Colombia: Cae un General Rey … a raíz del caso Langlois y las mentiras de los militares que quedaron al descubierto

2012-07-04-abpnoticias-Jimy Ríos- 

Otra baja propiciada por la actividad guerrillera de las FARC. El Mayor General Javier Enrique Rey fue relevado del mando de la División de Aviación de Asalto Aéreo del Ejército. Esta División tuvo bajo su responsabilidad la operación en la cual se presentó la captura en combate del periodista francés Romeo Langlois por parte del Ejército de Manuel. El General preparó un show mediático, y el tiro le salió por la culata.
Colombia: Cae un General ReyMayor General Javier Enrique Rey Navas recibe su tercer sol de manos del Juan Manuel Santos
Al intentar tergiversar lo sucedido, lo que realmente logró Rey, fue generar contradicciones entre los más altos mandos y el gobierno de Santos. El comandante de las FFMM, General Alejandro Navas, presentó versiones que fueron desmentidas por el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón. Tal sería la inconformidad por el desastre de la operación, que de hecho, el comandante de las FFMM no asistió a la ceremonia del relevo del General Rey, como es costumbre en la transmisión de mando en una Unidad Operativa Mayor.

El relevo se conoció públicamente por una nota escueta que apareció en la web oficial del Ejército de la oligarquía. También es costumbre que se informe sobre el cargo que asumirá el relevado, pero en esta oportunidad se obvió el destino del General Rey, quien orientó 15 años la aviación hasta convertirla en División. En los medios de comunicación no apareció nada al respecto. Todo indica que el malestar que generó no es menor y Rey salió por la puerta de atrás. Fue por lana y salió trasquilado por la fuerza guerrillera.

A lo anterior se suma la apertura de una investigación por parte de la  Procuraduría General. El Procurador Alejandro Ordóñez orientó “iniciar las indagaciones correspondientes y averiguar quién autorizó y si es cierto que portaba prendas militares.” Con esto vale la pena recordar que no son falta de garantías jurídicas lo que tienen los militares. Más bien es que sus excesos superan cualquier normativa sobre la guerra. Ya saldrán a quejarse de nuevo los militares activos y retirados, los civiles de la banda uribista y el mismo gobierno que piden a gritos el fuero militar para encubrir sus desafueros.   

Y es que los hechos que rodearon la captura de Langlois en calidad de prisionero de guerra, son un buen ejemplo del afán del régimen por mentir sobre el desenlace de la confrontación, la situación de la insurgencia y las causas del conflicto social y armado.  El Estado en pleno y sus aparatos de comunicación se vieron en dificultades para informar sobre lo sucedido.

Quisieron montar una película con una sarta de mentiras y terminaron con un circo. Primera escena dijeron: “vamos a atacar las finanzas de las FARC.” Lo cierto es que llegaron a una humilde vivienda de propiedad de un campesino que aceptó la producción de pasta de coca. El campesino argumentó dicha actividad con la falta de oportunidades para sacar los productos que allí siembra. Cosa que es generalizada en Colombia. Rey habló de grandes laboratorios.   

Segunda escena: “el periodista no estaba uniformado.” El Ejército termino aceptando que portaba un chaleco antibalas y un casco.

Tercera escena: “El periodista firmó un documento en el que asumía su responsabilidad en la decisión de acompañar a la patrulla militar.” Esto lo dijo nada más y nada menos que el general Alejandro Navas, comandante de las FFMM. Cosa desmentida por el Ministro Pinzón y el documento nunca apareció.

Cuarta escena: “en el combate murieron 4 militares y 8 resultaron heridos”. La realidad es que fueron dados de baja una veintena de sus miembros según informo el Ejército de Manuel.

Quinta escena: “el mal tiempo en la zona impidió a los refuerzos repeler más rápidamente a los atacantes.” Falso: en el documental producido por Langlois se dejan ver las aeronaves y el capitán en tierra orientando coordenadas. Además al otro lado del radio del capitán, un coronel desesperado, utilizando palabras de grueso calibre al referirse a la falta de coordinación para sacar del combate su compañía.  

Sexta escena: “el periodista es amigo de los terroristas”. Esto dijo el narcoparamilitar Álvaro Uribe Vélez acostumbrado a etiquetar a quienes presentan versiones diferentes sobre la guerra contra el pueblo en Colombia.

Al circo no le faltó propaganda, y para eso entró el payaso de la CIA, Alfredo Rangel con dos slogans: 1. “en la eventualidad de que esté secuestrado sería un incumplimiento flagrante del compromiso de las FARC de no volver a secuestrar civiles”. Rangel olvidó deliberadamente que el periodista fue capturado en combate y uniformado, en compañía de soldados y se había descendido de un helicóptero militar.

2. “El hecho de ser un periodista y extranjero, pondría a las FARC en una pésima situación frente a la comunidad internacional”, agregó Rangel. Pero lo cierto es que estas características del personaje le preocuparon más a los militares y al gobierno. En parte, de ahí la confusión, las contradicciones y el desorden, pes los puso en evidencia internacional. De hecho me llamó la atención la “generosidad” del General Rey. Según él, “hemos buscado los buenos oficios del Comité Internacional de la Cruz Roja.” Esto no lo han hecho ni por sus propios hombres que abandonan en la selva por más de una década.

Fue muy evidente el intento por mentir. En tal sentido, el senador Armando Benedetti, de la coalición de gobierno, propuso un debate en el Congreso, pues son “demasiadas dudas sobre lo que sucedió y sobre todo no se ha aclarado la presencia de un periodista en combate.” El periodista Enrique Santos Calderón (de la familia del presidente) dijo que “hay que tomar toda la información del caso Langlois con beneficio de inventario.”

Por otro lado, las FARC sostuvieron que “lo mínimo que puede esperarse para la recuperación de su plena movilidad es la apertura de un amplio debate nacional e internacional sobre la libertad de informar».

Bien por la propuesta de la organización guerrillera, o bien por credibilidad de los periodistas, se realizó en Bogotá un coloquio sobre libertad de prensa y el cubrimiento del conflicto colombiano. La invitación planteaba estas preguntas: ¿Cómo estamos cubriendo el conflicto? ¿Se cubre de manera adecuada? ¿Se dejó en manos de los corresponsales internacionales? ¿Ir protegido por uno de los combatientes es más seguro? ¿Es lo mismo cubrir a la guerrilla que a los paramilitares?

La subeditora de Justicia de EL TIEMPO, Jineth Bedoya, se justificó andar de la mano con los militares, «porque cada vez es más difícil llegar a esos sitios, por lo que no se está informando del conflicto en las zonas donde este se da».

A su turno, Enrique Santos Calderón, “recordó que hace varios años se hizo un manual para cubrimientos en zonas de conflicto en el que se recomendaba no viajar en vehículos militares, no ir solos, no ir con militares y por supuesto no usar prendas militares porque el riesgo aumenta tremendamente.” Las FARC han distribuido recomendaciones a la población civil en ese sentido.

Es una lástima que no hayan invitado a los integrantes de la dirigencia fariana o por lo menos leer sus documentos a manera de ponencias. Los camaradas han escrito varios textos generosos en el análisis sobre la forma descarada en que se cubre el conflicto. Para referenciar algunos vale la pena leer:

“Los datos del conflicto” de Iván Márquez; “Que no mientan más sobre el conflicto interno” de Joaquín Gómez; “No todo lo del pobre es robado: Disquisiciones en torno al artículo ‘A medias’ de Antonio Caballero” por Pablo Catatumbo; “De la cloaca bacriminizada de los grandes medios de comunicación” y “De Beethoven a Marulanda: el asunto de las raíces románticas del marxismo fariano” de Jesús Santrich; “De una guerrillera indignada a la gran prensa” de Fabiola García, guerrillera de las FARC – EP.

El suceso de Romeo Langlois ilustra suficientemente la disposición del régimen para ocultar la realidad de la confrontación. Sacrificaron un General no solo por los resultados negativos de la operación propiciados por las FARC, pues esto sucede todos los días en Colombia. También por que puso en evidencia la mentira, el desespero, la incapacidad de los hombres en tierra para derrotar la insurgencia, la descoordinación de las fuerzas de la que tanto hablan. Incluso por haber puesto a sus superiores en un ridículo más ante la comunidad internacional.

Escena final: “El Ejército es respetuoso del DIH.” La fuerza de la oligarquía publica permanentemente sus escuelas de DDHH y dice ser respetuoso de los mismos. Poco aprenden sus integrantes y se observó claramente que en medio del combate, un militar le dice al periodista Romeo: “tome un fusil y dispare para allá…”

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