Colombia: La paz y el ruido de Mora Rangel

Publicidad

Bastante ruido ha provocado en estos días el señor Mora Rangel, un ex oficial del Ejercito que aún sigue vinculado judicialmente con el asesinato del humorista y critico Jaime Garzón, y quien hace parte de la delegación gubernamental en la Mesa de conversaciones de paz que adelanta el gobierno de Santos con las Farc en La Habana.

La bulla remite a varios significados y más parece un juego estratégico de guerra para debilitar los alcances de los acuerdos en lo relacionado con el “fin del conflicto”, que necesariamente debe abordar el tema del poder militar y sus vínculos con la violencia oficial y paramilitar de las últimas décadas, causante de masacres, homicidios, exterminio de la UP, desplazamiento de millones de campesinos y violencia sistemática de los derechos humanos.

Abordar tópicos como el desmonte del paramilitarismo, la seguridad de los combatientes en su ejercicio político y las reformas del Estado, que obligadamente tocaran la organización y funcionamiento de las Fuerzas Armadas (tamaño, costo fiscal y bases de sus socialización política), lleva a profundizar en las características y sentidos del monopolio estatal de la violencia y los problemas que el mismo presenta desde la perspectiva de la democracia ampliada que se ha convenido en el punto de la participación política.

La ultraderecha fascista ha utilizado, muy probablemente en pacto secreto y desleal con Mora, el  movimiento ocasional ordenado por Santos, para agitar y alborotar el campo político del poder militar. El núcleo más visceral de oficiales activos y en retiro, aprovechó el momento para reiterar un viejo repertorio de ideas desuetas y antidemocráticas, para atrincherarse en posiciones que sirven de pivote a la violencia sistemática contra los sectores populares.

Por supuesto este prolongado agite militar ha mostrado una evidente fractura al interior de los aparatos armados, pues hay una amplia oficialidad de inclinación constitucional que toma distancia de los radicales empeñados en el sabotaje de los diálogos para la terminación del conflicto social y armado. Por fortuna esas aves de rapiña, por más ruido que armen, están en minoría, fruto de la irracionalidad y aventurerismo que los caracteriza.

Desde luego, Mora Rangel, ni corto ni perezoso, ha canalizado la coyuntura para elevar la apuesta, y proclive como es al estrellato, se ha dado licencias para indicar pautas restrictivas a los diálogos. Lo ha hecho en sus visitas con Santos a las guarniciones militares. Su aburrido discurso no es más que la repetición de la cantaleta sectaria y dogmática que impera en los cuarteles penetrada por el anticomunismo y la violencia antidemocrática.

Otro escollo más que le aparece a la paz con este  corsario en plan de ruido y zancadilla contra el proceso de diálogos de paz.

Analizándolo con cabeza fría no es mala cosa que Santos excluya de su delegación en La Habana este dinosaurio convertido en un dañino petardo que más parece un agente camuflado del lado de la tropa del Patrón del Uberrimo.

No me cabe duda que la algarada de Mora Rangel epitomiza la gramática de los militantes y nostálgicos del militarismo en los cuerpos armados del gobierno y el Estado.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More