Colombia: En Bogota, conquistar los derechos democráticos con poder popular.

 

La propaganda imperante en Bogota, la de la BH, nos  quiere hacer creer que vivimos en un paraíso envidiable. Que la mayoría de los 8 millones habitantes son unos privilegiados, ciudadanos de un mundo desarrollado, con todos sus derechos básicos satisfechos y gozando de las bondades de una democracia política avanzada. Nada más alejado de la realidad.

Son muchas y graves las falencias que acorralan a casi siete millones de personas residentes en la Capital colombiana. La segregación social, la exclusión política, el desempleo, la mala calidad de la salud, el neoliberalismo en la educación, el clientelismo, la corrupción,  la violencia (contra las mujeres, los niños y los ancianos) y la inseguridad son una constante en grandes concentraciones urbanas como Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy,  Suba, San Cristóbal,  Tunjuelito,  Usme, Engativa y Soacha.

La movilidad es un desastre, pues Transmilenio, el sistema masivo de transporte, terminó convertido en un basurero ultrajante, en una cloaca, como consecuencia de la pésima y corrupta administración de los funcionarios de confianza del actual Alcalde Petro, de la izquierda de saco y corbata, encartados en investigaciones penales por chanchullos y fraudes que han favorecido a 12 poderosas familias que monopolizan el sistema.

La política social fue capturada por farsantes seudo izquierdistas, de saco y corbata, (Rojas et. Al) que organizaron un monumental sistema clientelar con redes de corrupción que despojan los billonarios presupuestos asignados para grupos vulnerables como los habitantes de la calle, discapacitados, la población indígena, afros, LGBTI, jóvenes,  niños,  madres comunitarias, viejos y prostitutas. En el aparato administrativo de integración social distrital se conformó una extensa red clientelar alimentada con contratos asignados a dedo, con coimas y mordidas que sirven de fuente al enriquecimiento del Secretario y sus testaferros.

La educación pública sigue sometida a los códigos del neoliberalismo y las lógicas del mercado. Sánchez, la ficha de confianza del Alcalde, es un burócrata asociado con las estrategias del Banco mundial que imponen las privatizaciones y los privilegios a los mercaderes de los planteles escolares de los grupos oligárquicos, mientras la calidad de los programas públicos de bachillerato son una vergüenza y ultraje. Los educadores públicos son sometidos al maltrato recurrente y a los pagos salariales de hambre y esclavitud, pues se hacen con contratos a término y flexibilizados.

Los programas económicos a cargo de Simancas, un burócrata inepto e inmoral, son un verdadero hueco negro por el que desaparecen cifras presupuestales gigantescas en contrataciones espurias. Los campesinos de Sumapaz, los artesanos, los pequeños empresarios, los vendedores ambulantes y otras categorías sociales vinculadas con la producción de subsistencia son objeto del atropello y engaño.

Los trabajadores del distrito deben soportar los peores regímenes de contratación y administración, pues sus derechos a la estabilidad y adecuado pago son ignorados por los sedicentes gerentes petristas. Miles de funcionarios deben soportar una ultrajante interinidad, que se utiliza para impedir su independencia, dignidad y organización sindical. Entre tanto, el Director del Departamento Administrativo del Servicio Civil de Bogota, adelanta contrataciones a dedo por millonarias cifras a través de la Universidad Panamericana de Compensar. Operaciones que le reportan abultadas tajadas porque los encargados de las obras no entregan resultados a satisfacción, toda vez que niegan los pagos a las personas que tiene la responsabilidad directa de los proyectos.

Todos estos funcionarios siguen la pauta trazada por la familia Petro/Alcocer/Gutiérrez y su entorno más cercano, involucrados en diversos escándalos de robo a las arcas y patrimonios públicos, como se ha visto recientemente a propósito de la construcción de un complejo urbanístico en una zona de reserva natural en la Localidad de Suba, hasta donde los allegados del Alcalde arribaron para aprovecharse de privilegios administrativos con el fin de adelantar unas obras de vivienda como negocio de plutócratas que emergieron con las fortunas del narcotráfico y la contratación amañada en el periodo del “innombrable” AUV.

En las 20 Alcaldías locales el panorama es similar. Pequeños reyezuelos envanecidos, disponen a su antojo de la administración y como Jefes locales manejan a su antojo los recursos públicos. Alcaldes, como la de Suba, para dar un ejemplo, reparten a discreción millonarios contratos entre familiares y amigos que la recompensan de manera abundante con prebendas y repugnantes coimas.

En todo esto devino el fementido partido progresista/izquierdista del señor Petro, de saco y corbata. En algo parecido al PRD Mexicano de los “chuchos, cueva que alberga a los peores criminales, como el gobernador de Guerrero y el Alcalde de Iguala, el siniestro socio de la mafia que asesino a los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Amplias franjas del gobierno bogotano son hoy herramientas de las mafias de la microcorrupción, como la Secretaria de Gobierno y su oficina de localidades. Situación que genera graves consecuencias para la ciudadanía más débil y en condiciones de pobreza y miseria.

Ante esa situación tan grave, tanto en el Distrito como en las Localidades, estamos asistiendo a la reacción de distintos movimientos sociales y populares.

En Suba, en Ciudad Bolívar, en Bosa, en Engativa, diversas manifestaciones de inconformidad se están expresando con mucha fuerza. Hay un poder constituyente en curso orientado a la organización de formas populares de soberanía.

El poder popular que cuaja se estructura en la lucha por la vivienda, por el empleo digno, por la educación de calidad, contra el hambre, por la seguridad alimentaria, por el derecho pleno a la movilidad, por los derechos humanos y contra la violencia de las mafias policiales, por los derechos de los desplazados, por la universidad pública, por la protección de los recursos naturales, por el derecho a la información alternativa, por el respeto a la diferencia, por los derechos de los indígenas, de los afros, por la transparencia en la administración pública.

En esta lucha plural, la conquista de la paz en Bogota es un punto clave. En ese sentido la presencia de las resistencias históricas del campesinado colombiano también es un hecho en la Capital y sus barrios, demandando la concreción de los puntos consensuados en La Mesa de La Habana entre las Farc/EP y el gobierno del señor Santos. No puede ser que Petro, quien duro largos años pidiendo la extradición y el juzgamiento en la Corte de La Haya de los líderes de la resistencia guerrillera, sea quien se aproveche ahora, de manera vulgar, de las realidades de paz que se construyen en Cuba, con el sofisma de que es una víctima de los verdugos que el mismo entronizo con sus oportunistas maromas legislativas.

Que se sienta el poder popular de las resistencias revolucionarias de los bogotanos con sus múltiples formas de lucha.

 

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