Chile. Rodrigo Cornejo, Director de la OPECH: «el teletrabajo no asimila la realidad de los estudiantes ni de los docentes»

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Ante el escenario que plantean las autoridades de turno, anunciando una pronta vuelta a clases presenciales luego de la «implementación» del teletrabajo en los establecimientos educacionales del país, revisamos los posibles efectos del coronavirus en las comunidades educativas chilenas y la labor de los/as docentes con Rodrigo Cornejo, del Observatorio Chileno de Políticas Educativas de la Universidad de Chile (OPECH).

El tele-trabajo y la educación en línea son las dos soluciones que ha entregado el gobierno para mantener en marcha el año académico en plena crisis sanitaria, evidenciado una larga lista de problemáticas que afecta tanto a docentes como al estudiantado: escaso acceso a conectividad, ausencia de dispositivos móviles o computadores en los hogares de los/as estudiantes, hacinamiento, entre muchos otros, son los factores que impiden llevar a cabo las labores solicitadas.

Para profundizar en esta problemática, abordando las responsabilidades del Ministerio de Educación en todo este proceso, conversamos con Rodrigo Cornejo, Director del Observatorio Chileno de Políticas Educativas (OPECH), quien explica los diferentes problemas a los que se enfrenta la educación chilena en este contexto.

¿Qué te parece el modo en que el Ministerio de Educación ha actuado durante la pandemia del Covid-19?

Nosotros con Eduardo González (el dirigente nacional del colegio de profesores, escribimos una columna para Radio Universidad de Chile donde caracterizábamos la respuesta del Ministerio como un intento de volver pronto a la normalidad y de no perder clases: ellos tienen un lema «aprendo sin parar», o sea, no perder el ritmo de aprendizaje. Yo creo que eso responde a un desconocimiento básico del ministro de las condiciones reales de vida de esos estudiantes, sobre todo de los liceos y escuelas más populares. No hay ninguna posibilidad de volver a la normalidad, de mantener el ritmo de aprendizaje o de estudios en las condiciones de conectividad ni menos socio-emocionales en que está la gente.

Mayo, Junio y Julio son meses tentativos para volver a clases, ¿es una buena idea volver a clases en el escenario que vivimos?

Creo que en este momento la prioridad tiene que ser la salud de la población, y ya sabemos que lamentablemente la familia trabajadora va a tener que salir igual, de una u otra forma. Creo que los niños vuelvan antes de que se de el peak del contagio es un foco brutal de enfermedad. Siento que, sinceramente, es una locura lo que dijo el ministro, de que los niños se enfermaban con pocos síntomas: justamente es eso lo que hacen los niños, transmitir el virus porque aunque tengan pocos síntomas en general, son los portadores. La gente sabe que es una tozudez y un acto de inhumanidad.

Docentes han planteado que la excesiva presión para volver a clases presenciales, tiene que ver con que el Estado ve como una suerte de guardería a los establecimientos educativos. ¿Qué piensan ustedes sobre esto?

Sí, creo que tiene que ver con eso: como no hay ningún tipo de apoyo real a las familias, se está obligando a la gente a volver a trabajar, y por ende se presenta el problema de con quien dejar a los niños. Pero por otro lado creo que hay una mirada muy obtusa de la educación sobre los estándares de aprendizaje, manejo de contenidos y traspaso de información.

Por otro lado creo que hay algo bien concreto, y es que este Ministerio de Educación funciona como una especie de Ministerio para la educación privada, entonces, hoy día posponer la vuelta a clases presenciales hasta agosto (que a todas luces es lo más lógico, cuando termina el invierno) es una señal muy fuerte para los apoderados de la educación privada, que están pagando mucha plata. Nosotros sabemos de buena fuente que ha habido un lobby fortísimo de los dueños de los colegios -particulares y subvencionados que siguen cobrando, que son menos- una presión sobre el Ministerio para que no dé señales de que el retorno va a ser después de un buen tiempo porque los apoderados no están queriendo pagar.

Creo que es un Ministerio que responde a los intereses de clase, que privilegia los intereses de quienes son su gente.

¿Qué consecuencias tiene el teletrabajo «a la chilena» en el trabajo docente?

No tenemos condiciones de conectividad para hacer teletrabajo, por lo menos de manera innovadora. No tenemos condiciones de espacio, de dispositivos. No todo el mundo tiene dispositivos, en general lo que tienen los estudiantes (mayoritariamente de educación media) son celulares con muy poca capacidad de conexión.

