Colombia, entre el referendo revocatorio y el paro/cívico nacional

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Colombia, como cualquier nación, chiquita o grande, potente o débil, tiene su historia, su pasado, presente y futuro. Es un cuerpo vivo, dinámico, en incesante movimiento. Parecería un lugar común, una referencia teórica simple y hasta desueta en la consideración intelectual postmoderna de quien omite el acervo ideológico complejo de la humanidad, decir que su naturaleza, su esencia, su forma y su contenido lo determina el choque múltiple, micro/macro, plural de la multitud con la minoritaria camarilla dominante y sus redes institucionales/políticas de poder y de control, con el bloque del biopoder dominante.

Para decirlo sin rodeos, en nuestra nación es la lucha de clases el alma de nuestra historia, expresada en todos los ámbitos: político, electoral, mediático, urbano, rural, guerrillero, sindical, cívico, penitenciario, cultural, militar, judicial, legislativo, etc.

La autopoiesis social (Luhman/Maturana), la autoreproducción perpetua de la sociedad colombiana tiene soporte/pivote en el antagonismo y la contradicción dialéctica entre los pobres y los ricos. Los ricos a impedir la plena constitución de la subjetividad popular mediante la negación de sus derechos y los pobres reivindicando sus derechos y garantías como parte esencial de su ser pleno. Es una ley sustancial de la historia y no somos la excepción por más que se nos quiera acomodar en los protocolos de la denominada civilización occidental/postindustrial.

Con o sin liderazgos expresos, con o sin partidos vigentes, la resistencia, la oposición, la protesta, la movilización ocurre en el mundo de la cotidianidad. Por fortuna, y trascendiendo todas las adversidades, las clases subalternas colombianas han constituido sus propios dispositivos organizativos/políticos de lucha, acción y oposición radical. Por supuesto, no tiene los niveles ideales, óptimos y la falta de unidad popular es una enorme falla que aprovechan las facciones dominantes para mantener sus poderes oligárquicos, autoritarios y no democráticos. Por eso tan útil y oportuna la propuesta de la «unidad de movimientos» como metodología para obviar los sectarismos y las rivalidades, sobre todo entre las diversas expresiones de la izquierda vigente.
Visto en retrospectiva, es mucho lo que se ha logrado en los últimos 40 años. Hacer un balance, un inventario de la organización y la unidad popular debe ser objeto de un trabajo exhaustivo de investigación y análisis para que las nuevas generaciones y los liderazgos de hoy aprendan en la rica experiencia y tradición revolucionaria.
Reten militar en el departamento de Caquetá, víctima del Plan Colombia, Plan Patriota, Plan . . .

Pero como todo análisis debe ser concreto y puntual, pertinente e incidental, es evidente que en el «corte coyuntural» se han configurado varios movimientos y procesos de acción popular y subjetividades emergentes contra situaciones y estrategias implementadas por el bloque de biopoder dominante y su modelo neoliberal. Las protestas, las acciones, las huelgas, la inconformidad cívica ocurre a propósito de diversas irregularidades y tragedias. Son micro, meso y macro confrontaciones del pueblo, de las masas con las estructuras de poder. Ocurren tanto en veredas, localidades, municipios, departamentos, regiones y en la nación entera. Los problemas son diversos: la crisis de la salud, la megamineria, la vulneración de los derechos humanos, la privatización de la educación, la corrupción, el cinismo de los politiqueros, el desempleo, la impunidad de la parapolítica, la violencia, el conflicto, los ajustes en el impuesto predial, la reparación de las victimas, los atropellos carcelarios, el despojo de los campesinos, los malos salarios como en el caso de las madres comunitarias, la atención de los damnificados por el invierno, los conflictos interestatales, la política internacional, la imposición de TLC .

Hay regiones enteras, departamentos completos en los que la población ha realizado recientemente poderosas movilizaciones contra la locomotora minera y la afectación de los recursos naturales como el agua: Santander, Tolima, Quindío, Choco, Bajo Cauca Antioqueño, Guajira y Sierra Nevada de Santa Marta. Hay área donde el ambiente social está caldeado como en Cucuta y su área metropolitana a causa de los atropellos y «alcaldadas» de las autoridades municipales al reajustar los impuestos predial y de industria y comercio. Hay comunidades inmersas en la indignación por el cinismo de la clase política como en el Valle de Cauca, lugar en que se realizaran unas elecciones el 1 de julio para designar un gobernador que reemplace al suspendido por corrupto, y donde la indiferencia y apatía parece ser la forma de repudio al catastrófico estado de cosas, dando pie a un potencial voto en blanco que obligaria una repetición de las votaciones con otros candidatos y otras propuestas porque las que hay son un remedio peor que la enfermedad. Así que resulta más barato pagar nuevas elecciones que permitir que uno de los tres postulados llegue al poder porque sus antecedentes personales o de sus partidos son todo un riesgo para los patrimonios públicos dado el inescrupulosos comportamiento que los caracteriza.

Mujeres campesinas movilizadas expresando su apoyo a la Marcha Patriotica.
En el día de hoy tenemos dos procesos de mucha importancia. Uno es el referendo revocatorio que se está impulsando por amplios sectores de la sociedad para derogar la reforma a la justicia recién aprobada por el órgano legislativo la cual introdujo sustanciales reformas del régimen parlamentario para dejar en la impunidad los delitos de la «clase» legislativa y su vínculos con la parapolítica, el narcotráfico y la corrupción. La opinión ciudadana no sale de su sorpresa al leer el texto del articulado de lo impuesto y el señor Santos, su principal auspiciador, ha tenido que salir a parar el esperpento jurídico ante la creciente y manifiesta repulsa popular y cívica. El enredo es de tales proporciones que los promotores del referendo revocatorio y la anulación de las credenciales de los legisladores desviados, no retroceden en sus propósitos porque descreen de la palabra presidencial, volátil e inconsistente.
El otro es el diseño, la planeación y organización de un paro cívico/político nacional que impulsa la recién constituida Marcha Patriótica, confluencia popular urbano/rural. Paro que debe ser el acumulado de todas las protestas en curso. Se trata de una huelga política de masas que de el golpe en los nervios principales del poder del bloque biopolítico dominante en toda la estructura del Estado y la nación. No se trata de un evento artificial, sujeto a tiempos cronológicos (con fechas acomodadas arbitrariamente), sino más bien de un «mundo verdad» que debe llegar por entre los tiempos ontológicos según se den las condiciones objetivas, porque los sujetos conscientes que lo protagonizan van calibrando adecuadamente las correlaciones de fuerza y los estados de animo del espíritu popular y sus capacidades de combate, sus reales potenciales constituyentes.

Mujeres indígenas wayuu, también, como 1700 organizaciones colombianas, participaron el 23
de abril en la más grande megamanifestación que Colombia había visto en los últimos años.
Es la perspectiva de corto y mediano plazo que se avizora hacia el futuro. Grande el desafío para la Marcha Patriótica y sus lideres, y para los promotores y organizadores del referendo revocatorio que ya esta sumando firmas en las calles de las principales ciudades colombianas. Hay que romper el miedo y contagiar de entusiasmo las masas populares. Hay que levantar el optimismo de la voluntad y vencer el pesimismo de cierta inteligencia.