Chile. Repercusiones de la crisis del capitalismo

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La CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la OIT, Organización Internacional del Trabajo
OIT, ambas entidades que funcionan bajo la órbita de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han señalado que en América Latina la cesantía tendrá 11,5 millones de desocupados, esto significa que a la grave crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus, los trabajadores y sus familias, se verán golpeadas por la crisis económica que se venía gestando en los principales países imperialistas.
Esta crisis económica, como lo hemos planteado en otras oportunidades, tiene su origen en la sobre producción de mercancías y esta sobre producción es producto de la no planificación de las reales necesidades de la mayoría de la población, sino se basa por un lado en la «anarquía de la producción» y por otro en la desenfrenada carrera, por detener la caída de la tasa de ganancia de los capitalistas, es decir, sobre producción para intentar aumentar las ganancias de los capitalistas.
En este contexto, los gobiernos de América Latina, se han preocupado conscientemente de llevar adelante una política económica de doble discurso, por un lado nos dicen que la pandemia trae consigo una crisis económica, recesión, y «hacen un llamado a ajustarse el cinturón», pero por otro lado todas las medidas económicas son para «salvar» a las transnacionales y grandes empresas capitalistas nacionales, como son los préstamos a los bancos, las aerolíneas, los supermercados, Isapres y clínicas privadas, entre otras.
Al mismo tiempo, a pesar del «discurso oficial» de ayudar a las Pyme, a través de los bancos, estos han negado los préstamos para liquidez a cerca del 75% de las Pyme. Este doble discurso se orienta por un lado, a dar una imagen de ayuda y la otra preparar e impulsar leyes contra los trabajadores, con la abierta complicidad de todo el parlamento.
Las medidas sanitarias para enfrentar la pandemia, han sido de acuerdo a las orientaciones de la OMS, Organización Mundial de la Salud. Esta organización de la ONU, «recomendó» a los gobiernos cómo «enfrentar la pandemia», las recomendaciones apuntan a minimizar la caída de la tasa de ganancia de las corporaciones transnacionales y en ese ámbito, desarrollar una vacuna, para lucrar con ello.
Los gobiernos han decidido de acuerdo con sus burguesía las medidas sanitarias, así se ha visto en Chile, «invitando» a los capos de la CPC, SNA entre otros,  a La Moneda, para implementar las «medidas de confinamiento», es decir, en la medida de lo posible para garantizar las ganancias de las empresas sin importar la vida y la salud de las y los trabajadores y sus familias.
Para la burguesía a nivel nacional e internacional existen dos formas de enfrentar la pandemia, por un lado no haciendo nada o negando las graves consecuencias, como lo hicieron Trump, Bolsonaro, entre otros, escondidos bajo el discurso de «no podemos parar la economía, todos tienen que comer y trabajar». En ese discurso cae un sector de la población más reaccionaria que bajo el lema «libertad y no al confinamiento», salen a las calles a pedir fin a las medidas: partidarios armados en EEUU así lo han expresado, o en Brasil con las manifestaciones de apoyo a Bolsonazi. Otro aspecto de ese llamado, es cuando no son gobierno, salen a la calle a protestar con Cacerola en mano, como lo hace Vox y PP, partidos de derecha en España.
Existen la llamadas medidas de confinamiento, donde la burguesía habla de estas medidas por breves plazos, con un discurso utilizando un oxímoron, es decir, la combinación de palabras que se usa en literatura, así dan a entender que hay que trabajar y «cuidarse» del coranavirus, en la llamada «nueva normalidad». Este discurso asesino lo han implementado diferentes gobiernos, después que se implementaron algunas medidas sanitarias en sus países, que aun así han provocado miles de muertos, millones de contagiados y han desnudado la grave situación de la red hospitalaria pública.
