Chile: Se desmorona el “modelo” y vuelven los militares al poder

Una catástrofe “natural”, la del terremoto de esta semana que golpeó a gran parte del país, hizo que surgiera desde las profundidades de la sociedad la miseria, la corrupción, los privilegios de clases y el amor a los militares.

Es lo que engendró el “modelo” chileno desde el retorno de su “democracia vigilada” por las FFAA y administrada por los civiles de la Concertación (socialdemócratas de derecha y democracia cristiana) y apoyada en la estrategia por la derecha neopinochetista del recientemente electo Presidente Piñera.

Cientos de kilómetros de autopistas se deshicieron como arena, demostrando que más allá del poder de los 8.8 puntos de intensidad del terremoto, estaban construidas con materiales lejos de las expectativas que son de esperar para la construcción de las mismas en un país “naturalmente” propenso a catástrofes de esta naturaleza.

Lo mismo puede decirse de hospitales, escuelas, edificios de apartamentos que cayeron como castillos de naipes por estar fabricados con materiales que no pasarían los mas mínimos controles de calidad en otros países igualmente expuestos a sismos de esta magnitud.

Esto contrasta notablemente con los regimientos e instalaciones militares que sufrieron muchos menos daños, comparativamente, que los edificios de uso civil.

Una sociedad hipócrita que ocultó durante décadas la existencia de la miseria existente en el país, ahora se sorprende por la explosión de los pobres.

Aduciendo y reproduciendo el mito del “avance” notable del “modelo” económico basado en una afiliación temprana al NAFTA con EEUU y Canadá dos décadas atrás. Ese pacto es el que abrió las compuertas del poder económico imperial para que este se hiciera dueño del capital financiero y el de las principales ramas de la producción, racionalizara con despidos la administración publica y creara las bases para una total dependencia, incluyendo la anulación de ramas productivas competitivas, del "nuevo" con olor oligarquico.

De las entrañas de esa hipocresía es que surgieron las masas de desesperados, pobres y marginales que, perdiendo sus techos y abandonados por la “ayuda” estatal, acicateados por el miedo a la hambruna y la proximidad de las enfermedades incurables, se lanzaron al saqueo en todas las ciudades del país.

Ellos saben de las mentiras del gobierno que dice que solo 700 han muerto y 10.000 han sido heridos cuando la realidad muestra a los ojos de todo el que quiera ver que las cifras son mucho mayores. Pueblos enteros y grandes barrios en las ciudades simplemente desaparecieron del mapa.

Ante la amenaza de los desposeídos, el gobierno de Bachelet, con el apoyo de su sucesor de la derecha, Piñera, le dieron el visto bueno a las Fuerzas Armadas para que controle, por ahora, las provincias de Maule y Bio-Bio en un plan progresivo que los observadores esperan ver extenderse a la mitad del país.

Así, los “civiles” de la contrarrevolución le han dado a los militares de la contrarrevolución el poder político y militar para que estos impongan, como lo están haciendo, el estado de sitio, las patrullas y allanamientos y presumiblemente los castigos físicos y potencialmente la eliminación de los “revoltosos.”

Con ello reconocen los gobernantes de todos los partidos su dependencia e impotencia frente al poder militar dejado intacto después del retiro negociado de la dictadura Pinochetista.

Para defenderse de las críticas y las potenciales investigaciones, los políticos burgueses de Chile dicen que no pueden compararse los daños materiales y la cantidad de muertos de “su” terremoto con el sacudió hace poco a Haití que, siendo de menor intensidad, dejo mucho mayores daños y centenares de miles de muertos.

Haití era antes del terremoto un país casi inexistente. Ocupado por tropas extranjeras, sin industrias ni instalaciones sociales de ningún tipo, asolado por huracanes, terremotos, invasiones, dictaduras, guerras civiles… el terremoto que lo afectó solo deshizo el eslabón más débil de America y el Caribe, un país que para todos los efectos que importan, ni siquiera existía como tal.

Como contrapartida, Chile fue presentado por el imperialismo, la propia burguesía chilena y la envidiosa burguesía de nuestro país y de otros, como el “modelo” de un triunfo económico-social. Si hay hasta políticos en nuestro país que programaticamente agitaban por una imitación de tal vil “modelo”. Lo de la burguesía y los militares chilenos y del imperialismo en Chile es un crimen, tan espantoso como el cometido en Haití, aunque sus cifras de los crímenes no alcancen su superlativo espanto.

Sobre las ruinas de ese “modelo” debe hoy levantarse una alternativa obrera y popular, única forma de que el futuro no repita lo del presente. La solidaridad con los damnificados por el terremoto debe extenderse a la solidaridad con su resistencia a seguir soportando en silencio los crímenes del “modelo.”

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