Ciudad conquistada Recuperar a Víctor Serge (*)

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Seguramente el autor más editado en este año del Centenario de Octubre sea Victor Lvóvich Kibálchich, mucho más conocido como Victor Serge, escritor, traductor, editor y activista político…

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Seguramente el autor más editado en este año del Centenario de Octubre sea Victor Lvóvich Kibálchich (Bruselas, 1890-Ciudad de México, 1947), mucho más conocido como Victor Serge, escritor, traductor, editor y activista político. Amamantado en casa de una familia ruso-polaca de revolucionarios exiliados donde podía faltar la comida pero no los libros ni las reuniones, fue un militante precoz de la “Jeune Garde”, por entonces las juventudes radicalizadas de la socialdemocracia belga, tras la lectura de Kropotkin viró hacia el anarquismo, al que seguiría vinculado en París, donde fue articulista y posteriormente editor de L’Anarchie. En 1913, acusado de instigar los actos delictivos de la banda de Jules Bonnot, fue condenado a cinco años, tiempo de los que dejó una obra, “Hombres en prisión” un clásico d4e la  literatura carcelaria. Se trasladó a la Barcelona libertaria de la primera CNT, donde colaboró con el periódico Tierra y Libertad y adquirió el pseudónimo de Victor Serge, pasaje sobre el que escribió otro clásico de la literatura militante, El nacimiento de nuestra fuerza (de reciente edición en Amargord, Madrid, 2017). Al estallar en Rusia la primera revolución, intentó viajar allí, pero acabó internado en un campo de concentración francés. Hasta que –tras un canje con prisioneros franceses- logró llegar al país en 1919 y se adhirió a los bolcheviques. Trabajó para la Komintern como articulista, traductor, editor y agente clandestino en Berlín y Viena, siguió siendo un disidente y un libertario, incorporándose a la oposición de izquierda en 1923, fue detenido por primera vez en 1928 y expulsado del Partido, comenzó a escribir sus primeras novelas y ensayos, que verían la luz en  la España republicana gracias a la complicidad de aclamas gemelas como las de Andreu Nin y otros. En 1933 volvió a ser detenido y fue desterrado a Oremburgo, a la antesala de una muerte que arrasó con sus camaradas, familiares y amigos. Gracias a las presiones internacionales (abiertamente de Gide y Malraux, solapadamente de Romain Rolland, de hecho porque Stalin no quería problemas con las autoridades galas con las que quería pactar), salió del país y vivió unos años en Bruselas y París, hasta que en 1941, perseguido por los nazis y por la policía secreta rusa, logró llegar a México, donde, tras sobrevivir a un intento de asesinato, continuó escribiendo uno de los mayores testimonios del siglo XX: Memorias de un revolucionario (27 Letras, Madrid, 2007, en la cuidadosa). La lista de ediciones es cada vez más larga: El destino de una revolución (Los Libros de la Frontera)
El año I de la Revolución rusa (Traficantes de sueños), Medianoche en el siglo (Alianza), El caso Tuláyev (Capitán Swing), Resistencia. Una hoguera en el desierto (El perro malo), etc.

Seguramente Ciudad conquistada es la más amarga y oscura de las primeras novelas de Victor Serge, que estuvo entre quines se anticiparon en la denuncia de la “revolución traicionada” y en la denuncia del “totalitarismo” estaliniano. La obra fue enviada por fragmentos a Francia a amigos como Marcel Martinet, y vio la luz en 1932, cuando el autor estaba a punto de ser desterrado a los Urales ante el escándalo de la izquierda marxista, libertaria y de los surrealistas. Ambientada en el Petrogrado de la guerra mal llamada civil (¡participaron 21 naciones contra “los rojos”¡) que siguió a la primera fase más idealista de la revolución (la de la constitución de 1918), narra sin ambages la aplicación del terror rojo en oposición al terror blanco que quería dejar la  nueva Rusia postrada ante los señores. Serge que fue calificado como uno de los héroes éticos y literarios más imponentes del siglo XX por Susan Sontag,  describe cómo los nuevos amos de la antigua ciudad de los zares se valen de la Checa para eliminar a sus adversarios políticos y consolidar su poder. Su capacidad de penetrar en los hechos fue reconocida por autores como John Berger, quien escribió: “La esencia de Serge y de sus libros debe buscarse en su actitud hacia la verdad. Por supuesto, han existido muchos escritores meticulosamente honestos, pero para Serge el valor de la verdad iba más allá de su simple (o compleja) narración.” Por su parte, su admirador George Orwell la definió como “Una clase especial de literatura, surgida de la lucha política en Europa”. Traducida para su edición mexicana  por el poeta  republicano exiliado, Tomás Segovia, que fue un buen amigo del Serge mexicano, Página Indómita ha ofrecido una traducción firmada por Luis González Castro.

Valgan como ejemplo estas líneas: “Lo hemos conquistado todo, y todo se ha deslizado lejos de nuestro alcance. Hemos conquistado el pan, y hay hambruna. Hemos declarado la paz a un mundo cansado de guerras, y la guerra se ha instalado en cada casa. Hemos proclamado la liberación de los hombres, pero necesitamos cárceles, una disciplina “de hierro” (…), y somos los portadores de la dictadura. Hemos proclamado la fraternidad, pero se trata de “la fraternidad y la muerte”. Hemos fundado la República del Trabajo, pero las fábricas mueren; la hierba crece en sus patios. Queremos que cada uno dé según sus fuerzas y reciba según sus necesidades, pero aquí estamos, nos hemos convertido en unos privilegiados en medio de la miseria generalizada.”

(*) Página indómita, Madrid, 2017, 256 pp. Estas notas pertenecen a una reseña aparecida en la revista El Viejo Topo.

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