Publicado en: 19 diciembre, 2018

Chile. Una vez más serán los trabajadores quienes unan a la oposición contra el totalitarismo neoliberal

Por Arturo Alejandro Muñoz

Gupúsculos de mercenarios atacan y amenazan a dirigentes sindicales y sociales. Ese mismo prólogo fue el que despertó en 1983 a una fuerza imparable: los trabajadores organizados, quienes mueven un país, pero también pueden detenerlo.

El año 1983 se presentó con furia demencial. El asesinato de Tucapel Jiménez (acaecido el año anterior) no arredró a los sindicalistas, sino que les unió en la cruzada más fenomenal de esos años. Luchando contra las persecuciones, las golpizas, las torturas y los asesinatos, muchos dirigentes aunaron fuerzas y levantaron la voz.  Los partidos políticos estaban fuera de la ley, sin representatividad verdadera, escondidos bajo las mesas de sus casas o viviendo en el extranjero, presas del exilio.

La única voz disidente en 1983 era la de los trabajadores, y se impuso a lo largo y ancho de la nación cuando conformaron el Comando Nacional… pocas semanas después comenzaron las “Protestas Sociales” que estremecieron el país y colocaron a la dictadura cívico-militar en el tobogán por el cual se deslizaría finalmente.

En ese entonces, luego del asesinato de Tucapel Jiménez,  muchos dirigentes sindicales que eran miembros del Comando Nacional sufrieron golpizas y  detenciones ilegales cometidos por agentes del estado, más claramente, por miembros de la CNI, y en algunas oportunidades por mercenarios contratados por ciertas empresas coadyuvantes (activas y pasivas) de la dictadura, cual fue el caso, entre otras, de Cristalerías Chile y Sudamericana de Vapores, ambas dirigidas por el inefable ultra conservador Ricardo Claro, dueño además (en aquella época) de Megavisión, hoy Mega.

El resto de la historia es conocido. La dictadura cedió y hubo de aceptar un sinnúmero de medidas que apuntaban derechamente al retorno de la democracia. Pero, ese magnífico objetivo dejaba tras de sí una larga y dolorosa huella de chilenos asesinados, torturados, relegados a lugares lejanos, exiliados y miles de heridos y apaleados.

Se pensó que nunca más volvería nuestro país a experimentar situaciones tan dramáticas, terribles e inhumanas como las vividas en esos tiempos. Muchos, la mayoría de los habitantes, creyeron que el totalitarismo con sus actos de barbarie jamás regresaría. La gente, en 1983 y en los calendarios siguientes, demostró que en sus manos estaba la democracia, y con ella luchó contra la dictadura cívico-militar que sustentaba el salvajismo totalitario en las suyas.

Pero, hubo un punto de quiebre impensado. Parece asunto de locos, mas, no lo es; se trata de la cruda realidad en la que hoy gobiernan precisamente quienes eran parte activa –directa o indirectamente- de la dictadura. Y así como el lobo regresa siempre a su madriguera, esos socios del totalitarismo vuelven, tarde o temprano, a sus andanzas habituales.

En este año 2018, al igual que en 1983, la democracia está nuevamente en las almas y las  manos de los trabajadores, y el bestial totalitarismo se encuentra en los brazos de los clasistas y expoliadores de siempre, los de antaño, los de hoy. Quienes gobiernan, sus partidos políticos que conforman el oficialismo, mostraron por fin sus verdaderas caras desprendiéndose de las máscaras con que habían ocultado rostros y ceños durante dos décadas.  Liberaron sus íntimos objetivos loando al dictador que esquilmó al país y masacró a miles de ciudadanos, a miles de jóvenes, a la patria ya su futuro. Por ello, al reconocer que son pinochetistas y a la vez declarar que respetan y “defienden” los derechos humanos, más que una insanable contradicción y una mentira sin fronteras, esas tiendas partidistas propinaron una bofetada a la inteligencia y a la buena fe de los chilenos.