La política que está rigiendo para teletrabajo o clases online no asimila la realidad de los estudiantes ni de los docentes. Por eso nosotros decimos «¿qué es lo que hacen los países serios con la educación pública?», echan mano a lo que tiene todo el mundo. El presidente de Argentina dijo «vamos a intentar emplear una política que tome como referente a quien está al último», y esa es una decisión muy sabia. Hay que ir a lo básico y lo que dicen los organismos internacionales es que en estos momentos lo básico es la televisión educativa, y en ello vale decir que hay un trabajo y participación colectiva de selección curricular, de actualización de currículo (eso hay que hacerlo con los trabajadores de la educación) y que implica parar un tiempo, pero parece que en estos momentos Chile no tiene un Ministerio que responda ante la educación pública, sino que lo hace por los intereses de los privados. Hoy no hay condiciones para hacer educación a distancia, eso requiere mucho tiempo y requiere características que no tenemos.

Educadores y educadoras artísticas, además de docentes que hacían talleres financiados con dineros SEP han quedado sin sus horas o derechamente sin sueldos, ¿qué piensan de la decisión de suspender estos pagos? ¿Se puede hablar de una tercerización del trabajo docente?

Yo creo que tercerización hay desde antes, y en esos programas en general se dan en condiciones precarias: la gente no está contratada, suelen ser trabajadores/as honorarios/as. El problema es que estamos frente a un Estado que ya se desmoronó completamente, un Estado que muchos pensamos en un momento, tal vez en un contexto de crisis tenía dos posibilidades: o asumía que estaba a la defensiva después del 18 de octubre y que tenía que hacer un esfuerzo grande, una recogida de impuestos a los más ricos y generar un programa de protección a los trabajadores como en países vecinos, o hacer todo lo contrario, que es lo que pasó.

Aquí se expresa la lógica de capital financiero especulativo, del cual Piñera es un representante. En el fondo vieron la oportunidad y están haciendo más negocios, frente a esta realidad están cortando todo, y están cortando especialmente los programas a honorarios y eso es una respuesta global, no creo que sea solamente en el ámbito educativo.

La PSU y el SIMCE ya sufrían un profundo cuestionamiento, incluso antes del estallido social. Este año, no han anunciado su suspensión ¿Se deberían suspender estas pruebas? ¿Qué consecuencias podría tener una decisión así?

Creo que a todas luces corresponde suprimir todo tipo de evaluación, y lo están diciendo muchas personas, incluyendo a aquellas que han sido parte de la gestión de los gobiernos neoliberales de centro/izquierda. Es obvio, insistir el SIMCE es una estupidez, ¿cómo vas a comparar puntajes, para qué?, el año pasado en medio de las movilizaciones en noviembre lo realizaron, con la excusa de tener un referente, ¿referente de qué? Este año hay que negarse y boicotearlo derechamente.

En el caso de la PSU es similar en el sentido de que hay un rechazo muy grande a este tipo de sistema de admisión y que este año tiene que cambiar por ley, aunque sea en lo cosmético. Pero claramente, si se va a hacer, tiene que dejar de lado los contenidos de cuarto medio, sino vamos a enfrentar una realidad demasiado dispar y va a aumentar aún más la brecha- que es ya muy grande- de puntajes elevados de chicos más ricos y puntajes más bajos en los estudiantes más pobres. Aunque nosotros siempre hemos estado en la idea de explorar la posibilidad de un acceso generalizado a la educación superior.

Hace años desde la OPECH ustedes han denunciado, en conjunto con organizaciones gremiales y sociales, la estratificación socio económica del sistema educativo chileno, ¿qué piensan que ocurrirá con el sistema luego del paso del Covid-19?

Es difícil saber cuándo y cómo se sale de esto, pero creo que el 18 de octubre dejó claro que el modelo y el sistema no da para más, y la crisis del coronavirus da más luces respecto a aquello. Es un mensaje que tiene que madurar, y va a depender de las correlaciones de fuerza, de qué tanto la gente organizada es capaz de proponer una alternativa para hacer las cosas. Y eso implica tener un proyecto educativo, consenso sobre un proyecto social compartido. Es un escenario con un gobierno deslegitimado, sin fuerzas para imponer su programa, sin credibilidad, pero con un pueblo muy disperso (en términos de estabilidad en el tiempo).

Tenemos que concentrarnos en cuidarnos mucho porque el gobierno no nos va a cuidar. Hay que salir con banderas muy claras, ya no basta con pedir gratuidad, hay que pedir educación pública; ya no basta con pedir «calidad», tenemos que pedir una educación integral, humana. Nadie asegura que vayamos a derrocar el modelo, que vayamos a triunfar, pero debemos tener claro por qué pelear.

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