Chile. “Vi cómo golpeaban mujeres”: Nuevos testimonios sobre la patota del ministro del Interior Andrés Chadwick en la Universidad Católica

Por Daniel Labbé Yáñez

“Nos sacaron la cresta. Era una turba que avanzaba, era muy impresionante. Eran unos señores enormes, su contextura era como de rugbistas. Además llegaban los de Ingeniería Comercial, y ellos tenían un equipo de choque y se juntaban con los de Derecho y arrasaban. Ese era el ejército de Chadwick”, relata el abogado Félix Avilés.

El 21 de noviembre Politika publicó un artículo sobre el pasado del actual ministro del Interior Andrés Chadwick en la Pontificia Universidad Católica (PUC). Un texto basado en los relatos proporcionados por el matrimonio formado por Bernardita López y Antonio Ibarra, quienes durante los años ’70 y ’80 trabajaron como funcionarios de esa casa de estudios. La nota abordó algunos episodios de violencia protagonizados por el hoy secretario de Estado, lo que se tradujo en que algunas personas que fueron testigos o víctimas directas del actuar del entonces presidente designado de la Federación de Estudiantes de la UC (FEUC), confirmaran lo expuesto en el reportaje y sumaran, además, otros importantes antecedentes.

Politika se contactó con algunos de ellos y en este nuevo artículo reproducimos esos testimonios que hablan sobre la violencia de Chadwick y Jaime Orpis, de sujetos armados en manifestaciones, de violencia hacia la mujer, de brutales golpizas contra quienes decidieron simbólicamente defender un simple diario mural y de la infiltración de los aparatos de exterminio de la dictadura al interior de la comunidad universitaria.

El “ejército” de Chadwick

El hoy abogado y entonces estudiante de Teología en la UC, Félix Avilés, recuerda que en esos años la carrera que él cursaba había empezado a manifestarse de manera más colectiva en el contexto de una Iglesia Católica perseguida. “La del Cardenal (Raúl) Silva Henríquez, del obispo (Enrique) Alvear, de Carlos Camus, de Tomás González”, dice. Todos religiosos representantes de un movimiento eclesial y pastoral popular muy fuerte, “que comenzaba a levantar la voz contra las atrocidades de la dictadura” y que tenía su espejo en la Facultad de Teología de la Universidad.

Es en ese marco que en 1978 se lleva a cabo una importante concentración pública contra la represión de Carabineros, motivada por algunas detenciones en el acto del 1 de mayo de ese año, la que se realiza en el patio central del Campus Oriente. “Fue la primera gran manifestación en donde se destapó la ira del Gremialismo -que eran los hijos de Jaime Guzmán- y donde (Andrés) Chadwick era la cabeza, su liderazgo era muy fuerte ahí”, rememora el abogado. “Estas manifestaciones que empezaron a surgir desde Teología no hacían sino incomodar esta tranquilidad aparente en la que ellos estaban acostumbrados a vivir, desarrollarse y formarse, para preservar el sistema que estaban instalando, lo que hoy día tienen”, reflexiona.

Previamente, desde Rectoría de la UC les había llegado un aviso en el que se les señalaba que si los estudiantes de Teología se manifestaban de cualquier forma, tendrían que asumir las responsabilidades y sanciones. “Nos juntamos los ciento y tantos que éramos en el patio central del Campus Oriente. Leímos una declaración, aplaudimos, cantamos -no me acuerdo qué- y nos fuimos. Eso fue. Y a las horas siguientes aparece un listado de las sanciones y los sancionados -tenían esa información porque la declaración la habíamos firmado todos-, y aparecen estudiantes suspendidos por un semestre, por dos semestres y un par expulsados (…) A mí me sancionaron por un semestre”, apunta.

