Colapso del modelo autonómico canario


COLAPSO DEL MODELO AUTONÓMICO CANARIO

Teodoro Santana

La fórmula autonómica, impuesta por el Estado metropolitano, es ya inviable. Cada día los síntomas de su agotamiento se hacen más palpables, y la crisis de las economías imperialistas no ha hecho más que agravar su situación.

Importado del modelo español, la autonomía servía, inicialmente, para abortar el auge de las ideas independentistas e implantar una institucionalidad que acallara las demandas que generaba el centralismo continuista con el Estado fascista. A trancas y a barrancas, se puso en marcha con graves déficits democráticos: ni se debatió entre el pueblo canario, ni fue ratificada por éste, ni se accedió por la vía del máximo techo competencial.

Desde su inicio, la autonomía canaria fue un montaje que ha gozado de poco aprecio popular. El reparto de las zonas de dominio caciquil que se instauró con el procedimiento electoral, con una ley electoral de las más retrógradas del mundo, contribuyó a esta parálisis congénita. Una ley, por cierto, cuya modificación exige una mayoría cualificada superior a la necesaria para reformar el propio Estatuto de Autonomía. Todo atado y bien atado para que, de aquí a la eternidad, las distintas burguesías insulares no puedan perder ni un ápice de su poder.

Mientras la existencia de la administración autonómica suponía el control del reparto de dinero público a espuertas, especialmente de los fondos europeos, el chiringuito autonómico pudo sustentarse y autopublicitarse en medio del derroche en subvenciones, licitaciones de obra pública y regalo de canonjías y empleos a familiares, amigos y conocidos. A la vez, se podían negociar con el Estado y con la Unión Europea prebendas especiales para un reducido número de grandes capitalistas. Es el caso de la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC) y del Régimen Específico de Abastecimiento (REA).

La incorporación de buena parte de los países de la Europa del este a la UE y la crisis económica que asola los países imperialistas han abortado la brutal acumulación de capital que se canalizaba a través de la institución autonómica. El acelerado empobrecimiento de la población canaria ha reducido notablemente la capacidad de consumo del mercado interno. Y la incertidumbre sobre el futuro de mecanismos de evasión fiscal como la RIC, así como el hecho de que el prometido tratamiento especial para las colonias europeas (las llamadas RUP) dejan al pairo el Pacto Colonial histórico entre el Estado español y la burguesía dependiente canaria.

Mientras Canarias sigue siendo una enorme fuente de riqueza para las grandes corporaciones españolas y europeas, que saquean los beneficios generados por las trabajadoras y los trabajadores canarios, la inoperancia de la autonomía se percibe de forma notable en la creciente incapacidad para atender necesidades básicas de la población (Educación, Sanidad, servicios sociales…) ante la falta de recursos económicos propios. La reducción de personal en esas áreas esenciales es prueba elocuente de las políticas de “ahorro” que empiezan a implantarse en nuestro país. Eso sí, el dinero público destinado a los grandes capitalistas no mengua.

A la vez, hay que reconocer que es difícil encontrar personajes con menos capacidad para ocupar los altos puestos de la autonomía. La degradación política y moral de los representantes de la burguesía, que se refleja en la descomposición de Coalición Canaria, agudiza la desconsideración popular con respecto a la casta burocrática autonómica y su utilidad para resolver los problemas que sufre el Archipiélago.

Hasta sectores de la burguesía, a través del periódico El Día, empiezan a hacer entrar en juego -eso sí, a su manera alicorta y reaccionaria- la idea de la independencia. Evidentemente, no van en serio, sino que tratan de “mover el muñeco” para renegociar la dependencia de la metrópoli y sacar alguna tajada más. Pero el mismo hecho de que lo planteen&nbsp pone bien a las claras que la autonomía es incapaz de generar expectativas de futuro.

Cada vez más canarias y canarios van entendiendo que la subordinación de nuestro país a las leyes, las directrices y las políticas del imperialismo europeo, nuestra falta de soberanía para establecer nuestras propias leyes en temas fundamentales y nuestro propio modelo económico, son una soga al cuello que asfixia a Canarias.

El cambio de ciclo político ha comenzado. La charca burguesa de la autonomía colonialista se muere. Y la descolonización y la independencia de Canarias, dirigida por los trabajadores, pasa a ser una tarea a la orden del día.

(*) Teodoro Santana es miembro del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS