Chile: ¿Se esmera el duopolio en provocar desinterés por la política?

RECUERDO UNA INTERESANTE y lata conversación nocturna de amigos ubicados en posiciones políticas distintas… pero, me refiero a una conversación de esas de “parrillada” a medianoche, cuando la guarnición de chuletas, trutros y longanizas ha sido rebajada al mínimo, quedando sólo café, cervezas y vino como cargas de combustible para nutrir una charla que se extiende hasta cuando el lucero del alba amenaza lanzar sus primeros brillos por el oriente.

Luego de divagar y transitar por la revolución francesa, la revolución industrial, las dos guerras mundiales, Yalta, la década de los sesenta y su escenario revolucionario en música, cine, literatura y política (Cuba y la crisis de los cohetes y Vietnam incluidos), terminaron esos amigos (me incluyo en el grupo) concordando en un asunto que es central en estas líneas. En Chile, las viejas tiendas partidistas –remozadas con nombres de fantasía mediática para simular una remasterización ideológica o un aggiornamiento que se condiga con el siglo- se han esforzado exitosamente para defender el modelo imperante, y en ese trabajo la cuestión neurálgica no es otra que incubar en la población una suerte de desinterés severo por la cosa pública.

No sé si fue el efecto de tanta cerveza lo que originó los acuerdos, pero confieso que me sorprendí al constatar que todos mis contertulios –derechistas, concertas, rebeldes, anarquistas (amén de un ‘indignado’ que aseguraba “defecarse en la política y limpiarse el trasero con los parlamentarios”)- estaban de acuerdo en un punto que resultó ser el único consenso de la noche. “Desincentivar el interés público por el quehacer de los políticos”… esa parece ser la cuestión de interés fundamental en las cofradías de las tiendas partidistas y del poder legislativo, vale decir, que a los políticos los dejen solos, a su arbitrio, nadando en mentiras y engordando con corruptelas, contubernios, acuerdos y asociaciones coyunturales… pero, que tampoco los critiquen, y menos aún que les tengan como afiches injuriosos en ‘memes’ que recorren el planeta gracias a las redes sociales.

En palabras de buena crianza, los esperpentos que pueblan el Congreso sueñan con la posibilidad de que en el país, nadie, pero absolutamente nadie, pierda su tiempo en investigarlos, analizarlos, criticarlos, pues de esa laya les resulta cómodo incentivar las corruptelas y el acomodo de traiciones a sus propias promesas de campaña. “¿Qué puede importarle a la ‘gallá’ (el pueblo) cuánto y cómo beneficiemos legislativamente a les empresas con ciertas ‘correcciones’ al proyecto de reforma tributaria presentado por el irresoluto ministro de Hacienda y la  aún más indecisa mandataria?”…. es la consulta que hacen tales tipos en Valparaíso, quienes ya han sido bautizados como “ladronamentarios del legislativo”.

Para afianzar el propósito que homogeniza a aliancistas y concertacionistas, la prensa ‘oficial’ colabora sin ambages. Es así que, por ejemplo, la televisión se distingue por mantener en pantalla algunos programas dedicados al análisis político, en los que se reitera la participación de individuos infumables, desagradables, fanáticos e insoportables (¿será necesario mencionar apellidos como Melnick, Villegas, Bofill, Bitar  y otros?) que provocan la huida de los telespectadores a otros canales televisivos declarándose hartos, hastiados de tanta mugre y frescura de cutis en política. Cuando ello ocurre, el éxito del objetivo principal de los guarapos a cargo de las tiendas que conforman el duopolio, puede darse por logrado a cabalidad.  Misión cumplida… y los habitantes de la cueva de don Ali-Babá pueden también sentirse seguros en la continuidad de sus maquinaciones y arreglines.

Alguna vez, en nuestro país, hubo una esperanza para poner de pie lo que estaba de cabeza. Ello ocurrió allá por 1983…cuando los políticos (‘profesionales’, según dijo Pinochet) se encontraban protegiendo sus traseros y, muchos de ellos, vacacionaban cómodamente en el exterior, o vivían clandestinamente, refugiados en casa de amigos rogándole a su santo favorito les ayudase a objeto de no ser encontrados por los asesinos de la DINA y de la CNI. 

En  esos años, duros, violentos, terribles, habrían de ser finalmente los trabajadores organizados en el histórico Comando Nacional dirigido por valientes apellidados Bustos, Seguel, Mujica, Flores y otros, quienes pusieran a la dictadura contra la pared paralizando el país durante las ‘protestas sociales nacionales’, algunas de las cuales obligaron a Pinochet a trasladar a su familia lejos del continente, hacia Rapa Nui, temeroso de una ‘vuelta de tortilla’ que, a su vez, podría significar divisiones en las mismas FFAA y, por cierto, un “adiós mi plata” para él y sus secuaces que formaban la banda de forajidos, ladrones y asesinos que hoy cumplen condenas en Punta Peuco.

