Colombia. Camino de rabia y dignidad

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Por treinta años Forney, caminó por barrios y veredas; se autodenominó la memoria visual del movimiento popular en la cuenca del río Tunjuelo, sur de la ciudad de Bogotá.

Como las hojas que arrastra el río descendió del páramo, camino la montaña, los barrios en el remolino de paros, asambleas, audiencias y tropeles; con cámaras viejas y nuevas, propias y prestadas; de la suave caricia de la neblina paramuna al cálido ardor del gas lacrimógeno.

Cargando en su vieja maleta las virtudes y defectos que tenemos los populares, sin ser el mejor ni el peor, querido y odiado, terriblemente sincero y crítico, pero indiscutiblemente omnipresente su mayor virtud, siempre ahí al calor del tropel, entre vainazo y vainazo soñando utopías y construyendo realidades.

Tomando la foto, filmando, la implacabilidad del tiempo, el hambre y las angustias, hizo que las caminadas cada día fueran más cortas. ¿Qué pasó? le pregunté, “me recetié y me pinche” me contestó. Traducción: un accidente cardiovascular -ACV- que llaman, le afecto la motricidad y la memoria.

Tiempos de rebusque, derrotar el día a día, ¿qué comer?, ¿en dónde dormir?… Pero como no hay mal que dure cien años, la plaza indígena y campesina de milagro y milagrosos se mantiene; a Forney se le convierte en su opción de conseguir la comida del día y unos pesos para pagar la dormida en una pieza.

Pero no hay tranquilidad para el pobre dirían otros, llegó el cuento del virus del COVID – 19, y la normas que hay que cumplir para “preservar la vida”, “cuidar a los ancianos”, como en la vendedora de rosas “para qué zapatos si no hay casa” el anciano compañero sufre un infarto trabajando en la plaza.

Cuando sale del hospital tranquilo a hacer lo que sabe, seguir rebuscando, ayudando en la distribución de mercados en la plaza, pero carajo ahí está la institucionalidad para “preservar la vida”, “cuidar a los ancianos”, actuando diligente y legalmente hace cumplir la sacro santa norma: “Una persona mayor debe estar aislada, no debe trabajar, debe cuidarse” y se le prohíbe la entrada a la plaza y se amenaza a todo aquel que le dé trabajo, todo sea por cuidar al anciano y cumplir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud -OMS- que todo lo sabe de nuestra realidad.

Forney no puede trabajar, no tiene ya asegurada sus comidas; sin ingresos, no puede pagar la pieza para pasar la noche. Hoy, la memoria visual del movimiento Popular de la Cuenca del Río Tunjuelo,  sin memoria, sin casa, ni comida deambula por las calles de «La ciudad de un nuevo contrato social y ambiental para la Bogotá del siglo XXI” .

Gracias OMS, gracias Gobierno Nacional, gracias su majestad señora alcaldesa, por preocuparse por los ancianos. Muchas gracias Gobernantes Hijueputas.

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https://trochandosinfronteras.info/rabia-y-dignidad/

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