Todas estas medidas son acompañadas o mejor dicho, impuestas, sobre la base de la militarización de la vida de millones de seres humanos, en una clara continuación y profundización de la política de conflictos de baja intensidad, es decir, combatir al enemigo interno, con el copamiento militar y policial, entregando a los aparatos represivos el «cuidado» de la población que se organiza y lucha, este proceso de militarización es para asestar golpes a los diversos procesos revolucionarios a nivel mundial. Es por ello que existe una probabilidad cierta que los estallidos o procesos revolucionarios se den con más fuerzas.
Pero lamentablemente existe una tercera visión de cómo enfrentar la crisis sanitaria y la económica, la de no hacer nada, inventando que en «nuestro país no existe el coronavirus o no es necesario tomar medidas sanitarias». En ese ámbito existen diversos países como lo que «reportan desde Korea del norte», en Nicaragua, Suecia, ni qué hablar de África, donde hay países que señalan que  «casi no tienen contagiados o muertos», pero no realizan test masivos de PCR.
En Chile, la burguesía optó por «prepararse». Es así como compró armas, carros blindados, gases lacrimógenos, lanza agua entre otros, después señaló que se habían «preparado desde enero», que llegarían donaciones y de acuerdo a lo que se iba conociendo de los efectos de la pandemia, hacían anuncios.
Pasado meses del ingreso del virus, por viajeros de Europa y Asia, son miles de contagiados y las cifras de muertos, por problemas respiratorios son más de tres mil, según propios datos del registro civil (certificados de defunción), el registro de las funerarias y lo expresado por los trabajadores de salud.
Sólo así se entiende, que aunque el gobierno asesino intentaba convencer que se estaba «aplanando la curva», con la exposición de datos por redes sociales y la «ruptura» entre el colegio médico y el gobierno, han tenido que reconocer, a medias,  que la situación es más grave que lo que ellos la muestran.
El discurso de Menguele Mañalich, es culpar al pueblo de que las «medidas no aplanen la curva», este discurso contrasta con las tan anunciadas medidas de la «nueva normalidad», es por ello que la burguesía y su gobierno, son responsables de las muertes, así como por falta de atención hospitalaria, del  hambre, hacinamiento, represión y cesantía.
Son responsables porque durante décadas han privatizado la salud, han realizado recortes presupuestarios en todo ámbito social y hoy a nivel mundial, tienen una política consciente de privilegiar las ganancias por sobre la vida.
Hemos planteado en diversos artículos, opiniones, llamados y declaraciones que los trabajadores no podemos seguir confiando en la burguesía y sus partidos, tenemos la necesidad de enfrentar la cesantía, el hambre, la represión en forma organizada, no bastan las buenas intenciones no las encuestas, ni las campañas por redes sociales, Tampoco debemos dejar de organizarnos porque el gobierno «entrega» una caja de alimentos, ya que el único objetivo de esa, es por un lado acallar la protesta y desorganizar al movimiento popular y por el otro, entregar a un sector de la burguesía millonarios contratos con productos de primera necesidad con sobre precio.
Todo aquel dirigente social, sindical que pone su trabajo al servicio de las «entrega de cajas», está haciendo el trabajo sucio del gobierno y la burguesía, esto es, desmovilizar, ponerse a la cola para ser considerado en las próximas elecciones, en palabras simples es ser cómplice de la desmovilización social.
Hacemos un llamado a la organización independiente del gobierno de turno, de los patrones, los partidos tradicionales, las ONG, las iglesias, hay que hacer efectiva la consigna «solo el pueblo,  ayuda al pueblo» lo demás es ayudar a que nos sigan asesinando.
Repudiar públicamente la militarización y la criminalización de la protesta social.
El gobierno, la burguesía y el parlamento son responsables de la crisis económicas y la crisis social, que ha puesto al desnudo en su más cruda realidad la situación precaria de millones de seres humanos, la pandemia del coranavirus no trajo la «pandemia de la cesantía y la recesión», esto es parte del capitalismo.
Por lo anterior es que nuestra propuesta es construir un partido revolucionario, la lucha por el socialismo, sacar del gobierno a la burguesía y sus partidos.
Esto se expresa en:
Fuera Piñera, su gobierno, el parlamento y los patrones.
Trabajadores al poder.
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