Colombia. ¡Es nuestro momento!

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La crisis que vivimos ha traído a colación diferentes conceptos e interpretaciones, que pretenden explicar el porqué de los acontecimientos actuales. Ante la inminente saturación de información, resultado de la gran cantidad de fuentes que brindan su punto de vista, llegó a mí un concepto que había leído hace ya varios años y al cual no había dedicado tiempo, debido al tinte conspirativo que encontraba en él. Sin embargo, sumido en la crisis actual, y sobre todo observando la paupérrima situación de las clases populares, este concepto ha cobrado todo su sentido en mí.

Llamado “La doctrina del Shock”, este concepto fue acuñado por la periodista Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre”.

En palabras de James Rickards, reconocido economista[1]. “La doctrina shock es simple. Los líderes políticos utilizan las crisis para ubicar a la fuerza, políticas en lugares donde nunca se las hubiese aceptado en tiempos normales”. Básicamente este concepto explica como la burguesía utiliza diferentes acontecimientos traumáticos socialmente para implantar medidas que los favorecen y que en un contexto que podríamos llamar “normal” no podrían llevar a cabo.

Naomi Klein y James Rickards, en sus respectivos libros dan una gran cantidad de ejemplos con los cuales nos quieren hacer entender de qué forma nos engañan estas clases privilegiadas para seguir acumulando dinero a expensa de nosotros. Ante todos estos ejemplos, nace en mí una pregunta… ¿Puede la clase obrera colombiana aplicar una estrategia de “doctrina Shock” ?, ¿Por qué no? ¿Por qué no aprovechar este momento de crisis capitalista y conflicto interoligárquico para apropiarnos de esa plusvalía que durante décadas nos han arrebatado?

Aunque de principio este concepto se nos plantea perverso e indignante, lo que se propone es verlo desde otra perspectiva. Una en la que sea una oportunidad para reivindicar los derechos de los oprimidos, aprovechando la grieta en el sistema social y económico capitalista. Esta grieta en el sistema, brinda oportunidades a los movimientos alternativos que proponen sistemas económicos diferentes al capitalista, y ante esta oportunidad nosotros tenemos la obligación de proponer medidas de hecho que brinden esperanza a las clases populares. Son diferentes los atropellos que nos tienen que motivar al cambio, y estos los mencionare a continuación.

El porqué

Esta crisis del capitalismo se avizoraba desde mucho antes que el Covid19 irrumpiera en el escenario internacional, la recesión mundial ya era inminente. Es sabido que este es un sistema insostenible, que pasa por su tercera crisis después del crack del 29 y de la crisis hipotecaria del 2008. Aun así, las clases privilegiadas se han anclado a él, con el fin de no perder sus beneficios, y han utilizado la geopolítica como herramienta de defensa de sus intereses.

Los capitalistas y su forma de producir, son los únicos culpables de la calamidad sanitaria y económica que estamos viviendo, ya que han creado todo un entramado políticoeconómico para beneficiarse hasta de la actividad más primordial. Esta es una crisis que ellos crearon y que estamos sufriendo nosotros.

Complementando la idea anterior y entrando ya en el caso colombiano, si existe una razón por la cual nuestro sistema de salud sea tan precario como lo hemos evidenciado durante esta crisis, es debido a aquella ley 100, por la cual se privatizaron los servicios de salud para que unos bribones se llenaran los bolsillos con el dinero de la salud de los colombianos.

Las EPS y las ARL en Colombia, han hecho de la salud un desastre, un sistema inoperable que sirve solo en el caso de las clases privilegiadas que pueden adquirir servicios prepagados, y que ha pasado por múltiples escándalos de corrupción desde la implementación del decreto. Como si no fuera el colmo del cinismo, en los últimos días se ha denunciado que las ARL como: Positiva, Sura, ARL Seguros, Bolívar (Liberty), Seguros Alfa, Colmena, Seguros La Equidad, Mapfre, Colpatria o Aurora, no están entregando los suministros necesarios para enfrentar el virus a los trabajadores de la salud[2]. Este es uno de los muchos ejemplos que demuestran como los capitalistas afectan a la población impulsados por su ambición, dejando a un lado los intereses y derechos de las clases populares.

