Cine y memoria. A propósito de una carta de Pons Prades a Candel

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Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

En la medida en que pasa el tiempo, que tenemos una perspectiva más completa, más documentada de lo que significó la victoria franquista. Cada vez resulta más evidente resulta su naturaleza de triunfo de la barbarie sobre una civilización en la que el encuentro entre el trabajo y la cultura. Contra una opción que fue representada centralmente por el movimiento clásico con todas sus limitaciones y dosis de cainismo insensato.

Dicho triunfo fue terrible en todos los ámbitos en los que el pueblo tenía palabra y sueño,  sin ir más lejos en el cine español que conoció durante la República, su momento más creativo tal como reconocen todos los especialistas. Lo que vino después fue devastador, se cree que hasta medio millar de profesionales murieron o tuvieron que comer el amargo pan del exilio, además muchos documentos cinematográficos, y de todo tipo, si comprometían al nuevo régimen, desaparecieron: fueron secuestrados y archivados en lugares ignotos o fueron destruidos. Afortunadamente, la ocultación de determinados hechos para evitar su difusión no pudo ser total gracias al material rodado por extranjeros y que la República consiguió sacar cuando tuvo que huir a Francia; algunos reaparecerían años más tarde en el extranjero, y no fue hasta partir de entonces que se pudo recuperar el cine perdido, por ejemplo toda la producción libertario, única en toda la historia del cine.

Igualmente cambiaron de raíz las bases de producción. Aparte del exilio de los mejores cineastas, el régimen se caracterizó por la aplicación de una severa censura más el doblaje obligatorio al castellano de las películas extranjeras, a partir de 1941, convirtieron al cine español en una industria artificial totalmente sometida al Estado y a los advenedizos que fue protegiendo, tanto fue así que incluso desaparecieron películas adictas con matices como Rojo y negro, de Carlos Arévalo y otras como La fe, del incondicional Rafael Gil tuvo que cambiar su final para no ser excomulgada. Solamente este episodio nacional,  fue tan ruin y tan ridículo como devastador. Poca gente sabe que una obra excepcional como Viridiana, estuvo a punto de ser destruida por orden expresa del dictador. Menos mal que el producto tenía una copia en México.

Perdido el mercado nacional (al serle entregado el idioma común al competidor extranjero, por razones políticas internas, que no económicas), la producción se vio supeditada totalmente a las subvenciones y otras ayudas oficiales sin las cuales hubiese desaparecido, esto llegó al extremo de que Fernando Fernán-Gómez en “Querido cómicos” (una interesante serie dirigida Diego Galán), creía que hubo cine en los años cuarenta porque a Franco le gustaba y lo consideraba una cuestión de prestigio. Por supuesto, con estas normas sucedieron cosas como que dos obras maestras de Fernando como El mundo sigueEl último viaje, se convirtieran en “malditas”; tanto es así que la primera no fue estrenada en cine…hasta este 2015. Obviamente, esta supeditación fue desapareciendo hasta desaparecer en el tardofranquismo.

En la práctica, este “proteccionismo” significaba una nueva y más drástica censura: la económica. Pocos cineastas independientes, es decir, pertenecientes a la no reconocida oposición, pudieron acceder a la realización y/o producción de películas españolas que pagaron bien cara su audacia con la prohibición o recorte de sus películas. En esto Bardem batió record, incluso cuando le permitieron La venganza (1957), tuvo que ubicarle en la época de la República porque estos problemas solamente se podían ubicar en malos tiempos- o la forzada ruina -caso de Pere Portabella-, por no hablar de los que finalmente, se cansaron. En estas condiciones no puede extrañar la ausencia, durante unos años, de películas tratando cualquier problema socia, so pena que el realizador supiera esconder sus objetivos, tarea en la que García berlanga alcanzó la genialidad. Por supuesto, hasta 1975, cualquier película sobre la guerra civil solamente podía hacerse sí se hacía una apología de los vencedores, normalmente caballeros y señoras “nacionales” casi con un pie en el cielo. No las deseaban aquéllos que debían pagarlas y/o autorizarlas. El problema es más complejo porque no se reduce al cine.

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Y he aquí cómo lo evoca el periodista Eduardo Pons Prades en el artículo «Carta abierta a Candel» (El Periódico, 16-12-1985): Tienes muchísima razón, Paco, poniendo en duda que los republicanos hubiésemos desencadenado, caso de ganar la guerra nosotros, la represión- genocidio protagonizada por los franquistas. Porque hay un precedente clarísimo, y sin vuelta de hoja, que es lo ocurrido en ambas zonas durante la guerra civil 1936-1939. No hay parangón posible. De ahí que veas en la televisión a tanto franquista -u oigas por las radios- diciendo que no debemos remover los polvos del pasado, por miedo, sin duda, a lodos futuros, cuando lo cierto es que todavía estamos encenagados en el estercolero moral y material inaugurado en 1939. Pero lo más grave no es que los franquistas loen a su Caudillo y nos canten las excelencias de la dictadura franquista, sino que nosotros, y en particular esas legiones de jóvenes historiadores de salón que se pretenden progresistas y que se presentan, por acción o por omisión, al juego sucio de los franquistas, no hagamos todo lo que esté en nuestra mano, y más, para sacar a la luz del día nuestra reciente, candente y verdadera historia. Aunque los franquistas griten que somos revanchistas, cuando lo único que anhelamos es que se haga justicia a nuestro noble y valiente pueblo.

