Colombia: Ingrid y sus guerrilleros adinerados

Los protagonistas de una historia que sobrepasa los confines de la imaginación y de la moralidad llegaron en silencio. La ex rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt aterrizó ayer en París proveniente de Bogotá sin hablar con la prensa. Con ella venía Wilson Bueno Largo, alias Isaza, y su compañera Lilia Isabel Bañol. La pareja guerrillera llegó a Francia para rehacer sus vidas después de haber pasado doce años en la selva en el seno de las FARC, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El pasado 26 de octubre, Isaza cambió de bando. Se fugó del campamento de las FARC a donde estaba junto al congresista Oscar Tulio Lizcano, la única víctima de esta historia. Lizcano había sido secuestrado por las FARC hace ocho años. Durante algún tiempo, Isaza fue su carcelero para luego convertirse en su liberador. Hoy es lo que se llama un desmovilizado y goza de todos los beneficios de ese estatuto. La libertad, refugio en un país del Primer Mundo y dinero en abundancia.
Hay quienes pasan rápidamente de héroes a villanos, otros, como Isaza, hacen el camino inverso con una desconcertante ligereza.

Puede decirse que el destino ha sido generoso con Wilson Bueno Largo. Sus años en la insurgencia y su posterior cambio de rumbo le abrieron las puertas que su origen humilde hubiese mantenido cerradas para siempre.

La Justicia colombiana no retuvo ningún cargo contra él y el Estado colombiano le pagó una recompensa de casi medio millón de dólares por su doble decisión: dejar las FARC y ayudar a un rehén a recobrar la libertad. El dinero proviene de un fondo especial con el que se recompensa a los miembros de las FARC que ayudaron a liberar a un rehén. Isaza cobró también 4000 dólares antes de salir y tendrá una ayuda mensual de 1027 dólares. Ese es el precio del ejemplo. Para Bogotá, Wilson Bueno Largo es un argumento con futuro.

A través de él el gobierno colombiano quiere incitar a otros miembros de las FARC a seguir sus pasos y, así, conseguir la liberación de los 28 rehenes que las FARC quieren intercambiar por la libertad de 500 integrantes de la guerrilla presos. Por lo pronto, al recibir a Isaza, Francia cumple con las propuestas y compromisos expresados en el curso de la extensa y tortuosa fase destinada a obtener la liberación de los rehenes, entre ellos Ingrid Betancourt.

París siempre se declaró dispuesto a recibir a miembros de las FARC que estuviesen dispuestos a deponer las armas y facilitar la liberación de los rehenes. Ayer, la Cancillería francesa aclaró que “por respeto a su vida privada” no se suministrarían detalles “sobre las condiciones de la estadía en Francia de Wilson Bueno Largo”. Con todo, la misma fuente precisó que Isaza no tenía el estatuto de refugiado político, sino un permiso de residencia que le permitía vivir en Francia.

Hace unas semanas, cuando comentó el caso de Wilson Bueno Largo, el ministro colombiano de Interior, Fabio Valencia, declaró: “De estar en una selva, aguantando hambre y cometiendo delitos, se irá a los Campos Elíseos con la novia”. Así ha sido. Poco después de su desmovilización, el guerrillero narró también el estado en que se encontraba la insurgencia colombiana.

Según él, “las FARC en este momento son un grupo muy reducido, unas FARC sin un oriente político que van a desaparecer, que tienen unos guerrilleros sin moral y una descomposición interna. (…) De todo corazón les digo a mis compañeros: desmovilícense, es el mejor camino que cualquier guerrillero puede tomar, dense una oportunidad de reencontrarse con su familia, volver a la sociedad y volver a vivir”.

Isaza comentó igualmente que para él “irme a Francia me repondría de lo que ha sido mi vida en la guerrilla”. Su viaje estuvo en la cuerda floja hasta último momento, pero la Fiscalía colombiana terminó considerando que Wilson Bueno Largo no tuvo nada que ver con el secuestro del congresista Lizcano y que, por el contrario, de-sempeñó un papel decisivo en su liberación. Ello resolvió su situación jurídica.

Isaza tiene una profunda herida en un ojo que se hizo hace cinco años en el curso de un combate. Es un hombre parco de palabras, casi analfabeto. Según un informe del ejército, Isaza era “un buen combatiente”. Wilson Bueno Largo se había convertido en uno de los cabecillas del frente Aurelio Rodríguez de las FARC, cuyas áreas de acción son los departamentos del Chocó y Risaralda, en el noroeste del país.

Medios de prensa colombianos aseguraron que una de las razones que llevaron a Bueno Largo a desertar y fugarse con Lizcano se debió a que su rehén habría entregado años atrás un subsidio de vivienda a la madre del guerrillero. La información fue desmentida, no así el papel que desempeñó su relación sentimental con otra ex guerrillera, conocida con el alias de “Yurani”. La mujer se había fugado cuatro meses antes para entregarse al ejército bajo el amparo de los beneficios otorgados por el gobierno colombiano a quienes dejan las armas. Yurani resultó ser la pieza clave para que los servicios de inteligencia de Colombia ubicaran la columna que dirigía Isaza, en cuyo poder estaba el congresista conservador.

Desde ayer están en París y la historia que está detrás de sus nuevas vidas es mucho más vasta que los límites de su destino. Los auténticos perseguidos políticos, los líderes civiles y sindicales amenazados, tienen todo el derecho de plantearse profundos interrogantes sobre la fragilidad de su condición. Más vale ser un miembro de las FARC arrepentido que un sindicalista para ganar legitimidad internacional.

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