Publicado en: 19 octubre, 2015

Chistes peligrosos

Por mikel arizaleta barberia

A raíz de ello se levantó una oleada de protestas por sexismo

Richard Timothy (Tim) Hunt, nacido el 19 de febrero de 1943, es un bioquímico británico. En 2001 compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina con Leland H. Hartwell y Paul M. Nurse por sus descubrimientos relativos al papel de las ciclinas y las quinasas dependientes de ciclinas en el ciclo celular.  En 1991 fue nombrado miembro de la Royal Society de Inglaterra y en 1999 fue elegido como asociado externo de la Academia Nacional de Ciencias de los EEUU. Fue nombrado Caballero en la lista de honores del cumpleaños de la Reina Isabel II de Inglaterra del año 2006.

En junio de 2015, tras unas palabras ante periodistas científicas en Corea del Sur, que algunos interpretaron como machistas, una campaña en su contra  acabó forzándolo a presentar su dimisión como doctor honorario del University College de Londres (UCL) y del comité del que era miembro de la Royal Society.

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La reflexión, cómo no, procede de Harald Martenstein en su columna semanal  en ZEIT Magazin.

En Inglaterra y en USA existe la bella tradición de salpicar el discurso con chistes. Y los chistes muy bien pueden ser un tanto desvergonzados y picantes. Cuando el premio Nobel Sir Tim Hunt habló en Corea del Sur ante un grupo de jóvenes científicas comenzó diciendo: “Resulta curioso que un monstruo chauvinista como yo hable ante científicas. Permítanme que hable de mis problemas con las mujeres. Ocurren tres cosas cuando están ellas en el laboratorio: que tú te enamores de ellas, que ellas se enamoren de ti y que tú las critiques y ellas comiencen a llorar. ¿Acaso debemos establecer laboratorios separados de hombres y mujeres? Bromas aparte, estoy impresionado por el desarrollo económico de Corea. Y las científicas sin duda alguna han sido parte importante del mismo, sin duda alguna que han jugado un gran papel. La ciencia necesita de las mujeres, que ellas impulsen y creen ciencia a pesar de los obstáculos y de los monstruos como yo”.

A raíz de ello se levantó una oleada de protestas por sexismo. A Hunt se le obligó a retirarse como profesor e, incluso, fue expulsado de la Royal Society. De nada le sirvió el disculparse. Cuando el alcalde londinense Boris Johnson se presentó ante él censurándo la “incorrección política al implacable Moloc”, Johnson fue de inmediato amenazado. Una parlamentaria comentó: “Johnson ha contravenido la ley antidiscriminatoria”. Además Hunt trabajaba en la investigación citológica y sus resultados académicos y de investigación quizá están hoy salvando la vida de miles de mujeres, que padecen cáncer. Con la prohibición de seguir ejerciendo su trabajo se acabó, en adelante no va a poder seguir salvando a nadie con su trabajo e investigación.

Me sorprende que no se haya comparado este caso con el de Charlie Hebdo. Evidentemente no es lo mismo matar a gente  que aniquilarla profesionalmente. Pero en ambos casos se trata de no soportar que se hagan chistes sobre algo que se considera  intocable. Y en ambos casos se procede de una manera profundamente inmisericorde al objeto de generar un clima de miedo. Y los actores no son “el” Islam o “el” feminismo sino grupos radicales.

Quizá todavía resulte más claro el paralelismo con la América de la era McCarthy, cuando  todo lo izquierdoso era tildado, combatido y perseguido como brujería, y a quien se le pillaba con un libro de Bert Brecht tachado de comunista. ¿Por qué no surge un grito nítido y público de indignación en los medios ante tamaña injusticia como la  de Hunt? Porque va en contra de la esencia misma de nuestro oficio, la libertad de la palabra. Y aquí no juega papel alguno si el chiste de Hunt era bueno o malo, no se puede mantener que en el futuro sólo los chistes buenos vayan a ser  permitidos y  prohibidos los malos. Porque se mina la base misma de los medios libres si las opiniones erróneas o los chistes malos llevan emparejada en el futuro la pérdida del trabajo.

En la revista ZEIT se discute sobre la crisis de credibilidad de los medios de comunicación, y yo creo que esta crisis depende de nuestra actuación en estos casos. De si se crea de nuevo una tormenta, de si muchos de nosotros aullamos con los lobos o en cambio  apoyamos a los oprimidos o amenazados, independientemente de si compartimos o no su pensamiento. Y es que no defendemos nuestros valores, nos cagamos por las patas abajo, y sospecho que la mayoría de nuestros lectores y lectoras esperan un poco más coraje por nuestra parte. Se ha liquidado al investigador Hunt, a quién tantas cosas debemos.

¿Y el próximo quién?

 

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