Cifuentes, meritocracia y otros asuntos escatológicos

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Asistimos estos días a uno de los mejores espectáculos que se recuerden en los últimos años en el Reino de España. Es un placer levantarse cada mañana y desayunar mientras uno lee el diario digital de turno y disfrutar de las tramas (nunca mejor dicho) que nos brindan las corruptelas del Partido Popular; ni la mejor novela salida de la mente más prodigiosa podría ser más entretenida. Pero no todo es jolgorio en el asunto, a parte de sentarme mal el café con palomitas, tengo que reconocer que la diversión se desvanece a medida que uno vislumbra la gravedad del asunto.

Los populares, señoras y señores liberales (en el mal sentido) hasta la médula, que han estado proclamando toda su vida las bondades del libre mercado, la competitividad y el esfuerzo, resulta que no se han esforzado mucho en su vida. Las noticias que van saliendo demuestran que lo de Cifuentes no es un caso aislado, sino que la URJC era utilizada de manera sistemática para enriquecer los currículum de políticos afines al PP sin realizar ninguna prueba, asistir a clase o cualquier tipo de esfuerzo por parte de estos, a parte del económico. O vaya usted a saber, en realidad, su sueldo es público así que sí, se lo hemos pagado nosotros, haya existido transacción económica o no, o fuera pagado con sobres que salen de Génova.

Hasta aquí nada que nos sorprenda por parte del partido gobernante, pero ¿que hay de nosotros? ¿que hay de su discurso? ¿Nos lo seguiremos tragando? La verdad, espero que no. Lo que ha sucedido estos días hace saltar por los aires lo poco que quedaba de creíble del argumentario de la derecha, ¿quién les creerá ahora cuando nos digan que existe la igualdad de oportunidades? ¿que el éxito es fruto del trabajo y el esfuerzo? ¿alguien?

Estamos asistiendo a la demostración que en realidad no es la meritocracia, no es el trabajo ni el esfuerzo el que da sus frutos sino el clientelismo, el amiguismo, el trafico de influencias, la prevaricación, es decir, La Corrupción (con mayúsculas).

Las señoras corruptas y los señores corruptos del PP han estado accediendo a los mejores puestos gracias a estudios que nunca realizaron de los que sí tienen título, y no solo las señoras y los señores corruptos del PP sino sus corruptos afines. Puestos que deberían de estar ocupados por personas infinitamente más capaces, por personas mucho más valiosas que han tenido que conformarse con un puesto más bajo, o con un trabajo precario o que están en el paro, personas que quizá conozcas o quizás tú mismo. Han estado utilizando este sistema para aupar desde jefes de policía hasta lo que a uno se le ocurra, ¿abogados? ¿jueces? Colocando altos cargos con títulos falseados para controlarlos, ¿qué mejor manera de tener a alguien bajo su influencia que un afín al que le regalan los estudios (sin realizarlos) y un puesto importante? Es la trama perfecta.

Con todo esto ya no parece tan raro que España esté como está y que la ineptitud sea norma cuanto mayor sea el puesto que este ejerza. Se necesita un cambio con urgencia, se necesitan instrumentos para impedir la corrupción ahora, no mañana después de la película de antena 3. Debemos cambiar nosotros, nuestra actitud. Ya no caben disculpas ni explicaciones. El momento es ahora.

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