En esos años de ‘protestas sociales’ hubo aromas de liberación verdadera, esperanza cierta de enjuiciar a los torturadores y asesinos, de un gobierno realmente representativo de los chilenos y de la democracia; pero… una vez más, como siempre, en algún recodo del camino aparecieron los antiguos dirigentes políticos decididos a “prestar colaboración a los compañeros trabajadores”, lo que fue torpemente aceptado por los líderes sindicales Seguel  y Bustos….  e  inmediatamente se enturbió el agua de la libertad, ya que esos ‘próceres’ del antiguo régimen parlamentario acordaron casi ipso facto un recorrido nuevo, tibio y traidor, con el ministro del interior Sergio Onofre Jarpa, miembro también de la cofradía politicastra abyecta, parte de la cual ‘legisla’ hoy desde Valparaíso merced a que ellos, o sus socios, ocuparon cargos en las mesas centrales que dirigen tiendas partidistas pertenecientes al duopolio, como es el caso del PS, el PDC, el PPD, RN y la UDI.  Personajes tales como René Cortázar, Juan Pablo Arellano, Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, Gutenberg Martínez, Marcelo Schilling y Belisario Velasco, fueron miembros del equipo de “dialogantes” que Jarpa privilegió casi a nivel de amistades, pues el consenso en esas pandillas no era otro que quitarle a los trabajadores organizados el poder y el control de la calle.

Hubo susto en las cofradías políticas de entonces (que son las mismas de hoy). El temor residía en la clara posibilidad de que los trabajadores constituyeran una alternativa de gobierno y ellos  tuviesen que retirarse a los cuarteles de invierno, donde como bien se sabe la única forma de sobrevivir es trabajando, pero trabajando en serio, recibiendo un salario nada digno y dependiendo de jefaturas que no son comparsas de los ‘hombres públicos’.

Esto del ‘Comando Nacional de Trabajadores’ y de las protestas sociales, y de las calles en poder de la chusma, y del país paralizado, y de la gente ‘decente como nosotros’ recluida en sus casas sin tomar decisiones ya que ellas serían abordadas y acordadas por quienes dirigen al perraje, ¡¡no puede ni debe repetirse nunca más!! Esa fue la consigna de los políticos ‘profesionales’ (Pinochet dixit) convertida en acuerdo. Allí nació el duopolio, poco antes del plebiscito de 1988…. y allí también nació la CUT, esta CUT que bien podríamos decir constituye un tentáculo más de los socios aliancistas-concertacionistas.

Respecto de la Concertación misma, sano y oportuno es informar que en estricto rigor ella nació el año 1983, a partir de una idea o recomendación que el ultra derechista Sergio Onofre Jarpa (a la sazón ministro de la dictadura) entregó a ciertos dirigentes ‘opositores’ a objeto de constituir un referente político nuevo con el cual el gobierno militar pudiese conversar y acordar plazos y formas de la transición venidera, misma que dicen comenzó el año 1990. Luego de varias reuniones en las que Sergio Onofre Jarpa tomó tecito y comió galletas con algunos dirigentes políticos opositores (seleccionados por La Moneda en un trabajo llevado a efecto por el propio Jarpa junto con su subsecretario Alberto Cardemil), y después de constatarse el éxito de la cuarta protesta social encabezada por el Comando Nacional de Trabajadores, con la anuencia del mismísimo dictador y bajo la innegable conducción y apoyo del ministro del interior del régimen, el día 22 de agosto de 1983 nace la Alianza Democrática conformada por el partido Demócrata Cristiano, el Partido Republicano (de clara tendencia derechista), el Partido Radical, el Partido Socialista, el Partido Socialdemócrata y la Unión Socialista Popular, dispuestos todos a negociar con Pinochet una transición a la democracia.

La cuestión –para el dictador y para todos los políticos- residía en evitar a como diese lugar el tener que conversar y transar con una fortísima organización de trabajadores, a los que se les consideraba “díscolos, anarquistas y demasiado independientes”.  Hoy, la CUT no es nada de eso y dista kilométricamente de lo que fue en su momento el Comando nacional de Trabajadores; por eso cuenta con el gracioso visto bueno de las cofradías duopólicas, incluyendo la prensa ‘oficial’.

Es en este punto donde terminó la conversación de los amigos junto al quincho. El lucero del alba ya brillaba sobre el oriente. La madrugada era fría, se había apagado el fuego de las brasas parrilleras y el amigo Morfeo llamaba con insistencia al retiro y al descanso. Al abandonar el lugar, quedaron flotando el consenso y la duda. Estaba más que claro cuánto se esforzaban los socios de la coalición mayor (conformada por los dos bloques que en calidad de principales han cogobernado Chile desde 1990 a la fecha) para desalentar en el público el interés por la política, y apostando al olvido general de la historia reciente en estas materias, seguir mangoneando a gusto y destajo… pero, a la vez, en medio de ese consenso, quedó bamboleando también una tremenda interrogante: ¿qué pasaría si, nuevamente, los trabajadores se organizaran en un Comando Nacional junto a estudiantes y pobladores, más allá de CUT; ANEF y partidos políticos, ganando el control de las calles, empresas y campos?

Fui el último en hablar al momento de dejar el lugar de aquella parrillada con trasnoche; recuerdo que afirmé muy convencido que ningún político se atrevía a pensar siquiera en una respuesta a la duda ya comentada. Tampoco ninguno de mis contertulios agregó algo. El silencio marcó la ruta del consenso. 

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS