Colombia. Las FARC, de la paz con justicia social al pacifismo inane

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Tras el anuncio en La Habana del “fin del conflicto” aquellos colombianos   que confiaron en las FARC en campos y ciudades, como dice el adagio popular, quedaron “con los crespos hechos”.    No estaba presupuestado en los cálculos de nadie ni siquiera de la misma derecha el “chorro de babas” con que las FARC sellaron los acuerdos con el Gobierno. La gente se pregunta, ¿cincuenta años de guerra para terminar aceptando como cosa natural las causas que la impusieron?  Las FARC no lograron obtener prácticamente nada a cambio de su claudicación; entregarán las armas y se concentrarán en determinados campamentos o, mejor, corralejas, antes del acuerdo final, como inocentes corderos.    ¿Y si el pueblo vota en contra de los acuerdos?  Pues   no les quedará otra que someterse a la justicia ordinaria, ¿pagarán la traición en las mazmorras del Régimen?  La historia muestra que la oligarquía es torticera y traicionera.   Desde mucho tiempo atrás fueron advertidos por el propio legendario Marulanda, Miguel Suarez en su artículo ¿Si estuviese Manuel Marulanda vivo…? 2016-06-24) destaca que el 6 de septiembre del año 1998 el periódico Clarín de Argentina, publicó las siguientes declaraciones de Marulanda al periodista Pablo Biffi: “De acuerdo con la experiencia que hemos acumulado a lo largo de 40 años de lucha, para resolver los problemas sociales de este país se requiere de la presencia de las FARC. Nosotros haremos un acuerdo en algún momento, pero nuestras armas tienen que ser la garantía de que aquí se va a cumplir lo acordado. En el momento en que desaparezcan las armas, el acuerdo se puede derrumbar. Ese es un tema estratégico que no vamos a discutir”.

Pero cómo fue que la oligarquía pudo urdir tan fácil la manta del sometimiento de la avezada guerrilla.   Los hilos de la trama los obtuvo entre ciertos personajes y grupos de poder interesados en la desaparición de la guerrilla tanto en el interior como en el exterior. Al interior tentó a la izquierda llamada progresista; izquierda proletarizada, pero con expectativas de anclar en la clase media, caracterizada por tener escaza o nula conciencia social por lo que es fácil de comprar con la consabida mermelada. A Juan Manuel Santos sólo le costó un ministerio   asegurar su reelección.   A ciertos izquierdistas aspirantes a convertirse en ricos entre ellos académicos, parlamentarios, periodistas y sindicalistas, les resulta incómodo que se les tache cuando no de auxiliares de la guerrilla de ser guerrilleros, así que para estos la desaparición de los alzados en armas es requisito sine qua non, para medrar a la izquierda de la derecha.  Así mismo, para los vecinos, asediados por el imperio, era imperioso quitarse el lastre de las denuncias de la presencia de campamentos guerrilleros en su territorio. El comandante Hugo Chávez fue el más acucioso en llamar a la guerrilla a sentarse a negociar la paz con el Régimen colombiano; desde luego que no esperaba que fuese a cualquier precio; si estuviese vivo, moriría de estupor al ver el truncado final de lo que debió ser una oportunidad para hacer avanzar la sociedad colombiana y, de paso, la latinoamericana.  Y, claro, no es de extrañar que la oligarquía hubiese llamado como garantes al gobierno de Noruega, tradicionalmente hábil en lograr el sometimiento de rebeldes en varias partes del mundo. Además, a Noruega se le está acabando el petróleo luego qué más oportuno que lograr, sin tiros y cuanto antes, la desaparición de una guerrilla tan poderosa como las FARC, sin estas podrá trasladar libremente su industria petrolera a Colombia. Una sede para las conversaciones como Cuba no hay dos, por un lado existe la confianza que da la aureola de una revolución exitosa, sin olvidar que fue a través de las armas; por otro lado, a Cuba le convenía hacerle el favor al imperio (el más interesado en desarmar la guerrilla y quien realmente decide qué   se firma) de servir como anfitrión de los diálogos. Desde antes de iniciarse los diálogos entre FARC y Gobierno, Cuba venía manteniendo conversaciones con EEUU para normalizar sus relaciones diplomáticas, con miras al levantamiento del fatídico embargo, con el que el imperio le viene asfixiando desde el triunfo de la revolución. Además, el propio Fidel, desde hacía mucho tiempo atrás, venía diciendo que la lucha armada era cosa de otros tiempos, entre otras cosas, porque se acusaba a Cuba de ser un exportador de revoluciones, y eso arreciaba el embargo por parte del amenazante vecino del Norte. Tampoco hay que dejar de lado que Cuba viene abriéndose camino a codazos hacia una economía marginalista (capitalista) Y, de Chile ni hablar, en primer lugar el ex presidente Piñeres, con quien se inició el proceso, siempre ha sido un “cachorro del imperio”, y, ahora, la presidenta Bachelette está más al lado de la derecha que del socialismo que dice representar.  Entonces, como puede apreciarse los negociadores de las FARC, bien intencionados, pero inexpertos y muy ingenuos, cayeron en brazos de los intereses mezquinos de muchos actores necesitados de la dejación de su justa causa armada.