También, la crisis económica ha repercutido en el sistema financiero colombiano. Y el sistema bancario ha mostrado una vez más el nulo interés que tiene hacia la situación de los ciudadanos. Las entidades financieras han recibido enormes sumas de dinero por parte del Banco de la República para afrontar la crisis, esperando que estas a la vez brinden créditos a las empresas que las ayuden a reabrir después de la calamidad actual. Sin embargo, diferentes medios han hecho públicas las quejas de la ciudadanía en las cuales argumentan que, dichos créditos son inaccesibles para las MiPymes.

Los bancos han sido los actores más atacados durante la actual crisis, debido a la nula cooperación que han tenido con los ciudadanos. Siguen cobrando transacciones e intereses, además de que han quedado inmersos en escándalos recientes como el de FINAGRO. Sin embargo, el Banco de la República sigue brindándoles beneficios, como la reciente reducción del encaje bancario mediante el cual pueden despejar más dinero para su utilización comercial.

Pero no solo el sistema financiero ha mostrado ese profundo desinterés por las clases populares. La peor cara de este sistema opresor, se vio mediante la propuesta de FENALCO, en la cual pide al ministerio del trabajo poder reducir los salarios de sus empleados hasta en un 30% durante el tiempo de crisis[3]. Una propuesta que muestra la total falta de sensibilidad de estos gremios con las clases trabajadoras, en las que prefieren sacrificar a los trabajadores antes de obligarse a rebajar sus ganancias. Es esta ambición sin límites morales, ni éticos, característica de la oligarquía capitalista, la que ha presionado detrás de bambalinas al presidente para apresurar un retorno de las actividades, retorno que sería prematuro y peligroso, sacrificando siempre a las clase obrera.

El problema es que muchas de las personas del común, sobre todo trabajadores informales, ven con buenos ojos la retoma de las actividades, ya que debido al parón aguantan hambre y saben que poder trabajar brindará un mínimo alivio ante sus necesidades. Sin embargo, esta lógica no responde a lo que debería ser una política social de cuidado a la población.

La medida correcta que debe tomar el Gobierno, es aplicar la cuarentena obligatoria mínimo hasta finales de junio, teniendo en cuenta el análisis de la curva de crecimiento del virus. Esta cuarentena debe cumplir con todas las garantías de servicios, alimentación y cancelación de deudas bancarias, además de obligar a las empresas a cumplir con el pago completo de sus nóminas.

Todo la anterior, sumado a los escándalos recientes por el robo de los dineros para alimentación de los más necesitados por parte de políticos inescrupulosos y sumado también a las desproporcionadas represiones por parte del ESMAD en protestas en las que las persona no piden más comida, nos llena de motivos para buscar un cambio drástico en las relaciones de producción. Y este momento de crisis es el indicado para dar un golpe sobre la mesa.

El cómo

¿Cómo aplicar una estrategia de “shock”? Tenemos que aprovechar el desgobierno que hemos evidenciado antes y durante la pandemia para dar un golpe contundente. Ahora, la crisis del sistema capitalista sumada al conflicto interoligárquico nos brindan una oportunidad histórica para mostrar un sistema alternativo que sacie las necesidades de la clase trabajadora. Uno de los conceptos a explicar es el de “conflicto interoligárquico”. Concepto trabajado en el conversatorio de la Escuela Permanente Carlos Alberto Pedraza el pasado viernes 24 de abril, y del cual me permitiré tomar ideas importantes. 

A grandes rasgos, podríamos decir que las relaciones capitalistas han llevado a que los capitales se especialicen en algún sector. Esto nos lleva a que exista un capital industrial, donde se encuentran empresas como: Arturo Calle, Ecopetrol o Bavaria. Un capital financiero, con empresas como: Grupo aval, Davivienda, y un capital comercial, con empresas como: Grupo éxito entre otros.

Cuando hablamos de conflicto, es necesario observar el contexto actual para darnos cuenta mediante las diferentes noticias, de las disputas que están ocurriendo entre estas oligarquías. Por ejemplo, la ANIF, que es el gremio de las instituciones financieras ha pedido mayor liquidez por parte del banco de la república. FENALCO la agremiación que junta a los comerciantes, ha hecho la propuesta de un modelo de pago compartido en donde el estado dé una parte y los empresarios otra. La ANDI que agremia a los grandes sectores industriales también hizo un pronunciamiento en el cual aseguran que las reservas en las grandes industrias solo alcanzan para 11 días.

