Ciencia Política ¿Qué tiene de Ciencia?

Sí me permiten, antes de introducir el tema que pretendo examinar con un poco de detalle en este ensayo, me gustaría citar a tres biólogos que, entre otras cosas, elaboraron un pequeño texto sobre lo que es ciencia y lo que no le ciencia. Estos tres biólogos son W.L KeatonJ.L Gould y L.G Gould y en su libro Biological science dicen los siguiente “(…) otra limitación de la ciencia es que no puede hacer juicios de valor: nos puede decir, por ejemplo que un cuadro o un ocaso es precioso, ni la ciencia no puede hacer juicios morales: no puede decir que el calentamiento de la tierra es inmoral, Incluso decir que un rio no debiera estar contaminado. La ciencia puede, sin embargo, analizar las implicaciones biológicas, sociales y culturales de la guerra; y puede demostrar las consecuencias de la contaminación. (…) pero el acto de hacer juicios no es en sí mismo ciencia». Y os preguntareis, ¿a qué viene todo esto?,

¿La ciencia política, tal y como la entienden los neoliberales, es ciencia? Todas las ciencias sociales, más tarde o más temprano, han pasado por el cuello de botella del método científico, el cual para intentar objetivizar todas las observaciones, nos dice que el “debe ser” ha de ser sustituido por el “cómo es”.

Tanto o a los politólogos como a los sociólogos del siglo XIX (sobre todo a Carl Marx y Emili Durkheim) se les ha echado en cara el intentar realizar sus estudios basándose en el “deber ser”. Esos mismos críticos, todos ellos discípulos ideológicos de Max Weber y Barrintong Moore, jr., son los que ahora, bajo un velo de falsa objetividad, siguen postulando el “deber ser”, en este caso, el “debe ser” liberal-capitalista. Toda esta perorata viene al uso de la lectura del libro de ciencia política escrito por Michel J. Sodaro. Un libro que recomiendo encarecidamente a todo aquel que quiera darse una buena jartá a reír, puesto que algunos de sus capítulos, sobre todo aquellos que tratan sobre los criterios mínimos que distinguen un régimen democrático de uno no democrático, y aquel en el que cita, casi de forma dogmática, las 10 condiciones básicas para la democracia, cometen auténticas barbaridades científicas, precisamente en nombre de la ciencia y la objetividad.

Especialmente llamativa es una tabla que se puede encontrar en el capítulo 8 sobre una lista de libertades y derechos democráticos mínimos que debe tener toda sociedad democrática. No es mi intención hacer una lista detallada de todo lo que destaca esta tabla, sino más bien llamar la atención sobre lo que para Michel J. Sodaro es un derecho fundamental en toda democracia: “el derecho a poseer, a comprar y a vender propiedad privada, y a participar en actividades empresariales privadas”… pero el acto de hacer juicios no es en sí mismo ciencia… ¿es un juicio de Valor decir que una condición mínima para la democracia es el derecho a la propiedad privada? En mi opinión (y creo que humildemente también la de la ciencia), si, es un juicio apriorístico intolerable. Así es como adoctrinan a los nuevos politólogos, mediante el subterfugio intelectual de la autoridad académica, pretenden engendrar toda una generación de deficientes políticos con el ancho visual de un topo ciego.

Más adelante, en este mismo libro, se incita a pensar cosas como que las instituciones estatales son necesarias para la estabilidad democrática, que una población homogénea no es indispensable pero lo ayuda a dicha estabilidad (parece ser que la diversidad es inestabilidad… que se lo digan al planeta tierra con más de millón y medio de especies descritas y todas ellas viviendo en un mismo mundo, o que se lo digan a la desorbitada cantidad de especies que pueden habitar un ecosistema, en apariencia tan simple, como una charca), que la riqueza, cuando una democracia se instaura, es símbolo de permanencia en dicha “democracia”, que la empresa privada también la favorece (Hipótesis mantenida por el propio Barrintong Moore, jr.) y un largo etcétera. Es decir, leyendo el capítulo del libro que se refiere a estos temas (capitulo 10) da la impresión de que algo falla, no sabría cómo decirlo, es… Como sea faltara algo. ¿No os da la impresión que simplemente analizan el recorrido hacia la democracia liberal, que no tienen en cuenta ningún tipo de democracia diferente esta, que están considerando dictadura a todo régimen que no sea el capitalista,  o que no consideran, por ejemplo, democráticas las sociedades anarquistas?

Esta es la impresión que se me ha quedado durante la lectura de este libro, no porque me guste, si no porque debía hacerlo, pero no hay mal que por bien no venga. He aprendido mucho con este libro, por ejemplo, a la ciencia política todavía le falta mucho para ser ciencia, y además, está al servicio de los mismos intereses ocultos que manejan nuestra sociedad para que el mundo no sea un mundo de iguales, sino un mundo de esclavos y un mundo de apoderados.

La ciencia política, sí quiere ser ciencia, ha de partir de la idea de que todos los sistemas y todas las ideas políticas son iguales, de que la democracia tiene una definición muy concreta en su etimología, y no identificar sistemáticamente el término democracia con democracia liberal o parlamentaria. Este es un error de base gravísimo de la ciencia política que, de no ser subsanado, terminará lanzandola al agujero de las pseudociencias, ese mismo agujero que ya comparten la economía capitalista y la sociología funcionalista.


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