Colombia. Guerra real con retórica de legalidad

Por Susana Giraldo

Con la firma de los Acuerdos de Paz y la desmovilización de las FARC, el régimen anunció el inicio de un raro post conflicto, donde crecieron el presupuesto de guerra y el aparato militar. Estas son las Fuerzas Armadas más activas del mundo, las más grandes en Latinoamérica y con más experiencia en la lucha […]

Con la firma de los Acuerdos de Paz y la desmovilización de las FARC, el régimen anunció el inicio de un raro post conflicto, donde crecieron el presupuesto de guerra y el aparato militar. Estas son las Fuerzas Armadas más activas del mundo, las más grandes en Latinoamérica y con más experiencia en la lucha contrainsurgente; por esto las integran como “socio global de la OTAN” y mantienen estrategias que no están sometidas al examen público.

Con la asesoría de los Estados Unidos, en el 2018 continuaron ejecutando el rediseño operacional iniciado por Juan Manuel Santos y continuado por Duque; en el que aumentan su pie de fuerza y el presupuesto militar, redistribuyendo la tropa y fortaleciendo militarmente regiones como el Suroccidente, Occidente, Nororiente, Arauca y Bajo Cauca, entre otras.

Duque seleccionó su nueva cúpula militar de entre los Generales más fieles al ex presidente Uribe, los más manchados en crímenes de guerra, como las ejecuciones extrajudiciales llamadas Falsos Positivos. A estos expertos en Guerra Sucia, el régimen les encarga la tarea de mantener la “legalidad” del país.

La fracasada Guerra contra las drogas, acá la siguen aplicando

El 93 por ciento de los municipios en donde se cultiva coca, es donde existen los índices más altos de pobreza multidimensional. El Estado colombiano nunca se ha ocupado de promover transformaciones de bienestar y calidad de vida de estas poblaciones; por el contrario, solamente fumigan sus cultivos, arrasando incluso los de pan coger, aumentando la situación de vulnerabilidad de las comunidades.

Trump ha cuestionado la estrategia anti-drogas de Juan Manuel Santos, que combinaba la eliminación de plantaciones con acuerdos de sustitución voluntaria, plan consagrado en el Acuerdo de Paz con las FARC. Pero no se ha limitado a cuestionarlo, sino que además echa atrás acuerdos fundamentales y retrocede a la época de la llamada Seguridad Democrática, que trata al campesino como un “enemigo interno” más, para eliminar y desplazar. Así, Duque acepta los dictados de los EEUU para retomar las fumigaciones aéreas con el herbicida Glifosato, suspendidas desde 2015 por las afectaciones a la naturaleza y a la vida humana.

En los primeros dos meses del Gobierno de Duque, “los homicidios en zonas de sustitución de cultivos aumentaron un 35 por ciento con respecto a agosto, septiembre, y octubre de 2017” según la Fundación Ideas Para la Paz. Y las víctimas son precisamente quienes apoyan las políticas de sustitución concertada de cultivos.

También prosiguen la Guerra contra el terrorismo

Según los EEUU, en Colombia se encuentran tres de los 25 grupos terroristas más peligrosos del mundo, como son las FARC, el Ejército de Liberación Nacional y los narco paramilitares de extrema derecha.

Con esta clasificación mantienen la tutela sobre los Gobiernos de turno, incrementando la asistencia bélica en diferentes campos, principalmente vendiendo equipos, muchas veces obsoletos o que son basura en sus arsenales, a la vez que eliminan o saltan algunas restricciones para que se utilicen contra los grupos insurgentes.

Para poder hacerlo, mantienen un relato que hace que el resto del mundo perciba a Colombia como una peligrosa combinación de terrorismo y narcotráfico, que amenaza las puertas de los EEUU., lo que no sólo facilita la digestión del discurso de la “guerra antidrogas”, sino su articulación en el marco de la denominada “guerra global contra el terrorismo”, puesta en vigor en su última etapa desde 2001.

No sólo la ayuda ha crecido y se han roto los límites entre la guerra contra las drogas y la guerra contrainsurgente -o antiterrorista-, sino que, actualmente, Washington tiene más tropas y contratistas civiles sobre suelo colombiano que nunca antes. De igual manera, en las grandes ciudades con el discurso de garantizar la seguridad, lo que recibe el pueblo es la militarización de las grandes urbes, segregación, represión, inseguridad, mal trato y escalamiento de la violencia.

Lo que cuidan los EEUU en Colombia

Colombia es de los países latinoamericanos que más le interesan a Washington, por su abundancia de bienes naturales y su posición geoestratégica desde donde sostiene planes de desestabilización y rapiña hacia el resto de los países vecino, más aún por su proximidad con Venezuela, que desde hace 19 años se salió del regazo gringo y en busca de su soberanía profundiza cada vez más en un proceso de resistencia anti colonial e independencia.

Colombia como gran Base Militar de las tropas de los EEUU, constituye un arma de agresión en el plan de intervención contra Venezuela, para lo cual han militarizado más la frontera colombo-venezolana, promoviendo la zozobra que sufren pobladores tanto de Colombia como de Venezuela, en una gradual inducción al caos en esas áreas.

Colombia sigue siendo la plataforma de agresión y control de los EEUU hacia la región, donde incrementan la militarización interna, colocando a la sociedad colombiana ante el peor de los mundos: verse involucrada en una guerra contra Venezuela, sin haber resuelto el conflicto armado interno de 70 años.

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