¿Pero a qué punto quiero llegar con todo esto?, todas estas noticias nos dejan ver ese conflicto actual que existe entre las oligarquías capitalistas, que no se ponen de acuerdo para tomar medidas ante la crisis. En lo único que, si se han puesto de acuerdo, es que las clases populares tienen que ser las sacrificadas en este momento, de ahí a que el presidente haya tomado la decisión de reabrir algunos sectores económicos a costa de la salud de muchas personas.

Los atropellos a los que la clase obrera tiene que enfrentarse, más que entristecernos y desmoralizarnos, tiene que impulsarnos y llenarnos de motivos para realizar una verdadera revolución que tumbe las relaciones de producción capitalistas las cuales van en detrimento de los trabajadores. La unión en necesaria, es menester reunir todos los movimientos que este momento se encuentran dispersos; indígenas, trabajadores, estudiantes, profesores, campesinos, todos tenemos que unirnos buscando un mismo norte. Una estrategia que particularmente me parece interesante, es concentrarnos sobre todo en la clase media, ya que la clase media colombiana tiene una particularidad.

Estas personas viven completamente sumidas en el sistema capitalista, y recurren a acciones que las hunden aún más, con el fin de aparentar un estatus social que en definitiva no tienen. Esta clase social es sobre la cual recae todo el peso económico del país. En datos del DANE, para el 2015 la clase media tenía una tasa de participación en empleo del 72%, además de que es la encargada de que el consumo siga sus niveles normales, y es a la vez la que más se endeuda mediante hipotecas, créditos educativos y créditos para automóviles.

Obstáculos

Sin embargo, tendremos que observar que posibilidades reales tiene el movimiento de masas de organizarse de una forma que produzca un verdadero cambio. Y ante esto EPCAP, también ha hecho un análisis realista que aporta de gran manera a este artículo. Hay que empezar diciendo que no existe un consenso entre los movimientos de masas, esto debido a la atomización y dispersión de los movimientos alternativos creada en cierta forma por la constante matanza de líderes sociales.

Flagelo ha creado miedo, y no ha permitido que los movimientos entren en verdadera cohesión. Además, hay que recalcar que partidos como el de alianza verde, que se disfrazan de alternativos han creado confusión y dispersión, esperanzado a las personas con ideales que en la práctica no se cumplen, y que por el contrario recurren a medidas muy de derecha como en el caso de Bogotá y Villavicencio con la forma de reprimir a las personas que están saliendo a reclamar por comida.

La esperanza

Culminando este texto, y volviendo a estas expresiones del pueblo que ejemplifican las protestas de Soacha en Bogotá y de San Antonio aquí en Villavicencio, hay que tener en cuenta que estas expresiones han sido protestas espontáneas de las personas en donde demuestran un malestar real.

Estas no han sido manifestaciones en donde haya existido una organización, aquí crece la necesidad de brindar herramientas ideológicas a estas personas, con el fin de demostrar conjuntamente y de manera organizada nuestro inconformismo general. Es necesario unirnos, con el fin de crear políticas de organización que brinden medidas de hecho, que pasemos de las ideas a la práctica, brindando una salida de la crisis a toda la clase trabajadora.

Así y solo así, lograremos la superación de las relaciones capitalistas de producción que nos tienen sumidos en la infelicidad; apropiaremos de lo que es nuestro por derecho; crearemos una sociedad en donde primen los intereses del pueblo y no los intereses privados de unos pocos;  lograremos nuestra anhelada revolución.

[1]Rickards, J. (2015). La gran caída.

[2]El colombiano (2020). Contraloría revela las ARL que aún no suministran elementos de protección 
[3]El tiempo (2020). FENALCO plantea acuerdos colectivos para bajar salarios temporalmente 
[4]BBC (2020). por qué Rusia no quiere reducir la producción de petróleo pese al desplome de los precios por el impacto del covid-19
[5]EPCAP (2020). Cambios en la disputa interoligárquica ¿nuevas relaciones de fuerzas en el bloque dominante?

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https://trochandosinfronteras.info/nuestro-momento/

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