Esta gran manifestación antecedió a lo ocurrido el 6 de septiembre de 1978, donde se relató una violenta acción en contra de manifestantes por parte de un grupo liderado por el ahora ministro del Interior. “Recuerdo que salen los alumnos de Teología y se junta gente de Teatro, de Filosofía, de Educación y empiezan a crecer en número y en un patio gigante se empiezan a sentar uno al lado del otro, sin decir absolutamente nada. Hasta que el presidente de la facultad de Teología lee una proclama y en ese momento bajan los tipos de Derecho que estaban en clases, se sacan los cinturones -esto me consta, lo vi con mis ojos, puedo dar fe absoluta de aquello- y empiezan a pegarle a las mujeres y a los hombres que estaban en el círculo, con violencia. El que dirigía toda esta agresión era Andrés Chadwick Piñera”, contó a Politika Antonio Ibarra Moreno, funcionario por 20 años de su vida de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

“Yo me acuerdo perfectamente de ese día porque era mi cumpleaños. Fue el ‘regalo’ que me dieron”, recuerda respecto de esa jornada Avilés. “Nos sacaron la cresta. Fue terrible, yo veía cómo golpeaban a las mujeres, a las compañeras; era una turba que avanzaba, era muy impresionante, muy impresionante. Eran unos señores enormes, su contextura era como de rugbistas. Además llegaban los de Ingeniería Comercial que estaba en el Campus San Joaquín y ellos tenían un equipo de choque, y se juntaban con los de Derecho y arrasaban. Ese era el ejército de Chadwick”, narra.

Celinda Letelier era para entonces estudiante de Filosofía en la UC y también testigo de las acciones del grupo que formaban junto al ahora ministro del Interior, según recuerda, Juan Antonio Coloma, Jaime Orpis y Baldo Prokurica, entre otros“Él (Chadwick) organizaba la llegada de gente que nosotros suponíamos eran del Campus San Joaquín, porque eran todos grandes, maceteados. Eran de Ingeniería”, rememora.

“Orcos” con impermeables

El abogado destaca además que al agresivo grupo de gremialistas les interesaba hacerse notar. “Eran como los orcos de El señor de los anillos. Llegaban y con lo que encontraban en el camino, arrasaban”, grafica.

Germán Rojas Guerra estudiaba Francés en la PUC en 1978 y participaba además del taller literario de Roque Esteban Scarpa y Alfonso Alcalde. Relata que en una ocasión presenció la represión por parte de los pupilos de Jaime Guzmán contra unos 20 estudiantes que realizaban un sitting. Releva igualmente la importancia que le daban a marcar presencia más allá de los actos de violencia que protagonizaban. “El grupo vestía impermeables grises y gritaban por Pinochet (…) Empujaron a las personas, la mayoría mujeres, hasta hacerlas levantarse y dispersarse. Les gritaban algo para asustarlas, no alcancé a escuchar, yo estaba en el segundo piso (…) pero las zamarreaban”, recuerda hoy.

“Desde el año ’78 para adelante, hasta el ’81 u ’82, ellos fueron los guardianes no solo de Jaime Guzmán, sino que de la dictadura en general. Y así como nosotros adentro éramos el espejo de esta iglesia que reclamaba por justicia y libertad, ellos eran el espejo de lo que pasaba en el edificio del Diego Portales, donde estaba el alto mando”, explica Avilés.

Flavio Rojas estudiaba entonces Sociología en la Pontificia Universidad Católica y participaba además en el grupo de Solidaridad de la Pastoral Universitaria, formada por gente del MAPU-Obrero Campesino. Relata que a raíz del secuestro de los estudiantes de Periodismo Cecilia Alzamora y José Eduardo Jara, este último fallecido producto de las torturas, surgió en el patio de Teología una manifestación en donde a viva voz comenzaron a gritar ¡Asesinos, asesinos! Al poco rato llegaron los del Movimiento Gremial con refuerzos -apunta- del Campus San Joaquín, principalmente de Ingeniería y Construcción Civil. “Entre los dirigentes de la FEUC estaba Andrés Chadwick y otro estudiante de apellido Ferretti. A nuestros gritos, se avalanzaron sobre nosotros dándonos patadas y puñetes”, asegura, añadiendo que a la estudiante de Periodismo Andrea Vial “le llegó un combo en la cara no sé si de Ferretti o del mismo Chadwick”. 

Rojas enfatiza en algo que se quedó para siempre en su memoria. “Recuerdo muy bien de Chadwick y Ferretti sus rostros de odio, de deseos de sacarnos la cresta, de golpearnos hasta dejarnos muy mal. Tenía un rictus próximo a la locura. Algo que nunca olvidaré”, sostiene.

Jorge Medina

El entonces estudiante de Sociología repara igualmente en una situación que el abogado Félix Avilés también apuntó: la legitimación de lo que ocurría por parte del entonces presbítero Jorge Medina Estévez. “Salió de las oficinas de Teología con el rostro rojo de rabia, mirando al suelo y haciéndose el tonto mientras seguía la paliza hacia nosotros, numéricamente inferiores”, acusa Flavio Rojas.

Armados

Estas acciones generaron un particular ambiente de movilización ante el cual -plantea Avilés- “Chadwick entendió que aquí se les estaba yendo de las manos esta tranquilidad que habían intentado imponer”. El jurista postula que la reacción de entonces de los gremialistas “es un símil de lo que fue la muerte de Camilo Catrillanca. Es decir, esa violencia, ese actuar implacable, donde da lo mismo quién esté adelante, si es un niño chico al lado de Catrillanca o es una mujer al lado de un dirigente de la Universidad Católica. Esa violencia desproporcionada, irracional, es exactamente la misma que estos personajes han desplegado durante todo el tiempo, siendo estudiantes, dirigentes políticos, gobernantes, y que han ido inculcando de la misma manera en las prácticas institucionales de los que tienen la fuerza”.

“Ellos llegaban a nuestras manifestaciones con armas. Un día llegó uno de ellos de apellido Calisaya -le decían el ‘sapo Calisaya’- con arma; llegó con una pistola a vista y paciencia de todos nosotros. Y todo el mundo quedó aterrorizado, porque la brutalidad que desplegaban en el patio central del Campus Oriente era tal que no se sabía cuáles eran los límites que tenían, si es que tenían límites. Nuestra apreciación es que no los tenían”, sostiene el abogado. En ese sentido, menciona una serie de hechos ocurridos al interior de la Universidad, entre ellos el mencionado secuestro y posterior muerte de José Eduardo Jara y el rapto de la estudiante de Filosofía Marcela Palma, hermana de Ricardo Palma Salamanca, a quien se la llevó la Central Nacional de Informaciones (CNI).

Celinda Letelier relata que los gremialistas organizaban grupos para infiltrar las movilizaciones de los estudiantes opositores a la dictadura. “Teníamos conocimiento además que ellos iban a nuestras marchas (…) Me acuerdo de haber visto a alumnos de Derecho que eran altos, los mandaban a ver qué gente del Campus Oriente andaba en la marcha en la calle. Eran como soplones. No éramos muchos estudiantes, entonces nos conocíamos unos con otros”, afirma. Junto con ello apunta que también había unos sujetos a quienes ellos apodaban “los vigilantes”, una suerte de guardias de seguridad del lugar. “Nosotros sabíamos que ellos eran todos participantes de la CNI o de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional)”, explica. En ese contexto es que -dice- “hubo compañeros a los que sacaban del Campus Oriente por horas y los devolvían absolutamente maltratados y golpeados. ¿Quiénes les decían a quién había que sacar? Eso era muy sospechoso para nosotros”.

“La intervención que se hacía adentro de la Universidad por las fuerzas de Inteligencia era conocida, brutal y todos sabíamos qué sucedía”, señala Avilés. Félix fue dirigente político, miembro del Centro de Alumnos de Teología durante cinco años, el mismo número de veces que estuvo detenido; fue relegado y pasó también por los cuarteles de la temida CNI, donde recuerda un episodio con uno de sus victimarios que da cuenta de la infiltración al interior del estudiantado. “Se me enfrentó un tipo disfrazado entero, con anteojos oscuros, barba postiza, y en 30 segundos, un minuto, no recuerdo bien, el tipo recita mi vida entera, lo que yo había hecho el día antes, con quien andaba… Estaba seguro que era alguien que estaba con nosotros en el movimiento estudiantil, que vivía cotidianamente con nosotros”, piensa el abogado, quien advierte: “Ese ambiente era propiciado por estos señores (grupo de Andrés Chadwick) contra todos los que teníamos roles dirigenciales”.

En tanto, Celinda Letelier plantea que se intuía entonces que este grupo de estudiantes -en donde junto a Chadwick sitúa a Juan Antonio Coloma, Jaime Orpis y Baldo Prokurica, entre otros- tenía algún vínculo con la CNI, al igual que los llamados “vigilantes”. “Tenían comportamientos violentos. O sea, yo en el Campus Oriente no habría andado jamás sola. Nosotros en esa época les decíamos The bad boys, los chicos malos”, rememora.

A juicio de Félix Avilés, lo que el ahora ministro del Interior hizo entonces fue “crear un modelo de represión de los estudiantes contra los estudiantes, que después se va replicando y fortaleciendo, bajo la autoridad, el alero y la aquiescencia de los grandes líderes, de (Hernán) Larraín (actual  ministro de Justicia), de (Jaime) Del Valle, de (Jaime) Guzmán, por ejemplo”. “Chadwick fue el articulador de las políticas prácticas de lo que pensaban Guzmán, Larraín y Del Valle, los tres ejes más políticos de la Universidad Católica; y eso arma escuela y perdura hasta por el año ’84, cuando empiezan las manifestaciones en el país y esto ya se hace incontrolable”, explica.

Jaime Orpis fue también presidente designado de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, en 1982. Como dirigente, Avilés logró llegar a un acuerdo con el gremialista con el objetivo -destaca- “de que él se comprometiera a evitar que nos siguieran pegando sus secuaces”.

“Él me firma, en un gesto emblemático, el compromiso de evitarlo, y en la siguiente actividad de manifestación que hicimos me encuentro a Orpis golpeando a la gente. Me cruzo delante de él, lo agarro y le digo: ‘hueón, hay un compromiso’. Se descuadró y empezó a parar la nueva batalla campal”, relata el abogado. “Orpis era muy violento, pero menos que Chadwick, que no razonaba. (Orpis) Era un tipo además muy iracundo, se enojaba mucho rápidamente”, recuerda. “Orpis era siniestro”, suma por su parte Celinda Letelier.

La golpiza del diario mural

Fue en esos mismos años que ocurrió un particular episodio recordado por los entonces estudiantes del Campus Oriente de la UC, y que junto con víctimas y victimarios tuvo como protagonista al diario mural de la carrera de Teología. Era el único reducto de información distinto a aquellos controlados por la dictadura a través del Gremialismo y la Rectoría. Eso lo convirtió, afirma Avilés, en el “objeto de destrucción” de la patota de Andrés Chadwick. Tras ser puestos en alerta de que el simbólico espacio sería atacado, los alumnos deciden defenderlo. “Recuerdo que me puse delante del diario mural y no recuerdo cómo terminé a seis metros, en el suelo, por un combo que me había llegado. Lo hicieron mierda, pero antes nos hicieron mierda a nosotros”, cuenta el entonces dirigente, quien identifica a un sujeto “enorme” de apellido Ferrada como su agresor.

Celinda Letelier tiene también en su memoria ese episodio. “La Escuela de Teología era muy contestataria y en el diario mural se colocaba toda la información que se tenía, y a Chadwick eso le molestaba mucho y se trasformaba entonces como en el ‘guardián’ del Campus Oriente”, explica.

“Salió de la FEUC con esta tropa de matones y fueron a hacer tira el diario mural porque a ellos les molestaba la información que tenía. Y nosotros nos pusimos a defenderlo. Él (Chadwick) estaba fuera de sí, desencajado. Él no es muy agraciado, así es que imagínate esa cara llena de rabia”, plantea la estudiante de Filosofía. “Le pegaron a un compañero, Mario Bugueño. Otro compañero, David Morales, que era más fuerte, grande, lo sacó del suelo porque lo habían pateado, hecho porquería. Y no lo podíamos llevar al hospital porque tenías que decir quién te había maltratado y eso era peligroso”, narra Celinda. Junto con ello, destaca que todas estas acciones eran observadas por Jaime Guzmán desde el segundo piso. “Esos eran sus niñitos, lo que él formaba”, advierte.

Celinda explica que fue tal la violencia ejercida contra los estudiantes que decidieron defender el diario mural, que Francisca Aninat -quien fuera esposa de José Piñera, hermano del actual Presidente de la República y creador del modelo de las AFP- “le gritaba a Chadwick y a todos los boys que él dirigía que no lo hicieran de esa forma. Se daba cuenta que nos estaban agrediendo y gritaba porque pensaba que le podían hacer caso por su vínculo con quien fue ministro del Trabajo de Pinochet”.

“Mientras matan a Catrillanca, hablan de paz”

“Me duele la guata cuando lo veo. Soy una de las personas que siente que Chadwick no garantiza para nada la posibilidad de construcción de gobernabilidad. Para mí su mano está en los beneficios para los violadores de los Derechos Humanos, por ejemplo. No me cabe la menor duda. Él es el rostro público de la dictadura. Es como esa foto donde él aparece al lado de Pinochet en Chacarillas. Él no se ganó ese lugar al lado del dictador en ese evento porque fuese bonito; no, se lo ganó a punta de delaciones. ¡Si nosotros en el Campus Oriente tenemos muertos! Hubo un periodista (N.del.R.: José Eduardo Jara) que hasta el día de hoy no se sabe quién lo mató y que murió producto de las torturas”, enfatiza Letelier respecto de los sentimientos que le provoca ver hoy al ministro del Interior como una de las más altas autoridades políticas del Gobierno.

“Él no se ha desecho de ese patrón de comportamiento. Yo creo que ninguno de ellos. Tienen un vínculo con esas fuerzas militares, con esas personas, desde hace ya mucho tiempo. Chadwick es como quien se hace el ‘buenito’. ¡¿Tú crees que alguna vez han llamado a la gente del Campus Oriente, al menos a nivel personal, para pedirles disculpas por las agresiones?! Él es incapaz de hacer eso”, plantea Celinda, quien reconoce igualmente sentir impotencia ante lo que ve hoy: “¡Cómo es posible que llevemos 28 años y esta gente -y él particularmente- continúen allí!”.

“Me duele el alma saber que todas estas décadas y todo el tiempo de dictadura que estuvimos peleando, haya terminado en las condiciones en que estamos hoy y con los mismos personajes”, reflexiona Félix Avilés. El jurista es padre de Rodrigo Avilés, el estudiante que resultó gravemente herido y estuvo al borde de la muerte luego de ser impactado por un chorro del carro lanza aguas de Carabineros el 21 de mayo de 2015 en Valparaíso.

“Ellos no le hablan a la neurona o a la estructura racional de la ciudadanía, le hablan al corazón de la gente. Y mientras están disparando y matando a Camilo Catrillanca, están hablando de la paz y de la no violencia, que son finalmente los códigos que la gente quiere escuchar”, postula el abogado. “Son absolutamente impúdicos. Y la impunidad va de la mano de lo impúdico; son tipos que no tienen pudor ante nada y que son capaces de decir que lo que pasó con Catrillanca, con Aysén, con Rodrigo Avilés, con Freirina, son solo errores de algunas personas que se salieron de madre”, cuestiona. “Lo que hacen hoy las Fuerzas Especiales es Chadwick. El Chadwick de hoy no es distinto al de la Universidad Católica”, concluye Avilés.

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www.politika.cl/2018/12/04/vi-como-golpeaban-mujeres-nuevos-testimonios-sobre-la-patota-de-chadwick-en-la-uc/

 

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