Colombia. Esos pobres arroceros de latifundio

Si comparamos los costos por tonelada producida, Colombia tiene un sobrecosto superior al 35% respecto a EEUU. Con relación a Tailandia, el sobrecosto llega al 90%, y a Vietnam, asciende a 156%.

Cada día me sorprenden más las brechas de productividad agrícola en Colombia, y sus enormes saldos ambientales. Recientemente, se publicó el “plan de ordenamiento productivo de la cadena arrocera de Colombia, 2020-2038” (UPRA, Ministerio de Agricultura). Y, los datos suministrados son cada vez más preocupantes.

Si se revisa la estructura de costos por tonelada entre EEUU y Colombia, se encuentra como un hecho asombroso que, el costo del arriendo de la tierra en Colombia (56 dólares) es superior al de EEUU (41 dólares). Los costos de riego son escandalosamente superiores en Colombia (27 dólares) frente a EEUU (9 dólares). La fertilización en Colombia es de 54 dólares, mientras que en EEUU es apenas de 31 dólares. Sin mencionar los rendimientos que solo llegan a 6,3 ton por ha en Colombia, y en EEUU ya llegan a 9 ton por ha. Si comparamos los costos por tonelada producida, Colombia tiene un sobrecosto superior al 35% respecto a EEUU. Con relación a Tailandia, el sobrecosto llega al 90%, y a Vietnam, asciende a 156%.

En la franja media y baja intertropical queda claro que el arroz no responde bien a los rendimientos, lo que queda demostrado en Vietnam, Tailandia y Camboya, con guarismos de 6,5, 5,6 y 2,5 ton por ha, respectivamente. Esas famosas 2 horas de luz solar adicionales que sí tienen las tierras templadas no son para nada despreciables. De hecho, el plan de ordenamiento trata de aminorar en varios momentos su verdadero peso geoecológico en el globo, a pesar de todos los esfuerzos tecnológicos incorporados a la fecha.

En Colombia, los agrosistemas arroceros deben reconocer con seriedad esta fuerte limitación, y empezar a establecer zonificaciones de aptitud a nivel predial (no a nivel regional, que es la costumbre de todas las consultorías colombianas con cooperación o sin ella). Corregir los precios de arrendamiento, de fertilización y de riego, y ampliar las áreas cultivadas, incrementar los estándares ambientales, entre otros, bajo los criterios de esta zonificación, sigue siendo una deuda de las políticas públicas del Estado central. Véase, por ejemplo, los “manchones” de las páginas 107 o 165 sobre zonificación de aptitud, que son un verdadero chiste.

El problema central de la alta concentración de la tierra en las regiones arroceras sigue siendo visto por la UPRA como algo de menor valía. La “nueva” estrategia de enfocar el asunto de la productividad del suelo como un mero “ordenamiento productivo”, ya ha demostrado que no puede ordenar efectivamente nada en el territorio. De hecho, el plan sigue insistiendo en poner en un solo saco a las economías familiares campesinas arroceras, a los medianos arroceros y a los grandes productores, pues, para la UPRA, quien controla menos de 10 ha, ya es considerado un pequeño arrocero. Lo que es un despropósito total.

Los interesados pueden revisar el documento en UPRA.

 (*) Profesor asociado de la Universidad del Tolima.

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