo para hacer empalme con la cuarentena nacional, no pueden volver a Bogotá, luego sí, y ahora ni puede evitar que los ricos salgan de Bogotá para Semana Santa, como tampoco logra repartir comida entre los más necesitados.  La palabra inepta parece ser la más apropiada.

Pero en 2022 López jugará con su imagen en medio de esta crisis, y no será muy complicado presentar una imagen de una política más seria, más capaz, más clara, siempre y cuando la comparamos con Duque.  Cualquiera es más… que Duque.  Pero sus políticas son de la derecha.  Comenzó su alcaldía regañando a los estudiantes, sus declaraciones en medio de la crisis tienen tono y aire de autoritaria para que nadie dude de su tendencia derechista (que nunca negó) y represiva.

El gobierno nacional manda comprar 18 tanquetas para el ESMAD a un costo de 12.000 millones de pesos, pues como se sabe, en medio de una epidemia como esta, los buenos políticos de la derecha no pueden olvidar dotarse de buenas herramientas para reprimir al pueblo.  Dotar bien al ESMAD es más importante que dotar bien a los médicos.  También celebró un contrato para proveer vehículos blindados a los concejales de Bogotá, la mayoría de ellos sin problemas de seguridad.  Nos faltan ventiladores pero gastan 2.600 millones en carros blindados para vagos.  Frente a eso Claudia López no dijo nada, pues ella está de acuerdo, ante las protestas en el sur de Bogotá, enviar el ESMAD, nada de comida.

Y frente al hospital San Juan de Dios, donde sí tiene responsabilidades y competencias directas, pues ella como su antecesor Peñalosa prefiere tumbar edificios y especular con la finca raíz, pero ella decide que no necesitamos el edificio y es mejor especular con el terreno que tratar a pacientes con Covid-19 o pacientes de otra clase y dejar que se alquile a Corferias por un costo de 11.000 millones de pesos como espacio para dotar un hospital provisional, en vez de dotar al San Juan de Dios, como hospital permanente.  Hubo alguna discusión si ese hospital se puede o no dotar como UCI, pero no hay ninguna duda, se puede adecuar como hospital normal permanente, en vez de la corrupta entrega de recursos públicos para Corferias.

Otro político Iván Cepeda propuso quitar un billón de pesos al Ministerio de Defensa para usar en la lucha contra el Covid-19.  La propuesta no es mala, pero de nuevo queda corto, es un paño tibio frente al problema.  Ahora es el momento de exigir lo máximo, no lo mínimo, es la hora de plantear cosas de fondo, no cortoplacistas y nada de eso puede quedar supeditado a las elecciones de 2022.  La pelea es peleando.

Vemos en Colombia, un capitalismo salvaje, que está dispuesto a pasar por encima de los muertos que sean necesarios para garantizar las ganancias de los de siempre y una izquierda que cree que está negociando algún punto de algún proyecto de ley en alguna comisión del Senado.  Mientras tanto, los ingenuos y varios cínicos que hicieron campaña para Claudia López, que la avalaron guardan silencio o alaban sus decisiones, pues ellos viven lejos de la miseria en Bogotá, donde la cuarentena es una falta de comida, falta de asistencia médica, falta de todo, menos de los gases lacrimógenos.

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Lo que desnuda el Covid-19

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