Colombia. La improvisación en la Administración Peñalosa

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La diáspora de ciudadanos habitantes de calle, predecible y lógica por ciudadanos propios y ajenos, como resultado de la publicitada intervención a la Calle del Bronx, parece ser que tomó por sorpresa al más experto y solícito gerente bogotano, el alcalde Enrique Peñalosa.

Era de esperarse que ante una intervención poco planeada, de énfasis policivo y sin integridad, le siguiera la presentación bochornosa y poco santa de “buenos resultados”, pues la “recuperación” del espacio físico contrasta con la cadena de acontecimientos que se tejen alrededor de la intervención de la Calle del Bronx.

Lo que se ha denominado el centro ampliado de la capital de la República, es aquello que más ha sufrido el coletazo. La presencia masiva de habitantes de calle, el consumo de estupefacientes en sitios de comercio y parques públicos ha sido la constante ligada al aumento de casos de robos y percepción de inseguridad por parte de los ciudadanos “de bien”. Pero la respuesta ha sido igual o más improvisada que la misma medida de ocupar la Calle del Bronx, sin ningún plan de intervención real, el plan de contingencia consistió en acosar a la masa de humanos en condición de calle, con la Policía como garante, para llevarlos a lugares apartados del centro. Sin embargo, el último caso fue dramático, ya que los trasladaron a un canal donde fueron arrastrados por una fuerte corriente después de la lluvia.

Esto no es de sorprendernos si recordamos que este mismo administrador de lo público, desestimó los estudios realizados por el “improvisador” de Gustavo Petro para la construcción del metro subterráneo, y propuso la construcción de uno elevado, sin estudios previos y con la pretensión de una aprobación de facto por parte del Concejo.

Es el mismo que, sin que Bogotá cuente hoy con un suelo apto y carezca, además, de  un POT acorde a la realidad física y humana, propuso construir 60 colegios, muchos de estos de destinación público-privada que generarán mayor detrimento y escasos resultados educativos.

Un tecnopolítico sumido en su ego de gran urbanizador no puede ser un gran administrador, menos si no posee ningún título doctoral en este tema pero miente al respecto. Este mandatario carece de todas las competencias éticas y de técnica administrativa para gobernar, y de lo único que puede presumir  es de  gozar de la complacencia  vicepresidencial para permanecer en su cargo.

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