Cierre del matadero. El Matadero (NO solo de animales) de Binéfar

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Este último 25 de abril han saltado todas las alarmas en los medios de comunicación al volverse virales unos vídeos en los que salían cientos de trabajadores del matadero Litera Meat, en Binéfar, haciendo cola para realizar test masivos. Lo alarmante de estos vídeos era que no se guardaba ninguna medida de seguridad en dichas colas; no había distanciamiento entre los trabajadores, y la mayoría de ellos no disponían de mascarillas (ni que digamos de EPI). El hecho es que parecía que fueran los propios trabajadores los animales que estaban esperando antes de ser llevados al matadero.

Como resultado, en una situación tan crítica como esta, las consecuencias han sido esclarecedoras; de los más de 700 trabajadores a los que se les hicieron los test, 263 han dado positivo. Pero no nos podemos confundir, este brote no ha surgido por un descuido de “minutos” tal como se asegura en la prensa, sino que obviamente este brote es fruto de la política de la propia empresa en la que no se utiliza ninguna medida de seguridad, por lo que el contagio está más que asegurado. Por consiguiente, no han llegado a sorprender declaraciones como la de Gregory Orozco, que asegura que “el día 20 de marzo se confirmaron los tres primeros tres afectados por la enfermedad en Pini y desde la empresa recibí instrucciones para que guardáramos silencio y colocáramos unos carteles en el comedor donde se aseguraba que la planta estaba libre de la Covid19” o esta declaración de Fernando Martínez, que destaca que “lo de despedir a quienes cogían la baja era la política de la empresa desde abrió sus puertas. Está claro que todos estos problemas han sido causados por unos tipos a los que se ha dejado campar a sus anchas y crear un nido de explotación de trabajadores, en su mayoría inmigrantes y con poco arraigo en la zona”.

Uno se puede llegar a preguntar cómo no se ha podido denunciar estas prácticas antes, pero la respuesta es sin duda el pan de cada día que se vive en muchas empresas, y sobre todo en un sector como el cárnico. En Litera Meat, la mayoría de los trabajadores son inmigrantes (a poder ser recién llegados), lo que dificulta una buena comunicación y organización dentro de la empresa dado que la mayoría no hace mucho que llegaron a España y no dominan el idioma ni conocen sus derechos. Si a eso le sumamos que las secciones sindicales más representativas de la empresa (CCOO y UGT) ya amarillearon el proceso de selección de su primer delegado sindical, poniendo así a una persona de confianza de Roberto Pini (el dueño de la empresa), nos da un cóctel del que solo se vierte precarización y plena libertad para el empresario para imponer unas pésimas condiciones de trabajo.

De hecho, se ha tenido que crear un escándalo público de tal calibre para que estas organizaciones “actuaran”. Están bajo presión ya que no quieren que los demás se den cuenta a qué intereses responden, por lo que tanto ellos como los medios aparentarán preocuparse por lo que sucede allí, hasta que los ánimos se tranquilicen y puedan seguir sin hacer nada por los trabajadores como hasta ahora. En esta misma línea, Fernando Martínez, declaraba que a nadie le ha importado lo que sucedía ahí dentro hasta que la enfermedad ha creado un problema de salud pública”.

LOS PINI, MAFIA EMPRESARIAL

La empresa Litera Meat pertenece a un holding empresarial llamado “Pini Holding” (recordemos que un holding se trata de una sociedad cuya función principal es la de formar un grupo de empresas adquiriendo el total o la mayoría de sus acciones, convirtiéndose en sus dueños, y sin más actividad que la propia gestión de éstas), y a la cabeza está la propia familia Pini, originarios de Italia. Esta familia se dedica a controlar empresas del sector cárnico distribuidos por Europa, y sus prácticas características de una mafia se han hecho eco allá por donde van.

La figura visible del matadero es Piero Pini, que ya fue detenido en 2017, en su matadero de Polonia (Kutno), acusado de un fraude fiscal de 35 millones de zlotys (8.159.000 euros) a través de la creación de treinta empresas ficticias. Este capo sabía desde entonces las ventajas de conformar una empresa con trabajadores inmigrantes (en ese caso romaníes); carne de cañón para la explotación. Es más, hoy en día, el fiscal polaco Lodz (el que llevó el caso) considera a Piero Pini como uno de los mayores estafadores de la historia de Polonia.

Por si fuera poco, en marzo de 2019, cuando se estaba a punto de inaugurar el matadero de Binéfar, fue detenido también por fraude fiscal en otro de sus mataderos en Hungría, por una cantidad similar a la de Polonia. A la luz de la desconfianza que suscitó en Aragón por eso, Litera Meat sacó un comunicado en el que se desentendía de toda vinculación con las empresas polacas y húngaras y de Piero Pini, alegando que Litera Meat es propiedad al cien por cien de la empresa italiana Pini Holding S. R. L., de la que es dueño, también al cien por cien, Roberto Pini. Lo que tal vez no se dijo en ese comunicado es que Piero Pini sigue siendo administrador solidario de la empresa junto al resto de la familia (Marcello, Francesco y Roberto, este último incorporándose en abril, después del arresto de Piero). Obviamente, da igual que se borre al “Vito Corleone” de la familia, ya que el resto de sus componentes siguen operando en la misma línea que se venía haciendo.