Un botón para muestra: acabo de regresar de un largo periplo, casi dos meses de viaje y unos 7.000 kilómetros recorridos por provincias, para el libro que preparo, y muy cerca de Logroño me he recogido ante las tres fosas comunes que contienen los restos de gentes humildes, entre las que no faltan médicos y maestros, de unos tres mil asesinados en 1936-1939. Están en la Barranca de Lardero desde hace un par de anos. Desde entonces, grupos de jóvenes de ambos sexos (…) andan rescatando otros restos y pronto se podrá hablar de cinco mil republicanos asesinados… y esta cifra no representa más que la mitad de los tenidos por desaparecidos (…) Lo grave del tema, con serlo mucho, no es tanto la cantidad como la crueldad y el sadismo desplegado por los asesinos para ejecutar a gentes que, salvo un número mínimo de militantes políticos y sindicalistas, lo único que ambicionaban era tener trabajo y vivir con un mínimo de dignidad. El reto es -a ver si los franquistas o neofranquistas, o sea ex-izquierdas pragmático- realistas, se atreven a recoger el guante- que se constituyan Comisiones de Encuesta a nivel comarcal y se investigue todo, absolutamente todo, lo relacionado con el período 1936-1975, pueblo por pueblo.

Veamos, al fin, antes de que desaparezcan los testigos directos, lo que ocurrió, entre otros muchos desafueros, en Badajoz (en agosto de 1936), o en los hospitales de Toledo (septiembre 1936) y de Villarrobledo (marzo 1939), donde las tropas moras exterminaron a cientos de heridos republicanos bajo la mirada indiferente de oficiales y jefes nacionales. Y en tantos otros sitios -incluida Cataluña, en enero y febrero de 1939-, donde la entra de la morisma, siempre en vanguardia de las tropas de la Santa Cruzada

de Liberación, todavía está fresca en la memoria de los más viejos del lugar.

La sorpresa ante una tan parca producción, sobre todo si se relaciona con la de otras guerras y cinematografías, ya fue manifestada años antes por otro periodista-crítico, Gómez Tello, en la revista falangista «Primer Plano», aunque sin intentar una explicación o buscar una respuesta. Escribió en 1949: Uno no comprende bien las razones que tienen los realizadores españoles para distanciarse de los filmes sobre nuestra guerra de Liberación. Los producidos pueden contarse con los dedos de la mano. La cosa resulta tanto más curiosa si se piensa que el número de obras literarias sobre el mismo tema pasa de las trescientas. (…) ¿Falta de valentía para afrontar el tema? No lo creemos ¿Qué estamos muy próximos al acontecimiento? Tampoco. También los americanos, a los que tantos directores citan como ejemplo, están muy cerca de la última confíe) raro es el realizador que no tiene en su hoja de servicios un film rendido a la actualidad.

La represión-asesinato los republicanos continuó de los primeros años de la posguerra y no precisamente por obra de incontrolados. ¿Cuándo veremos película sobre este tema? Esa represión y ese temor a los represores explica el silencio, cuando no la manipulación, sobre la guerra. En cuanto a los extranjeros, los horrores de la Segunda Guerra Mundial, por obra y gracia de los nazis y japoneses hicieron olvidar por algún tiempo los horrores de la guerra española y del régimen franquista. Esto fue así durante décadas, incluso en el periodo de unas libertades democráticas muy acondicionada todavía por el miedo al régimen anterior y a sus representantes que no dudaron en echar mano a los tribunales cuando fueron acusados en revistas como “Interviú” o en películas como Rocío, solamente por el hecho de que la amnistía de 1977 les exoneraba de cualquier responsabilidad. De esta manera, cualquier acusación fue acusada de de “ultraje al honor”, no porque lo dicho fuese incierto sino porque dicha amnistía los colocaba por encima de cualquier sospecha.

No ha sido hasta fechas reciente cuando, gracias al documental de investigación y al miedo a una reacción desde abajo, que el cine ha podido señalar responsables como Ramón Serrano Suñer o comenzar a ofrecer los testimonios más oscuros de actuación de instituciones como la Guardia Civil o las “Hermanas de la Caridad”, por mencionar solamente un par de ejemplos de instituciones sobre las que el cine ha enfocado desde la sumisión, de rodillas.

 

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