Publicado en: 20 octubre, 2018

Chile. Un recorrido llamado entreguismo

Por Arturo Alejandro Muñoz

El desplazamiento de la vieja Concertación, desde la izquierda hasta llegar a convertirse en cipayos mayordomos de la derecha, puede explicar lo que sucede hoy, pero el pueblo, la gente, nosotros, también tenemos un alto grado de responsabilidad en ello.

Posiblemente a muchos lectores les ha surgido en más de una ocasión la misma pregunta, la misma duda que lacera sentimientos: ¿por qué hemos llegado a este estado de cosas en las que, poco a poco, se ha ido posicionando el neofascismo como alternativa válida y real de gobierno?, cuestión impensable hace algunos años, pero que hoy pareciera estar a la vuelta de la esquina.

En estos asuntos acostumbramos a culpar, casi exclusivamente, a quienes dirigen tiendas partidistas y, cómo no, también a parlamentarios, pero en honor a la verdad los responsables de una hecatombe política como la que comienza a olerse en Brasil  -y tal vez en Chile- somos todos. Todos, sin exclusión alguna, pues los presidentes de la república, parlamentarios, alcaldes y concejales no se eligen a sí mismos, los elegimos y reelegimos nosotros…por lo tanto, debemos asumir nuestras culpas.

Nosotros, los electores, ciudadanos o como quiera que se nos llame, somos los principales responsables del avance del neofascismo.  Fuimos protagonistas silentes de un largo recorrido político que lleva al país a enfrentar  la posibilidad de contar con fuerzas ultranacionalistas que pretenden alzarse con las riendas legislativas y de gobierno en los próximos comicios presidencial y parlamentario.

Nosotros, los electores, los ciudadanos, formamos parte activa de aquellos que hemos hecho posible la existencia de aquellos que se decían de izquierda y privatizaron el agua y las carreteras, de aquellos que hicieron del transporte público de Santiago un fracaso monumental, una rara avis que funciona pésimo pero traga millones de pesos pertenecientes a los chilenos, de aquellos que se autodenominan ‘verdes’ pero aprueban la instalación de centrales termoeléctricas contaminando amplias regiones del país y originando zonas de sacrificio, de aquellos que autorizaron y aplaudieron y se ‘mojaron’ con las compañías mineras transnacionales que hicieron ‘bolsa’ verdes valles, glaciares y ríos, secándolos como si fuese una esponja sobre un pequeño charco, de aquellos que cierran los ojos y hacen vista gorda cuando dirigentes políticos y/o empresariales son sorprendidos robando a destajo, estafando y corrompiendo; de aquellos que administran los sistemas delictuales heredados de la dictadura (Isapres, Afp’s); de aquellos que se despluman entre sí luchando por un cargo público o una candidatura a cualquier cosa; de aquellos que, en fin, logran nuestro voto prometiendo alfa y beta, pero una vez en el cargo luchan sólo por gamma y épsilon, e incluso oponiéndose decididamente a ese alfa y beta que juraron defender durante la campaña.

Sí, definitivamente los electores somos parte de lo anterior, responsables de ello. Nos dejamos embaucar por cantos de sirena -la primera vez- y luego, en nuevas elecciones, preferimos desentendernos de la vergüenza que nos zahería la conciencia y declinamos ir a sufragar. ¿No tenemos ninguna responsabilidad por permitir que la farándula y la telebasura se metieran en nuestros hogares inundándolos con falacias y administrando intereses de quienes nos mintieron y traicionaron no una, sino varias veces?

Es verdad que el desplazamiento de la vieja Concertación, desde la izquierda hasta llegar a convertirse en cipayos mayordomos de la derecha puede explicar lo que sucede hoy, pero el pueblo, la gente, nosotros, también tenemos un alto grado de responsabilidad en ello.

¿Usted cree que nosotros, los ciudadanos, no somos responsables? La verdad es que basta mencionar la histórica “bajada de pantalones” de la Concertaciòn, misma que se hizo ante nuestros ojos y nada dijimos, para confirmar el aserto. Pase y lea.

Ocurrió en el año 1989, con Ricardo Lagos Escobar a la cabeza de los negociadores, cuando se concretó  esa “bajada de pantalones” de la Concertación en el plebiscito de reforma constitucional.

Recordemos que en ese vergonzoso asunto,  en la Concertación de aquellos años el pandero –junto a Ricardo Lagos- lo llevaban los señores Edgardo Böenninger (filo PDC golpista el ‘73, y autor el 25 de septiembre de ese mismo año de un elaborado plan de limpieza de las universidades para la Junta Militar, promoviendo incluso  el exilio de académicos UP)  y Enrique Correa (PS- ex MAPU OC).

Los puntos principales de “la bajada de pantalones” que acordaron plebiscitar (a sabiendas que en conjunto tenían la mayoría suficiente) los dirigentes de la Concertación con el pinochetismo ese mes de julio del año 1989, fueron los siguientes:

  1. Aceptar constitucionalmente la estafa binominal.
  2. Renunciar a la mayoría legislativa parlamentaria que le aseguraba la propia Constitución del 80, que habilitaba  al Presidente para aprobar los proyectos de ley con mayoría simple en una cámara y sólo un tercio en la otra. Con esto Pinochet había querido asegurarse (si hubiese ganado el plebiscito y en el supuesto de haber seguido en la Presidencia) el poder legislar con los senadores designados que le daban mayoría a todo evento en el Senado, y con minoría hasta de un tercio en la Cámara de Diputados.
  3. Renunciaron a la convocatoria de plebiscitos constitucionales, que se ganan con el 5% más un voto, de origen presidencial.  O sea, renunciaron al mecanismo por el cual se aprobó la Constitución del 80 y el mismo Plebiscito en que estaban votando en julio del  89 (!!). Ello significa entonces que la Concertación consideró no válidas ambas acciones, pese a que a través de ellas Chile recuperó la democracia y la propia Concertación accedió al gobierno. ¡¡De Ripley!!
  4. Y otros asuntos de igual e incluso mayor gravedad, que están muy bien descritos en el libro “Chile, una Democracia Tutelada” del ensayista y sociólogo Felipe Portales (Editorial Sudamericana, 2000).

Fue así que el año 1989 se cerró el cofre institucional chileno y la derecha y el pinochetismo se quedaron con esa vital llave, pero siempre con el visto bueno de la Concertación que sólo se aseguró la Presidencia y los sillones principales de la “Administración”. Y hoy parece que la ‘amnesia consciente’ es parte fundamental de la línea política de la Nueva Mayoría. Los actuales dirigentes de ese bloque oficialista escabullen el cuerpo no bien alguien les recuerda estos asuntos, sobre los que obviamente no tienen respuestas.

Y nosotros, los de a pie, callados, ausentes, desinteresados…desde ese mismo momento coadyuvamos a desbrozarle el camino a los ultranacionalistas. Quién lo duda, pues fue así como, metro a metro, pavimentamos el camino para que el neofascismo avanzara sin cortapisas en el suelo del sistema de seudo democracia que nos distingue. Esa fue la ruta del entreguismo que nos condujo a mal puerto.

Por ello, cuando  nos preguntemos cómo diantres llegamos a este estado de cosas, no miremos hacia el lado buscando culpables…miremos de frente a nuestro espejo y reconozcamos que políticamente debemos hacer un acto de contrición murmurando esa oración llamada “Yo pecador”, específicamente aquella parte que reza: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa”.

 

 

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