Chile, si no se acata lo que la Derecha quiere, ¿somos comunistas?

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SI LA DERECHA no repitiera como loro enjaulado la verborrea acostumbrada, jamás me habría percatado respecto de cuántos comunistas hay en Chile, ya que si se nos antojara seguir  el pensamiento de los conservadores (heredado de un Pinochet vivaracho y ladino),  concluiríamos que en  nuestro país la masa electoral, popular y social que adhiere a la ideología comunista es, de frentón, una inmensa mayoría. Claro, eso, siempre que le diéramos visos de certidumbre al lenguajeo simplón de los simplones derechistas.

Pero, ello está absolutamente lejos de la realidad fría y concreta, pues los adherentes y simpatizantes de la tienda de Emilio Recabarren y de Camila Vallejo, con suerte, hoy logran alcanzar el 7% del electorado,  lo que en realidad no es poca cosa… pero insuficiente para hacerse del gobierno, e incluso para imponer a sus aliados de la Nueva Mayoría una línea que estos rechazan abiertamente dada la condición de “guardianes del sistema” que les caracteriza.

La conocida perorata que utilizaban don Augusto José Ramón y ‘salucita’ Toribio Merino cuando querían o necesitaban salir del paso ante problemas gordos, era culpar de todos los males acaecidos en Pelotillehue a los comunistas. Y estos, a decir verdad, aceptaban gustosos tales supuestos, ya que en cierta medida aquella era una alternativa válida (y gratuita)  para estar presente en los medios, y en la sociedad, durante el negro período de censura de prensa y prohibiciones varias. Recuerdo que en esos años unos amigos me aseguraban que los odontólogos se veían obligados a extraer muelas solo a través del ano del paciente, pues no se podía abrir la boca… una exageración, claro, pero muy gráfica de lo que en verdad sucedía.

Llegaron el plebiscito y la promesa de la “alegría” concertacionista; murió Pinochet…y la derecha, luego del gobierno de don Tatán Piñera –en cuanto a cifras electorales- se vino abajo (“como calzón de flaca”, me apunta mi compadre al otro lado de la mesa). Pero, la herencia del blablablá pinochetista se ha mantenido incólume en las filas talibanas del ‘garumaje’ que se manifiesta pro neoliberalismo sin márgenes ni cortapisas.  Para esos individuos, o aceptas lo que proponen o eres enemigo, comunista, anarquista, ‘resentido’… términos que no tienen fin ni fondo, pero cuentan con la prosapia verborreica de los pelolights opusdeísticos, así como de las primeras planas de EMOL y COPESA, y por cierto, también de la distinguida clientela de PENTA.

“Comunista resentido”, gritará el interlocutor UDI si se le recuerda que a través del robo en descampado ocurrido en las AFP’s, el FUT y el Cobre, a nuestro país le birlan casi 60 mil millones de dólares al año (no abra los ojos como merluza recién sacada del mar… leyó bien: sesenta mil millones de dólares al año)… es decir, le roban a Chile más del 20% de su PIB.

Para qué decir cuánto chillaría espantado un derechista si se le informa que en este “exitoso” sistema neoliberal salvaje el 1% de la población obtiene ingresos cercanos a los US$100.000 al año, mientras que el 75%  debe sobrevivir con un ingreso anual que no supera los US$2.800.

Ya, okay… tíldeme de  “comunista resentido”… estoy esperando ese epíteto que, aunque parezca poco humilde lo que diré, beneficia y gratifica a los amigos del PC, pues yo estoy (partidistamente hablando) más bien lejos de esa tienda. Nos hemos acostumbrado a entender que para los derechistas sólo hay dos bandos: los “buenos” (ellos) y los ‘comunistas’. Pregunto, ¿‘comunista’ sería entonces el resto de la población que no comulga con  las hostias de madera ofrecidas por la UDI, RN, el FMI, la Sofofa y Casa Piedra?

La herencia de Pinochet ha hecho carne en muchos de aquellos que ayer lo siguieron y adoraron, pero que hoy prefieren –por conveniencia electoral nada más- enterrar su antigua veneración al tirano bajo una roca en alguna playa de cualquier isla perdida en el austro antártico.

Tan absurdo -y errado- como aquello que hemos dicho  líneas atrás, resulta el calificar de “fascista” a todo aquel que muestre aunque sea una pequeña pinta de inclinación a la derecha, pues en el extenso terreno ideológico y político que media entre un “facho” y un “nacho” existe un variopinto arcoíris de tendencias y opiniones.

La cuestión principal, por supuesto, no es otra que determinar qué porcentaje del total (fachos y nachos incluidos) se encuentra hastiado y molesto hasta la coronilla con la expoliación de recursos naturales y humanos perpetrada por una decena de enriquecidas familias, dueñas del país a fuerza de robos, corruptelas, mentiras y amenazas.

Y aprovechando el envión, bueno sería saber también qué porcentaje -de aquel mismo total- estima que sólo una Asamblea Constituyente salva a Pelotillehue del bandidaje que hoy lo administra a través de los ya putrefactos poderes del Estado, donde campean el familisterio y el “car’e rajismo”.  

¿O es muy comunista lo que estoy diciendo? ¿Sí? ¡No jodan!