Dicen analistas reconocidos que las FARC-EP cuentan con unos dos millones de personas que les apoyan directamente tanto en campos y ciudades y otro tanto de ciudadanos simpatizantes, entre los que cabe señalar: intelectuales de la izquierda revolucionaria, estudiantes, sindicalistas y grupos minoritarios. Unos y otros miran con estupor como terminaron las cinco décadas de muertos y sufrimiento padecidos con estoicismo, apoyando la que se creía la única   manera de contener la violencia oligárquica.   El “juramos vencer” y “vencer o morir” no son más que el eco de una guerra perdida pero no olvidada.  Y lo peor, aún, Las FARC se olvidaron de la, inicialmente, pregonada “paz con justicia social”, que implica transformaciones sociales, para aceptar   cómodamente la “paz de los pacifistas”, la cual no busca acabar la violencia de la burguesía sino tan solo el desarme del proletariado, negando la legítima resistencia de los oprimidos, que se defienden con todas las armas a su alcance.

Termine como termine el acuerdo final entre FARC y Gobierno lo único cierto es que las circunstancias, que obligaron a 48 campesinos marquetalianos a tomar las armas, siguen peor que hace cincuenta y dos años.  El despojo de tierras, motivo principal del alzamiento en armas, fue institucionalizado y legalizado mediante la Ley Zidres (Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico) por cierto, aprobada durante las discusiones de paz, sin que las FARC se dieran por enteradas. La sola presentación por parte del Gobierno de dicha Ley ante el Congreso debería haber obligado a las FARC a trazar una impasable “línea roja”. La Ley Zidres da la estocada final a cualquier posibilidad de realizar una reforma agraria, para lograr la democratización  de la tenencia de tierras, pues a decir del senador Jorge Robledo lo que se pretende con esta Ley   es concentrar aún más la tierra en Colombia “a favor de magnates nacionales y extranjeros en uno de los países con mayor concentración de la tierra en el mundo” (debates en el Congreso) Para el mismo Senador Robledo, esta ley  busca modificar el régimen de baldíos, “usando la estrategia del ocultamiento”. En el mismo sentido se pronunció Oxfam Internacional (confederación internacional formada por 17 organizaciones no gubernamentales nacionales de carácter humanitario) advirtiendo que la Ley «legalizaría la acumulación irregular de predios por parte de empresas nacionales y extranjeras, causando efectos negativos en términos de concentración y expropiación de tierra«.

¿Qué seguirá en el inmediato futuro, se estrellarán las FARC contra la violencia estructural   corporativa, institucionalizada por el imperio bajo el concepto del “enemigo interno”? ¿Habrá otro genocidio de los desmovilizados rasos, como el ocurrido contra la UP? ¿Las bases desmovilizadas tendrán que retomar las armas al lado del ELN, si es que no sale con otro chorro de babas?

Docente universitario.

Publicado por Libardo SANCHEZ GOMEZ 

http://libsang-elviajeroysusombra.blogspot.com.co/2016/07/las-farc-de-la-paz-con-justicia-social.html

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