Los de ayer, los coadyuvantes de la dictadura, los que la sostuvieron, la financiaron y la utilizaron, están de regreso. Y gobiernan con los mismos métodos antidemocráticos usados por los totalitarios. El miedo a los trabajadores organizados es cosa cierta en el actual gobierno. Algunos empresarios que se sienten protegidos por esta administración creen tener chipe libre para esquilmar, expoliar, golpear e imponer por la fuerza la prestancia de sus intereses.

El paro de los portuarios en Valparaíso lo está demostrando, pues en él hay un responsable directo: el grupo empresarial Von Appen, siempre sedicioso, clasista, y depredador en lo económico y laboral… tanto en Valparaíso como en el Bio-Bio. A su vez, al igual que en el pasado, Carabineros sirve de guardia pretoriana al capital financiero y como tal ha sido utilizado  por los gobiernos neoliberales del duopolio político. En la actual administración que encabeza Sebastián Piñera, las amenazas a activistas, trabajadores, dirigentes portuarios, dirigentes políticos y sociales de Valparaíso, han regresado en gloria y majestad bajo el cobijo de esa autoridad política.

La página web “La Izquierda Diario” publicó lo siguiente: <<Cerca de la 1 de la madrugada de este domingo 16 de diciembre, en calle Las Heras, Valparaíso, dos sujetos se bajaron de una camioneta sin patente, y con arma blanca amenazaron al joven Jean Piere Paiva, activista social y de hip hop, y simpatizante de la causa portuaria. Los individuos lo tiraron al piso, lo fotografiaron y le dijeron “deja de andar metido en weas, deja de andar haciendo weas políticas, la próxima vez la van a pagar tus amigos”.

<<Los agresores nombraron al dirigente sindical de Starbucks Antonio Páez; a la vocera de la Coordinadora ‘NiUnaMenos’ de Valparaíso y militante de la agrupación Pan y Rosas, Pamela Contreras; a la trabajadora del colegio Winterhill, Daniela Fuentes; a la estudiante de la Universidad de Playa Ancha (Upla), Francesca Arancibia; y a la ex dirigente estudiantil de la Upla, Alejandra Valderrama. Amenazaron con acriminarse contra ellos.

<<Tras ser reducido, los sujetos le propiciaron una golpiza  que le dejó hematomas en el cuerpo. A las 03:00 horas de la madrugada de este domingo, los agresores enviaron mensajes a personas cercanas a Jean Pierre Paiva, diciendo que este habría sido apuñalado en el barrio puerto, y reiterando las amenazas a sus cercanos>>

No concluye ni si asfixia en lo anterior todo lo mencionado en estas líneas, pues comienza a cobrar dramática forma la saga de extraños ‘suicidios’ de dirigentes sociales y laborales ocurridos en estos últimos meses, algunos de ellos ya aclarados oficialmente por el Servicio Médico Legal (SML) como “asesinatos”, y el resto aún bajo investigación, cual es el caso de Álex Muñoz García, activo dirigente sindical y miembro de “Despierta La Montaña”, que fue hallado muerto al interior de su vivienda en Teno, región del Maule.

De un tiempo a esta parte, han surgido grupúsculos de mercenarios que actúan violentamente en defensa de intereses empresariales y políticos. El lunes 7 de diciembre, un conductor atropelló con su vehículo a varias personas que se manifestaban en el marco del paro portuario  en el centro de Valparaíso. El automóvil, que pudo darse a la fuga gracias a la extraña intervención de carabineros, era un Suzuki color gris patente XL6857, el que fue encontrado horas más tarde en las inmediaciones de Valparaíso, volcado, sin presencia de sus ocupantes.

¿Ha renacido la vieja DINA, o nunca se fue del todo? Tal renacimiento coincide con el giro a la ultra derecha que efectúan algunos partidarios del oficialismo, lo que permite la duda razonable respecto de cuán totalitario, clasista y anti trabajador sería un gobierno de ese signo. Por ello, es oportuno recordarles a esos grupúsculos, y al propio gobierno, cómo terminó el ataque a dirigentes y trabajadores durante la dictadura. Fue el inicio del fin para Pinochet y los suyos.

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