EL SECTOR CÁRNICO, FUENTE DE EXPLOTACIÓN

No son pocas las veces que sale algún tema de escándalo laboral relacionado con el sector cárnico. En un sector donde se acentúa la concentración de trabajadores inmigrantes, falsas cooperativas, y la práctica anulación de los derechos laborales, genera un foco de potencial crecimiento de la desigualdad.

El suceso más reciente lo pudimos ver en ESFOSA, uno de los mataderos más importantes de Cataluña. Al igual que con Litera Meat, en ESFOSA se trabajaba en unas condiciones lamentables en las que los accidentes laborales y las enfermedades profesionales estaban a la orden del día; turnos sobrehumanos, retribuciones de 900 euros o inferiores… Sin embargo, a través del impulso del sindicato COS (Coordinadora Obrera Sindical), se consiguió realizar huelgas y parones en la producción para protestar no solo por las condiciones de trabajo, sino por los constantes ataques procedentes de la empresa para desmovilizar todo intento de organización (ERE, sanciones, amenazas de liquidar la empresa…). Tras los éxitos cosechados a raíz de estas huelgas, COS fue efectivamente un ejemplo de sindicalismo alternativo, dejando ver hasta donde se puede llegar con una fuerte unidad de clase y de lucha contra el terrorismo patronal.

No obstante, el contexto en el que se desarrolla el matadero de Litera Meat es completamente diferente. Con el COVID-19 amenazando, el miedo de los trabajadores es doble, y no es para menos, puesto que, si se contagian o muestran síntomas de haberse contagiado, son inmediatamente despedidos. Por eso no es raro ver trabajadores que intentan ocultar sus síntomas para así no perder el puesto de trabajo con la situación tal y como está ahora. Por consiguiente, si juntamos el hecho de que numerosos trabajadores ocultan sus síntomas para no ser despedidos, y en la empresa no se proporciona ninguna medida de seguridad para evitar contagios, solo tenemos que sumar 1+1 para darnos cuenta de que no es ninguna sorpresa que dieran positivo más del 25% de los trabajadores a los que se hizo el test.

LA VISTA HACIA ADELANTE

La CNT ha estimado esta semana que pueden llegar a ser 1000 los infectados a raíz de los contagios dentro de la empresa, ya que considerando que los trabajadores viven en diferentes localidades como Lleida, Tamarite o Monzón (además de Binéfar), el foco de infección puede haberse extendido hasta allí. Por este motivo, han interpuesto una denuncia al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Monzón, instando al cierre cautelar del matadero. También han exigido el cierre de éste hasta que esté completamente desinfectado, y que se garantice la integridad física de los trabajadores a su vez que se realiza una investigación para depurar responsabilidades. Asimismo, ven necesario que dichos trabajadores tengan acceso mientras se cierre el matadero a la misma prestación económica que perciben las personas afectadas por los ERTE por fuerza mayor.

A pesar de todo, con esto no será suficiente. Al igual que en el caso de ESFOSA, se requerirá de una lucha organizada y unificada que no se someta a los chantajes que intentará imponer la empresa, a la cual no le importa llevarse por delante las vidas que haga falta con tal de mantener a flote sus resultados económicos. Es un auténtico crimen ver como sigue abierto un matadero en el que cada vez más trabajadores se están infectando, mientras intentan ocultar sus síntomas por miedo a ser despedidos.

Tal como se apunta muy bien en el folleto “Confinamiento y lucha de clases”, para el Estado no hay mejor situación que la de tenernos encerrados, con la policía y el ejército en la calle, y en un contexto como éste; derrumbándose la economía y contagiándose trabajadores por la negligencia consciente del empresario. Por una parte, se nos dice que no podemos salir de nuestras casas para frenar la ola de contagio, y por otra, nos mandan a trabajar sin apenas garantías. Este discurso contradictorio, además de responder a una cuestión de control por parte del Estado, se debe en gran medida al poco margen de maniobra que tiene ahora mismo el capitalismo. Incluso en un momento en el que hay una pandemia global, el capitalismo no puede permitirse un parón en la producción, cuesten las vidas que cuesten. Esta debilidad en el propio sistema ya se apuntaba en textos como “Y que los de abajo nos enteremos…” escrito en 2006 o “La crisis boomerang” escrito en 2010, y dejaban ver que las crisis vividas no eran sino un baño de realidad al espejismo sobre la fortaleza del capitalismo, y que con cada crisis que se producía se reducía el margen de concesiones que podían dar.

Esto se traduce en la actualidad en que, si hace falta que mueran unos cuantos miles más de personas por el bien de su economía, se hará. Por eso, lo principal es exigir el cierre de todas aquellas empresas (Litera Meat incluido, por supuesto) que no puedan garantizar un ambiente seguro tanto en el trabajo como en el trayecto hacia él, y trabajar hacia la construcción de un Frente de Salvación Popular, imponiendo el rescate del pueblo y no el del imperio financiero. Ante el virus más atroz (y no precisamente el biológico), nuestra respuesta debe ser la más tajante.

Red Roja Aragón

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